Mi nuevo libro

Mi nuevo libro
Puedes pedirlo al WhatsApp +51 987774365

viernes, 10 de julio de 2015

Los peces

- Me interesa bastante la vida en el mar, no muchos saben que me apasionan los tiburones y siento bastante curiosidad e interés en las distintas especies de habitan en las profundidades de los océanos.
Mi eterno favorito es el Megalodon, tiburón prehistórico que vivió hace millones de años, en segundo plano me interesan las otras especies, de ser gigantes y prehistóricas, mejor.
Acostumbro a deambular en Youtube observando distintos documentales, en Google buscando información e imágenes y demás, todo acerca de la increíble vida de los seres acuáticos.
Comento uno de mis pasatiempos previo al relato que voy a contar.
Caminábamos por la acera de una avenida rumbo a un centro comercial cercano a mi casa cuando nos detuvimos un instante a observar en la vitrina de una veterinaria. Mira Bryan, que bonitos, dijo mi novia muy emocionada. Si, están chéveres, respondí contagiado por su entusiasmo. Propuso entrar y lo hicimos inmediatamente. Dentro vimos una gran cantidad de variedad de peces, cangrejos pequeños y hasta arañitas acuáticas. El empleado se nos acercó al vernos interesados; aunque más bien éramos curiosos. Preguntó: ¿Alguno en particular? Estábamos de paso y nos quedamos mirando, respondió mi flaca con una sonrisa, el señor muy amable empezó a explicarle sobre las especies que tenía, yo estaba a su lado escuchando lo que informaba y por ratos contemplaba los otros peces víctima de una gran curiosidad.
No quisimos salir de la tienda; pero tuvimos que hacerlo y continuar nuestro trayecto rumbo al centro comercial. Ya no hablábamos acerca de temas futboleros, películas, futuros viajes ni amores de nuestros amigos, ahora el tema eran los peces en las vitrinas y la posibilidad de tenerlos.
Muchas veces pensamos en un montón de cosas que queremos tener o realizar y a veces las dejamos pasar, porque si nada más. Sin embargo, mientras comprábamos algunas cosas en el centro, pensábamos en los peces e ideábamos la manera de tenerlos.
Claro que eran pensamientos únicos, todavía no nos animábamos a expresarlo; aunque intuíamos que estábamos seguros que aceptaríamos. Es curioso, a veces pienso que nuestras mentes están conectadas.
Amor, ¿Y si tenemos peces y los cuidamos en tu casa?, Preciosa, ¿Y si compramos los peces y los cuidamos en tu casa? fueron las preguntas. Que quien lo dijo primero se hace irrelevante. Lo siguiente que ocurrió fue que sonreímos y reímos. Un instante después, regresamos entusiasmados a la tienda y es singular como cuando estas emocionado el camino se hace rápido.
El señor todavía se hallaba en el lugar y le comentamos cuales serían los peces con los que podríamos empezar.
Comenzó por explicarnos un centenar de cosas, entre ellas, los cuidados, las comidas y el mantenimiento de la pecera, al final, los peces que elegiríamos deberían tener el mismo cuidado. No obstante, ¿Qué tamaño de pecera van a querer tener? Fue la pregunta del tipo que no nos habíamos realizado, lo que ocasionó nuestra risa y luego una mirada que señalaba, ¿Qué decidimos? La primera decisión había sido tenerlos, la segunda en su casa y la tercera sería, ¿Cuántos? Como andábamos afanados con el tema de tenerlos y a mí me encantan los peces, resolvimos escoger varios. Cada uno escogería un par y recorrimos el lugar para hallar alguno a nuestro gusto o tal vez por intuición o de repente por el valor (no sabía que costaban tanto algunos peces). Al final decidimos comprar una pecera -se podría decir, grande- y varios peces de distintos colores, bonitos y divertidos todos. Inclusive, también adoptamos un par de cangrejos bebes y unos caracoles.
Tuve que detener un taxi para llevarnos a todos los peces a su casa, lógicamente, con el debido cuidado. Al llegar armamos la pecera de la mejor manera posible y los dejamos en su nuevo lugar. Obviamente le sacamos algunas fotos (para el Facebook) y nos dimos cuenta que a diferencia de otras mascotas, los peces solo se quedan ahí.
Con el tiempo se fueron muriendo algunos lo que ocasionó tristeza, el señor nos indicó que solían vivir poco; pero naturalmente fueron reemplazados por otros.
Los peces incrementaron en número y puedo afirmar que tenemos más de los que teníamos al inicio. Viven de las mil maravillas en la pecera, recibiendo sus respectivas raciones de comida y compartiendo hogar con caracoles y cangrejos pequeños.
Curiosamente ninguno tiene nombre, los llamamos por el color que reflejan.
Definitivamente, me encantan los peces.

Fin

lunes, 6 de julio de 2015

El título de la obra

- Voy a Ripley de Miraflores a curiosear y de repente (Solo de repente) adquirir algo, dicho esto mi novia puede estar tranquila, porque a veces me dice: ¡Eres un comprador compulsivo! Bueno, saliendo del probador me encuentro con una chica, quien me queda mirando y se acerca. 
¿Eres el chico del libro sobre la noche y la musa? Sonrío. Es "Una noche, una musa y un teclado".
Sí, sí. Mi amiga lo compró y me lo prestó y cuando te vi, te reconocí. Es un libro muy bonito.
Agradecí y charlamos un corto tiempo.
De regreso me puse a pensar con humor acerca de las veces que confunden o se olvidan del nombre. Es gracioso, si dijera todas las variantes que le han hecho reirían como lo hago ahora.
El título de la obra nació cuando al terminar los textos que llevaría pensé en lo que necesité para escribirlos llegando a la conclusión que necesito de una noche, una musa y un teclado.
Anótenlo en un papelito, muestren la foto o cambien el nombre hasta llegar a recordarlo pero vayan a comprarlo y sientan lo que verdaderamente importa, la esencia en sus páginas.
En fin, agradezco a quienes lo tienen y disfrutan.





sábado, 4 de julio de 2015

Te amo Perú

- Me considero hincha del Real Madrid; no lo soy de ningún otro equipo, mucho menos nacionales. Mayormente veo fútbol internacional y distintas copas.
Soy hincha acérrimo de mi selección; aunque sea verdad que hace muchos años que no vamos a un mundial, también es cierto que no competimos con la elite desde hace varios años y eso no quiere decir que no la apoye, porque siempre estoy pendiente de todo, más cuando empiezan las eliminatorias y la Copa América. Aliento siempre y nunca pierdo la esperanza, a pesar que tantas veces me arruinan las ilusiones y destrozan los sueños. Yo sigo alentando porque es algo que nace constantemente y se incrementa cuando dichas competiciones inician. Es algo natural que explota en mí ser, es una pasión indescriptible la que me hace vibrar de emoción cada vez que anotan un gol. He logrado vivir buenas épocas, también muchas otras negativas; pero enfocado en lo bueno, he visto 2 terceros puestos en Copa América y ahora que vamos mucho mejor que antes, siento y creo que iremos a esa ansiada copa del mundo. De hecho, es algo que recién va a comenzar; pero tengo la fe y la fortaleza que vamos a lograrlo.
Culminada esta copa he rescatado buenas razones para lograr el objetivo y tengo fe en la nueva cantera y confianza en los experimentados.
Yo soy una persona pasional, mucho más cuando se trata del deporte rey y cuando juega mi Perú.
Ando feliz por el resultado obtenido a esta Copa América, orgulloso y aunque no satisfecho, de lo realizado hasta el momento. Se viene un camino mucho peor rumbo a Rusia 2018 y la esperanza renovada junto a una fe sólida me conduce a creer que esta vez sí iremos a la cita mundialista.
Voy a apoyar siempre mi selección y no cabe duda que conmigo toda la vida van a tener un loco hincha del Perú.
Estoy seguro que cuando llegue ese momento voy a volver a leer este post y sonreiré de felicidad.


jueves, 2 de julio de 2015

Se lo hago saber siempre

- Sabes que lo siento por ti es demasiado grande como para poder describirlo con palabras, tienes en cuenta que llevo tiempo expresándote lo que me haces sentir y es posible que jamás logre hacértelo entender en toda su magnitud; sin embargo, tengo una vida para dártelo constantemente. Ese amor puro y sincero que hoy revienta y estalla para ti, porque lo creas y lo alimentas, se hace innato tenerlo en el corazón y se dirige hacia a ti, no encuentra otra dirección que no sea tu ubicación. No puedo ni podría amar a alguien más que no fueras tú, tampoco deseo compartir mi vida con alguien que no lleve tu nombre, mucho menos aventurarme a relaciones efímeras, porque lo que deseo, quiero y contemplo es tenerte a ti por siempre. Te amo demasiado, mi vida.

¿Y por qué yo no?

- Curioseando por el Twitter me encontré con la página de un reconocido escritor y empecé a observar sus Tweets.
Enseguida quise mirar sus fotos. Lo sorprendente fue que su último libro -publicado, si bien no me equivoco hace menos de un año- ya era un éxito mundial.
En su página había una aglomeración importante de lectores que se habían sacado un Selfie con el libro, lo curioso y llamativo es que el título del libro se encontraba en un idioma distinto en cada foto.
Relacioné el español, portugués, francés, italiano casi con facilidad pero los demás idiomas me dejaron anonadado. Griego, árabe, etc.
Lejos de sentir envidia porque no soy capaz de sentirla, sentí una fuerte motivación, pensé: ¿Y por qué yo no? De hecho que tendría que trabajar duro para ello, no basta con un posible talento, sino grandes convicciones.
Imaginé por un instante lo feliz que sería si aquello sucedería e inicié la escritura que había dejado pendiente hace unos minutos y mientras escribía pensaba -ya va a llegar mi momento- y eso me alentaba.
Amo lo que hago y soy feliz viviendo realizándolo.
                                                                                                                                            

El tiempo es cruel

- Un día despiertas y te reincorporas enseguida para salir a jugar pelota con los amigos. Una muchedumbre de peloteros se encuentran en la canchita, todos conversan de la fiesta de ayer, de los tragos, de las chicas, de las estupideces y de la chacota, todo entre sonrisas y carcajadas.
Se inicia el triangular a dos goles o diez minutos por partido, un sol por cabeza de apuesta y quien haga ocho puntos se lo lleva todo; pero todos sabemos que eso no interesa, porque importa la gloria.
Por la noche, luego de su respectiva ducha, nos reencontramos -siempre en mi casa- y empezamos la reunión o nos vamos a alguna fiesta. Se crean las historias, "Los demonios y yo", aparecen en escena.
El tiempo no es misericordioso, avanza y no puedes detenerlo.
Te levantas a las tres de la tarde después de haber bebido y bailado toda la noche, miras el techo de la habitación y enseguida sientes un terrible dolor de cabeza azotar tu ser. No quieres salir de tu cuarto para nada; aunque bajas para almorzar.
Llega la hora del fútbol y preguntas por los peloteros. Algunos ya se mudaron, otros se casaron y la mayoría dedica tiempo a su hijo.
No sabes que te deprime más, que el fútbol de los sábados por la tarde este caducando o no seas niño para que puedas jugar con los tigrillos que ahora ocupan la cancha. De igual modo ambas situaciones son jodidas.
Por la noche, esos amigos a quienes llamabas demonios, ahora cenan con su pareja en velitas encendidas, te dicen que no pueden beber porque trabajan al día siguiente por la mañana y empiezas a andar con sujetos menores que tú o reclutando nuevos demonios que jamás llegarán a ser como ellos.
Sabes que llega tu turno de sentar cabeza, de dejar de beber tanto y colgar los chimpunes. 


El tiempo es cruel... 

Fin

miércoles, 1 de julio de 2015

La noche de graduación

—Mañana no habrá clase la ultima hora— comentó Jeff mientras recorríamos la avenida Caminos del inca—.
—¿Por qué? — pregunté ligeramente emocionado—, —¿Qué, no sabes? Vamos a realizar el ensayo de la graduación—.
—¿En serio? No estaba enterado; pero que chévere que no tengamos clase— respondí entusiasmado— y continuamos caminando hasta llegar a La Bolichera donde cada uno abordó su respectivo bus.
No asistí al día siguiente. No quiere decir que me haya quedado echado sobre la cama soñando con angelitos, tuve que despertarme a las siete, esperar que llegase la movilidad (que solo me llevaba) e irme por otro camino que no fuese la entrada al colegio.
Caminé algunas cuadras y me detuve en un desolado parque, abrí mi mochila y saqué un libro. Leía acerca de los Hare Krishna. Curiosamente el primer libro que leí sobre el tema me lo regaló Dulce María, más dulce que María (El 14 de Febrero del 2002).
La graduación se realizaría el sábado. No les había comentado absolutamente nada a mis viejos porque tenía planeado no ir y tampoco quisiera que se enteraran; sin embargo, la mala fortuna me sonreía. La tutora, quien intuía mi plan le contó a mi vieja acerca de la ceremonia, un día antes de realizarse. Justamente la mañana en que entregaban libretas y mi Mamá debía de ir a la oficina sin disfraz de Papa Noel; pero si con regalos (generalmente para los docentes de Química, Física y Matemática). Admito que nunca, a pesar que por momentos demostraba interés, llegué a entender esos cursos. No obstante, mágicamente, me aprobaron y por ende, podía graduarme y zafar para siempre del maldito -y ahora entrañable- tiempo de colegio.
—Te aprobaron y el sábado te gradúas— dijo mi Madre ni orgullosa, ni contenta, solo serena—.         —¡Que chévere! — dije sonriendo— porque anduve algo preocupado por el tema de las notas, siempre uno se pone las pilas a última hora; pero confiaba en mi vieja. Ella me salvó el pescuezo todos años de escuela.
Mi viejo tenia cierto conocimiento acerca de mi bajo rendimiento, los primeros años estuvo muy preocupado, el tema de matricularme en cursos de verano (obligatorios para aprobar las materias) le ocasionaba un gasto y el estresante hecho de tener que llevarme al colegio todas las mañanas de Enero. En aquel último año no se preocupó mucho, sabía que de todas maneras saldría con certificado de secundaria.
El sábado llegó. Por la mañana estuve jugando pelota con los amigos de siempre, en ese entonces nos vacilaba jugar los viernes por la noche y los sábados por la mañana. Ahora que lo recuerdo, debíamos de tener un físico tremendo.
Pasada la hora del almuerzo me dediqué a jugar en mi consola de Super Nintendo, volví a derrotar a los ocho Koopas de Súper Mario Bross y dediqué el resto del tiempo a deambular por el MSN.
Me encontré con Karolina, una chica con quien andaba saliendo y durante la charla salió el hecho de vernos más tarde. El tiempo que chateamos olvidé por completo el tema de la graduación, uno se solía olvidar de todo cuando se enfocaba en las conversaciones de MSN. Resolvimos vernos a las siete de la noche en el Cine Benavides (obviamente no íbamos a entrar a ver una película, solo era el punto de encuentro).
Mis padres estaban distraídos viendo televisión cuando salí de casa. Todo fue tan natural, pedir dinero, decir que iba a salir un rato y rosear por todo el cuerpo el perfume que se hallaba sobre el mueble.
Treinta minutos después bajé en el cine y vi a Karolina mirando hacia todos lados, llevaba una cartera, zapatos de tacón (no entendía el motivo) y casaca de jeans para darle una buena combinación al resto de su atuendo.
—Hola, que milagro que vienes puntual— me dijo sonriendo—. Ella siempre sonreía, creo que le daba risa verme o de repente mi forma tan fresca de ser.
—Es que no quise que esperaras como la vez anterior— respondí— y nos saludamos con un beso en la mejilla.
—¿Adónde vamos— quiso saber—, —Pues, por ahí a pasar el rato— le dije— y comenzamos a andar. Siempre me gustó caminar.
Llegamos a un parque cercano a la avenida Caminos del Inca y nos quedamos sentados en una banca para conversar de todo un poco. Con ella se podía hablar de todo, eso me agradaba. Sin embargo, en medio de una interesante charla sonó mi celular.
¡Era mi viejo quien me estaba llamando! Y lógicamente no quise contestar; pero Karolina, al ver que obviaba la llamada, empezó a cuestionarse. A veces suele pasar que estas saliendo con alguien, recibes una llamada que no puedes responder y esa persona comienza a dudar y se pregunta, ¿Quién llama que no quiere contestar? Lo gracioso es que no podía decirle la verdad porque me diría, seguramente en un ataque de moral, que vaya a la graduación y era lo que menos deseaba en ese entonces. Por otra parte, el celular no paraba de vibrar, sonar, y para colmo el sonido era irritante (No como ahora que puedes elegir una canción estupenda).
—¡Contesta de una vez! — dijo ella cuando intenté seguir la charla ignorando la llamada—. No estaba seguro si me lo dijo por saber quién era o por dejar de escuchar el ringtone maldito. La cuestión es que respondí la llamada.
—¿Dónde estás? — fue lo primero que escuché—, —Estoy en Surco con una amiga—. Karolina cambió de rostro. —Sí, en un rato voy a la casa—. Ella seguía molesta, su rostro lo evidenciaba con facilidad.
—Por si acaso es mi viejo, eh—. Continuaba enojada, esta vez mirando hacia el frente como quien piensa que decir al terminar la llamada.
—Karo, es mi Papá, eh— le dije tapando un auricular— y mi viejo que me seguía preguntando: ¿A qué hora vienes? Es la graduación del colegio y tienes que ir.
—No voy a ir, estoy haciendo otras cosas—, —Es mi viejo, te estoy diciendo— le dije porque la vi muy seria—, —A ver, demuéstralo— dijo con una voz fastidiada— y entonces le puse altavoz y pudo escuchar algunos de los gritos que me propinaban.
—Pero, ¿No vas a ir a tu ceremonia? Tienes que ir, es importante. No puedes faltar, han ensayado para eso—.
—¿Ves? —, —Si; pero de qué ceremonia habla. ¿Es importante?—.
—Viejo, no voy a ir. Más tarde voy a la casa— le dije— y se terminó la llamada.
Karo era muy curiosa, por eso tuve que contarle todo y en lugar de obligarme a asistir se le ocurrió decirme: Si que eres recontra fresco, te gusta hacer lo que quieres. Y era verdad, en aquellos tiempos me agradaba poder realizar lo que se me antojara.
Lo siguiente que hicimos fue abordar un taxi e ir a Larcomar mientras que mis compañeros de colegio se reunían en la graduación.
Lo gracioso fue que al llegar a casa mi vieja me dijo: Toma tu anuario.

Fin