- Si la bondad tuviera nombre, tendría el tuyo; y sé que siempre hablas de la actitud contraria; pero a la vez entiendes que estoy hecho de otra materia, una que, disfruta de las bondades. Entonces, tal cual, somos a la medida.
Y no solo como encajan los cuerpos, sino como las almas se funden, y si pretendo ser más profundo, diría que también se unen los latidos, y si quiero proyectarme en la realidad, confieso que, incluso las realidades se amoldan, ¿comprendes cómo es que la verdad nos protege? Así nos acercamos al destino a pesar que el destino seamos nosotros a diario y de noche, a pesar que el destino sea el instante en que vivimos y sentimos, que, podemos estar eternamente enamorados, ¿lo asimilas? La eternidad en amor, el infinito en pasión, las manos unidas, las pieles mezcladas y los corazones frenéticos, ¿es que acaso tanto amor puede ser real? Sonríe, es una verdad; y tú la creas, la inventas y la recreas; por tu bondad, por tu causa, por tu ser, incluso, por tu aroma, aunque sea nuevo; pero yo también hablo del aroma de tu aura.
Y sí, puedo reconocerlo, puedo saberlo, puedo entenderlo y puedo describirlo aunque la palabra describir sea un limitante; pero estoy hecho de palabras, y quiero que sepas que, no todas son reales, pues únicamente las que son para ti (como estas) las sientes como golpes suaves en el corazón, hierven en tu alma, son la candela en tu interior, el galope de un amor que remueve tus interiores y se inventan sonrisas, se crean suspiros y se proyectan las ilusiones más sublimes; por eso, estas palabras son tangibles y contundentes a pesar que suenan bonitas y amorosas, es que el amor más grande se expresa de dos enormes formas, en palabras y en acciones, y yo adoro que ambas sean equitativas porque soy escritor y porque soy inventor, y puedo un día llevarte las flores del jardín celestial y otras veces hablarte de un amor salido de una mente enamorada. Pues, si no fuera por tu bondad, yo no podría estar tan enamorado de ti, y si no fuera por tu sonrisa, yo no podría estar estirando risas, y si no fuera por tu cuerpo, yo no estaría obsesionado (puedes reír) y si no fuera por tu corazón, yo no te habría amado, y si no fuera por ti, en existencia, no me imagino coincidiendo con otra persona.
No, no puedo –ni podría- fijar mi vista, el iris, en alguien que no tenga tu cabello suelto que me encanta y excita; no, no puedo entregarme a alguien que no tenga tu cuerpo, porque lo amo y lo atesoro, y enloquezco de tenerte. No, no puedo amar a alguien que no seas tú, porque en ti, -y voy a pecar de cursi- encuentro todos los matices que yo necesito, es como una búsqueda, amor; una búsqueda que acaba en ti, en tu alma y tu corazón fundiéndose con los míos, ¿lo entiendes? Es cuestión de destino, de entender que estamos benditamente condenados a amarnos por siempre; y gracias a tus detalles, a la composición de tus alimentos tan divertidos como ricos, a tu risa espontánea y tus preguntas curiosas, a tu sonrisa y risa, a tu mirada tierna y a tus formas de decir o preguntar, a tus ideas particulares y a los kilómetros que entramos en sintonía, a ir muy arriba o circundar otras líneas, a estar rozando las nubes o atajar brisas en neblina, a las madrugadas y a las noches, a las albas y al hecho de ganarle día, es toda tu causa, tu don y, ¿sabes? Tu virtud, porque puedo entender que si hemos llegado aquí y estamos tan enamorados como lo sentimos y soy vital como lo dices, es porque todo ha jugado en pro de este suceso, y sí, incluso dioses, caminos y etc. nos llevan mágicamente aquí.
Es por ti, por tu bondad, tus milagros, tu gracia y tus afectos, porque el destino, yo, la vida y los sueños son una realidad, una inmortalidad y un placer de poder sentir con el aire de un amor puro y sano que nos rodea.
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