- Un día me van a llamar y decir, ¿sabes? Ella ya no está.
Y en ese momento no voy a saber qué sucedió. Tampoco bastarán mis berrinches coléricos ante dioses creadores.
Mis ideas fantásticas sobre dimensiones y mis delirios imaginarios sobre portales de tiempo no servirán. Le diré a adiós a la literatura, aunque siempre vuelva. Pensaré en no estar, en no hallarle un sentido, en odiarla por egoísta, en creer que pude hacer algo, lastimar mi persona con ideas absurdas, que debí estar, que debí ir, que debí llamarla, que debí decirle algo más; pero nada la va a traer.
Inevitablemente el tiempo va a pasar, yo seré otra persona, creceré y maduraré, tendré esto y el otro, ¿me volveré a enamorar? Quizá, tal vez y contaré mi historia a cuenta gotas y le voy a decir que estuve enamorado de alguien y no voy a terminar el relato y es posible que nunca sepa el fin y existe una gran opción de no saber qué hacer cuando el asunto amoroso siga un rumbo loable y hasta podría decirse que natural y seguramente lo cuestione y vuelvan mis miedos y dudas y piensa que volverá a suceder y cometa errores por temores y no sepa o no quiera enamorarme de lleno y le pida perdón en silencio por eso, por no poder amarla como lo hace conmigo y no pueda entender ni explicar mis terrores y quiera volver a ese tiempo de antaño; pero adore el actual y deba aceptar su partida y vivir el hoy aunque algo dentro me lo impida. Tendré confusiones y espero sacármelas de encima para amar, de nuevo, otra vez, quizá y tal vez, mejor o peor, que antes, que se yo. Amar al fin. Darme una oportunidad.
Pero para que nada de lo que descrito ocurra, pero que nada de lo que escribo viva, pero para que nada de lo que siento pase, quiero que entiendas que tu vida no te pertenece, que los problemas, se resuelven, que los amores grandiosos existen, que estamos aquí por razones que de repente no entendemos y lograremos asimilar como destino fabuloso y si entonces, a mí y a ti, nos ha tocado juntarnos, no es para que hagamos un desastre, sino para que salgamos adelante y avancemos con todo el poder de nuestro amor hasta el infinito.
Sujeta mi mano y sigamos juntos.
Ya no quiero temer, quiero amar hasta el fin.
Fin
Mi nuevo libro

Puedes pedirlo al WhatsApp +51 987774365
lunes, 16 de julio de 2018
sábado, 14 de julio de 2018
Cambiar el celular
- Hoy fui a la estación de celulares para hacer una renovación. Luego de una cola impresionante que pude lidiar gracias a la distracción de las redes sociales, me vi envuelto en una situación.
El nuevo equipo, de alta gama, miles de aplicaciones interesantes, una cámara impresionante, almacenamiento infinito y una seria de opciones para video llamadas y saldo eterno, que únicamente pienso usar para WhatsApp, Instagram y Facebook (porque no manejo mucho Twitter) no llevaba consigo el conjunto de fotografías que tiene mi chic. Tan solo las imágenes de la memoria externa, en tanto, le dije a la señorita vestida de negro que me ayudara, ella accedió diciendo que pasaría los datos de celular a celular con una táctica a lo Bill Gates, para ser honesto, no entendí un carajo, tan solo asentía con la cabeza y sonreía, curiosamente, ella también sonreía y se acercaba mucho, tal vez porque es parte de su laburo, el explicar paso a paso el fucking procedimiento como si este hombre de letras comprendiera. Pero soy hábil haciéndome pasar por diferentes actitudes.
Esperé a que lo hiciera con la pregunta, ¿Y qué pasa si revisa mis fotos privadas? De hecho, uno tiene cositas que no muestra, algunas fotografías en la ducha, otras frente al espejo mostrando las intimidades, luciendo como Dios lo trajo al mundo y demás; pero trataba de lucir calmado, por eso le dije: Señorita, por si acaso solo quiero mis contactos, las fotos las tengo en mi computadora. Ella respondió: Caballero, las fotos y todo lo demás, lo estoy pasando. No se preocupe. De hecho, tiene una impresionante cantidad de contactos.
Sonreí en ese momento.
Admito que estuve algo preocupado; pero me di cuenta que si alguna vez mis fotos desnudo salen a la luz podré saber quien fue y a quien demandar.
Ha sido una mañana tediosa, es un asunto jodido ir a hacer esta clase de cambios, es que me dijeron: Cambia tu celular por un Iphone por un plan 69.
Y se hizo inevitable no acceder ya que ese es mi par favorito. Ah que no sabes a que me refiero.
Fin
El nuevo equipo, de alta gama, miles de aplicaciones interesantes, una cámara impresionante, almacenamiento infinito y una seria de opciones para video llamadas y saldo eterno, que únicamente pienso usar para WhatsApp, Instagram y Facebook (porque no manejo mucho Twitter) no llevaba consigo el conjunto de fotografías que tiene mi chic. Tan solo las imágenes de la memoria externa, en tanto, le dije a la señorita vestida de negro que me ayudara, ella accedió diciendo que pasaría los datos de celular a celular con una táctica a lo Bill Gates, para ser honesto, no entendí un carajo, tan solo asentía con la cabeza y sonreía, curiosamente, ella también sonreía y se acercaba mucho, tal vez porque es parte de su laburo, el explicar paso a paso el fucking procedimiento como si este hombre de letras comprendiera. Pero soy hábil haciéndome pasar por diferentes actitudes.
Esperé a que lo hiciera con la pregunta, ¿Y qué pasa si revisa mis fotos privadas? De hecho, uno tiene cositas que no muestra, algunas fotografías en la ducha, otras frente al espejo mostrando las intimidades, luciendo como Dios lo trajo al mundo y demás; pero trataba de lucir calmado, por eso le dije: Señorita, por si acaso solo quiero mis contactos, las fotos las tengo en mi computadora. Ella respondió: Caballero, las fotos y todo lo demás, lo estoy pasando. No se preocupe. De hecho, tiene una impresionante cantidad de contactos.
Sonreí en ese momento.
Admito que estuve algo preocupado; pero me di cuenta que si alguna vez mis fotos desnudo salen a la luz podré saber quien fue y a quien demandar.
Ha sido una mañana tediosa, es un asunto jodido ir a hacer esta clase de cambios, es que me dijeron: Cambia tu celular por un Iphone por un plan 69.
Y se hizo inevitable no acceder ya que ese es mi par favorito. Ah que no sabes a que me refiero.
Fin
lunes, 9 de julio de 2018
El asunto de escribir
- Tres semanas sin avanzar el nuevo libro, ¡Al fin ha llegado el momento de teclear las vírgenes ideas! Pienso emocionado mientras coloco el café sobre el escritorio, preparo los dedos y abro la hoja en blanco.
En ese momento, alguien toca la puerta.
Bryan, en una hora viene tu hermano de su viaje a la Antártida e iremos a comer alitas picantes donde el mexicano de Chorrillos.
Listo, respondo con frescura.
Froto las manos y me preparo. Leo un poco los últimos párrafos para devolver mi alma a la historia.
Entonces, seguimos de este modo, pienso.
Bry, han venido a buscarte unas chicas para que les firmes sus ejemplares, dice la muchacha que suele desarrollar los quehaceres de la casa.
Salgo de la habitación en dirección a la ventana, las veo emocionadas, les devuelvo la sonrisa y bajo. Saludo, firmo ejemplares, me saco selfies y charlo un rato sin coquetear. Es una ley primordial nunca mantener una relación íntima con una lectora.
(Lo digo en serio, no es broma).
De nuevo en mi escritorio, sintonizo una melodía instrumental y trato de escribir.
Bra, lamento molestarte; pero necesito que me prestes dinero, dice mi otro hermano tocando la puerta dos veces por palabra. Es que el banco está lleno, es fin de mes, todos están cobrando.
Brother, sabes que nunca manejo sencillo, le digo con calma.
He visto un billete grueso en tu billetera, dice con voz timorata.
Entiende, voy a salir con una chica y puede que me ponga al día de una vez, dice con voz emocionada.
¡Maldita sea! Se supone que ese dinero era para comprar los libros que tengo en mente, pienso. Abro la puerta y le doy para que no siga interrumpiendo.
De vuelta en la literatura, pienso en las ideas que se han ido por esas idas y venidas de hace poco, las recupero y las traslado a la hoja.
El tiempo de escribir es corto, otra vez alguien me interrumpe y esta vez por celular.
Bryan, por favor, ¿me puedes enviar ‘Una noche, una musa y un teclado’ en PDF? Escriben cientos de personas.
Atiendo a todos por igual, en ese preciso momento y con la amabilidad que me caracteriza. Enseguida presiono mute y sigo con la escritura.
Al rato, veo el celular prenderse, un hombre llamando, editor llamando, editor llamando de nuevo y otra vez y otra vez.
Hola mi queridísimo editor, le digo con exagerada emoción.
Bryan Barreto, ¿Cómo va el nuevo proyecto?
Veo la hoja y pienso: Todavía falta mucho, tal vez, demasiado. Y eso que tengo que corregir.
Bien, bien, avanzando, de hecho, ya me falta poco.
Excelente. ¡Esas sí son buenas noticias! Dice entusiasta.
Ya pronto te mando el manuscrito.
Lo esperaré ansioso.
Ahora, ¿me dejas trabajar?
Pensaba decirte para salir y adelantar la celebración.
Son tres de la tarde de un martes, le digo.
Entonces, el sábado, responde.
Queda, le digo.
Ahora sí, a escribir, me digo luego de colgar. Siento una presión en la espalda como consecuencia de mis palabras al editor.
Avanzo a cabalidad, me siento inspirado, estoy modo Maradona llevándose a los ingleses o como un artista dibujando a su musa, no me detengo, la historia toma forma, el capítulo se termina, me gusta cómo va quedando, no voy a tener que realizar ediciones, va bien el párrafo, se desenvuelve de mejor manera, la fórmula secreta cobra vida, estoy haciendo un trabajo estupendo con los diálogos, fluye con naturalidad y romanticismo, genero emociones en mi interior, estoy satisfecho y cuando voy a culminar la escena, vuelven a tocar la puerta.
Pa’… ¿Vemos una película? Ya acabé de leer ‘El principito’ y mi mami acaba de salir con la abuela.
Dame un minuto, mi amor y vemos lo que gustes, le digo.
Voy prendiendo la tele y poniendo Netflix.
Me emociona que lo haga con tanta facilidad, es tan inteligente que me llena de alegría. Usa los controles mejor que yo, que a la justa sé cómo usar el WhatsApp.
Y ya, sin remedio y sin desear la cura, pienso: Voy enseguida, disfruto de la vida y vuelvo a esta dimensión.
Me coloco a su lado, sintoniza Frozen y empezamos a verla.
En ese momento, alguien toca la puerta.
Bryan, en una hora viene tu hermano de su viaje a la Antártida e iremos a comer alitas picantes donde el mexicano de Chorrillos.
Listo, respondo con frescura.
Froto las manos y me preparo. Leo un poco los últimos párrafos para devolver mi alma a la historia.
Entonces, seguimos de este modo, pienso.
Bry, han venido a buscarte unas chicas para que les firmes sus ejemplares, dice la muchacha que suele desarrollar los quehaceres de la casa.
Salgo de la habitación en dirección a la ventana, las veo emocionadas, les devuelvo la sonrisa y bajo. Saludo, firmo ejemplares, me saco selfies y charlo un rato sin coquetear. Es una ley primordial nunca mantener una relación íntima con una lectora.
(Lo digo en serio, no es broma).
De nuevo en mi escritorio, sintonizo una melodía instrumental y trato de escribir.
Bra, lamento molestarte; pero necesito que me prestes dinero, dice mi otro hermano tocando la puerta dos veces por palabra. Es que el banco está lleno, es fin de mes, todos están cobrando.
Brother, sabes que nunca manejo sencillo, le digo con calma.
He visto un billete grueso en tu billetera, dice con voz timorata.
Entiende, voy a salir con una chica y puede que me ponga al día de una vez, dice con voz emocionada.
¡Maldita sea! Se supone que ese dinero era para comprar los libros que tengo en mente, pienso. Abro la puerta y le doy para que no siga interrumpiendo.
De vuelta en la literatura, pienso en las ideas que se han ido por esas idas y venidas de hace poco, las recupero y las traslado a la hoja.
El tiempo de escribir es corto, otra vez alguien me interrumpe y esta vez por celular.
Bryan, por favor, ¿me puedes enviar ‘Una noche, una musa y un teclado’ en PDF? Escriben cientos de personas.
Atiendo a todos por igual, en ese preciso momento y con la amabilidad que me caracteriza. Enseguida presiono mute y sigo con la escritura.
Al rato, veo el celular prenderse, un hombre llamando, editor llamando, editor llamando de nuevo y otra vez y otra vez.
Hola mi queridísimo editor, le digo con exagerada emoción.
Bryan Barreto, ¿Cómo va el nuevo proyecto?
Veo la hoja y pienso: Todavía falta mucho, tal vez, demasiado. Y eso que tengo que corregir.
Bien, bien, avanzando, de hecho, ya me falta poco.
Excelente. ¡Esas sí son buenas noticias! Dice entusiasta.
Ya pronto te mando el manuscrito.
Lo esperaré ansioso.
Ahora, ¿me dejas trabajar?
Pensaba decirte para salir y adelantar la celebración.
Son tres de la tarde de un martes, le digo.
Entonces, el sábado, responde.
Queda, le digo.
Ahora sí, a escribir, me digo luego de colgar. Siento una presión en la espalda como consecuencia de mis palabras al editor.
Avanzo a cabalidad, me siento inspirado, estoy modo Maradona llevándose a los ingleses o como un artista dibujando a su musa, no me detengo, la historia toma forma, el capítulo se termina, me gusta cómo va quedando, no voy a tener que realizar ediciones, va bien el párrafo, se desenvuelve de mejor manera, la fórmula secreta cobra vida, estoy haciendo un trabajo estupendo con los diálogos, fluye con naturalidad y romanticismo, genero emociones en mi interior, estoy satisfecho y cuando voy a culminar la escena, vuelven a tocar la puerta.
Pa’… ¿Vemos una película? Ya acabé de leer ‘El principito’ y mi mami acaba de salir con la abuela.
Dame un minuto, mi amor y vemos lo que gustes, le digo.
Voy prendiendo la tele y poniendo Netflix.
Me emociona que lo haga con tanta facilidad, es tan inteligente que me llena de alegría. Usa los controles mejor que yo, que a la justa sé cómo usar el WhatsApp.
Y ya, sin remedio y sin desear la cura, pienso: Voy enseguida, disfruto de la vida y vuelvo a esta dimensión.
Me coloco a su lado, sintoniza Frozen y empezamos a verla.
sábado, 7 de julio de 2018
Cuando escriben mi nombre
- Una de las cosas que he aprendido a odiar es que escriban mal mi nombre. De hecho, no tengo un nombre ruso o japonés, es un nombrecillo simple y sencillo, sumamente rápido y hasta en algunos casos y todos divertidos, se presta para abreviaciones simpáticas; sin embargo, en la actualidad, más de una vez, alguien ha fomentado mi mal humor escribiendo: Brayan o Brayant.
En la escuela me enseñaron que los nombres propios se pueden escribir como uno quiera; pero durante el tiempo que vengo llevando cursos de todo tipo y acerca únicamente de letras he llegado a asimilar que hay una o dos formas elementales para escribirlos. No tengo tiempo para realizar una investigación profunda porque me distraigo en otros temas como viajes en el tiempo y otras dimensiones, monstruos prehistóricos y demonios mitológicos, etc. En sí, me compré una nueva tele y tengo el maldito Netflix. Ah, tengo novia, un empleo, una hija y una mascota. ¿Ya doy a entender que estoy ocupado? No obstante, lejos de ello, tengo ganas de contar una anécdota que he vuelto divertida con el paso de los días.
Fui a una de esas cafeterías donde ves a personas regadas en los muebles chateando en sus celulares, escribiendo guiones de películas en sus notebook o simplemente pasando el rato en una completa imagen de posería. Pedí el café de siempre, vi en mi celular algunas conversaciones y luego abrí Instagram, no para subir la siguiente foto, sino para pasar el rato, ese tiempo que tardan en servirme. Yo no estaba apurado; pero sí de mal humor porque había tenido una riña con un tipo en el tren que no quiso darle asiento a una embarazada, mi estado de cuenta había sobrepasado el mes anterior, mi editor me presionaba para un nuevo libro y había olvidado recoger un pastel de cumpleaños en la tienda. El plan era ir a la pastelería, responder la llamada del editor, dejar las redes sociales un rato y lidiar con los tipejos del tren viendo videos en Youtube sobre peleas de Dragon Ball; pero, la empleada, que a pesar de ser bonita y ganarse mi sonrisa, amable, por supuesto, -amor no me mates si lees esto, se que tienes superpoderes y usas tu látigo de la verdad; pero ten control- me dio la taza con el nombre escrito de forma espeluznante. Sentí rabia, ¿sabes? Yo me paso la vida escribiendo de forma -casi- correcta en el sentido ortográfico y sé que mi caligrafía es terrible; pero intento mejorar. También cuando doy charlas y firmo libros siempre les pregunto, ¿Cómo se escribe tu nombre? Para evitar hacer desastres. Para no escribirlo como escribieron mi nombre y hablando de nombres, con el paso del tiempo lo han ido mutando, cambiando, volviendo memes y haciéndome sentir algo insatisfecho, adoro los memes; pero algunos son demasiado cojudos y no causan gracia, de repente porque afectan en algo mi ego. Lejos de eso y volviendo al nombre en la taza, vi algo sumamente incorrecto, asqueroso, maltrecho y sentí que debía de decirle algo a pesar que la chica de ojos claros me mirase con cara de boba y yo imaginase que trabaja medio tiempo para pagarse estudios y es correcto y es valorable y es divino; pero a pesar de ver su foto con gorrita y delantal verde en un marco detrás en donde sale sonriente y linda y entusiasta, llegó a colmar que escriba mi nombre de ese modo y de repente no fue su intención, tal vez, la rapidez o el desorden del momento; no obstante, yo estaba malhumorado y aquello hizo que me detuviera un instante y pensara: Bien. Ya perdiste muchos amigos por corregir sus modos de hablar, ya terminaste con algunas chicas por ser muy celosas (esto no tiene nada que ver pero es divertido decirlo) y entonces pensé, debería tener tolerancia. Por eso, le dije: Amiga, se escribe de tal modo. Y ella me dijo: Los nombres se escriben de cualquier forma. Casi me da un infarto y eso que treinta y tantos años y hago el amor todas las noches y algunos días y hago deporte y practico natación y vuelvo a hacer el amor y tengo el cuerpo en el gimnasio y todo eso. Resolví mostrarle mi identificación sintiéndome del FBI, asintió con la cabeza, y yo sabía que estaba siendo jodido, de esos tipos que caen recontra mal, pero lo hacía para que entendiera y lo que hizo me causó una importante gracia, al punto de motivar lo que restaba de mi día y hacer la carga un tanto menos tediosa. Cogió la taza y corrigió el nombre. Fue genial.
En ese momento me sentí precursor de una causa importante, de que debes mostrarle el pack, digo, un carné para que la gente sepa cómo rayos se escribe tu nombre.
Todo empezó a mejorar, las cosas como arte de magia se resolvieron con facilidad y hasta mi chica quiso que la amarrase a la cama sin objeciones. ¿Ves? Todo lo que pasa cuando escriben bien tu nombre.
En la escuela me enseñaron que los nombres propios se pueden escribir como uno quiera; pero durante el tiempo que vengo llevando cursos de todo tipo y acerca únicamente de letras he llegado a asimilar que hay una o dos formas elementales para escribirlos. No tengo tiempo para realizar una investigación profunda porque me distraigo en otros temas como viajes en el tiempo y otras dimensiones, monstruos prehistóricos y demonios mitológicos, etc. En sí, me compré una nueva tele y tengo el maldito Netflix. Ah, tengo novia, un empleo, una hija y una mascota. ¿Ya doy a entender que estoy ocupado? No obstante, lejos de ello, tengo ganas de contar una anécdota que he vuelto divertida con el paso de los días.
Fui a una de esas cafeterías donde ves a personas regadas en los muebles chateando en sus celulares, escribiendo guiones de películas en sus notebook o simplemente pasando el rato en una completa imagen de posería. Pedí el café de siempre, vi en mi celular algunas conversaciones y luego abrí Instagram, no para subir la siguiente foto, sino para pasar el rato, ese tiempo que tardan en servirme. Yo no estaba apurado; pero sí de mal humor porque había tenido una riña con un tipo en el tren que no quiso darle asiento a una embarazada, mi estado de cuenta había sobrepasado el mes anterior, mi editor me presionaba para un nuevo libro y había olvidado recoger un pastel de cumpleaños en la tienda. El plan era ir a la pastelería, responder la llamada del editor, dejar las redes sociales un rato y lidiar con los tipejos del tren viendo videos en Youtube sobre peleas de Dragon Ball; pero, la empleada, que a pesar de ser bonita y ganarse mi sonrisa, amable, por supuesto, -amor no me mates si lees esto, se que tienes superpoderes y usas tu látigo de la verdad; pero ten control- me dio la taza con el nombre escrito de forma espeluznante. Sentí rabia, ¿sabes? Yo me paso la vida escribiendo de forma -casi- correcta en el sentido ortográfico y sé que mi caligrafía es terrible; pero intento mejorar. También cuando doy charlas y firmo libros siempre les pregunto, ¿Cómo se escribe tu nombre? Para evitar hacer desastres. Para no escribirlo como escribieron mi nombre y hablando de nombres, con el paso del tiempo lo han ido mutando, cambiando, volviendo memes y haciéndome sentir algo insatisfecho, adoro los memes; pero algunos son demasiado cojudos y no causan gracia, de repente porque afectan en algo mi ego. Lejos de eso y volviendo al nombre en la taza, vi algo sumamente incorrecto, asqueroso, maltrecho y sentí que debía de decirle algo a pesar que la chica de ojos claros me mirase con cara de boba y yo imaginase que trabaja medio tiempo para pagarse estudios y es correcto y es valorable y es divino; pero a pesar de ver su foto con gorrita y delantal verde en un marco detrás en donde sale sonriente y linda y entusiasta, llegó a colmar que escriba mi nombre de ese modo y de repente no fue su intención, tal vez, la rapidez o el desorden del momento; no obstante, yo estaba malhumorado y aquello hizo que me detuviera un instante y pensara: Bien. Ya perdiste muchos amigos por corregir sus modos de hablar, ya terminaste con algunas chicas por ser muy celosas (esto no tiene nada que ver pero es divertido decirlo) y entonces pensé, debería tener tolerancia. Por eso, le dije: Amiga, se escribe de tal modo. Y ella me dijo: Los nombres se escriben de cualquier forma. Casi me da un infarto y eso que treinta y tantos años y hago el amor todas las noches y algunos días y hago deporte y practico natación y vuelvo a hacer el amor y tengo el cuerpo en el gimnasio y todo eso. Resolví mostrarle mi identificación sintiéndome del FBI, asintió con la cabeza, y yo sabía que estaba siendo jodido, de esos tipos que caen recontra mal, pero lo hacía para que entendiera y lo que hizo me causó una importante gracia, al punto de motivar lo que restaba de mi día y hacer la carga un tanto menos tediosa. Cogió la taza y corrigió el nombre. Fue genial.
En ese momento me sentí precursor de una causa importante, de que debes mostrarle el pack, digo, un carné para que la gente sepa cómo rayos se escribe tu nombre.
Todo empezó a mejorar, las cosas como arte de magia se resolvieron con facilidad y hasta mi chica quiso que la amarrase a la cama sin objeciones. ¿Ves? Todo lo que pasa cuando escriben bien tu nombre.
martes, 3 de julio de 2018
De romanticismo
- Todo lo romántico que puedo llegar a ser, depende de ti.
De hecho, el romanticismo es una cuestión natural; pero se fomenta e incentiva con expresiones agradables.
Yo siempre digo: No me puedo acostar con alguien que no me atrae como persona.
Tampoco puedo ofrecerle un recital de un poema improvisado a alguien que me dice palabras soeces.
Yo te trato tal cual me tratas si es un tema amical o social, puedo ser divertido, bromista y hasta hacerte entrar en confianza si me ofreces lo mismo. En el ámbito amoroso, puedo ser muy romántico y tener detalles siempre y cuando sepa que demuestran lo que sienten. Nunca igual ni similar, a tu modo, como sepas hacerlo, como lo sientas, porque todas las expresiones son agradables, ya que el amor lo es.
No obstante, no puede nacer un palabreo bonito si me acabas de ofender o no podemos hacer el amor si no siento algo por ti o si me caes demasiado mal.
Yo manejo mi vida en emociones y sentimientos, no soy alguien robotizado, llevo y expreso mi sentir todo el rato de formas que conjuguen bien con lo que sientes, entonces todo llega a sumar.
Me ha pasado que algunas veces me preguntan, ¿Por qué dejaste de ser romántico y detallista? Y yo respondo: Date cuenta lo que haces. Es simple, causa - consecuencia.
No puedo expresar amor a alguien que no hace explotar lo mismo conmigo.
Y en el caso que sea mutuo y sencillo, entonces todo resulta fabuloso y avanzamos sin detenernos porque lo que busco es equilibrio, un romance lleno de placeres con estabilidad mental y emocional, con peleas y diferencias, obvio; pero que sabremos manejar y salir adelante.
Fin
De hecho, el romanticismo es una cuestión natural; pero se fomenta e incentiva con expresiones agradables.
Yo siempre digo: No me puedo acostar con alguien que no me atrae como persona.
Tampoco puedo ofrecerle un recital de un poema improvisado a alguien que me dice palabras soeces.
Yo te trato tal cual me tratas si es un tema amical o social, puedo ser divertido, bromista y hasta hacerte entrar en confianza si me ofreces lo mismo. En el ámbito amoroso, puedo ser muy romántico y tener detalles siempre y cuando sepa que demuestran lo que sienten. Nunca igual ni similar, a tu modo, como sepas hacerlo, como lo sientas, porque todas las expresiones son agradables, ya que el amor lo es.
No obstante, no puede nacer un palabreo bonito si me acabas de ofender o no podemos hacer el amor si no siento algo por ti o si me caes demasiado mal.
Yo manejo mi vida en emociones y sentimientos, no soy alguien robotizado, llevo y expreso mi sentir todo el rato de formas que conjuguen bien con lo que sientes, entonces todo llega a sumar.
Me ha pasado que algunas veces me preguntan, ¿Por qué dejaste de ser romántico y detallista? Y yo respondo: Date cuenta lo que haces. Es simple, causa - consecuencia.
No puedo expresar amor a alguien que no hace explotar lo mismo conmigo.
Y en el caso que sea mutuo y sencillo, entonces todo resulta fabuloso y avanzamos sin detenernos porque lo que busco es equilibrio, un romance lleno de placeres con estabilidad mental y emocional, con peleas y diferencias, obvio; pero que sabremos manejar y salir adelante.
Fin
lunes, 2 de julio de 2018
Un buen día de hace tanto
- Vi a un adolescente con buzo de Educación física y pelota en mano esperando cruzar la calle para ir al colegio con un entusiasmo extraño, que únicamente aparece los viernes a la última hora. A pesar de ser un día lluvioso, vi en su mirada la seguridad de que iban a jugar pelota, el tipo sabía que el sol se abría al mediodía y sus rayos secarían la cancha, imaginaba que en caso contrario, le daría una ayuda con sus compañeros barriendo la losa, haría todo lo posible por jugar y estaba convencido que anotaría un par de goles alucinando que esa cancha de pocos metros sería como el Bernabéu en un clásico.
Me recordó a alguien que perdí hace mucho, un hombre con los mismos sueños e idéntica actitud para el fútbol.
Era viernes por la mañana, mis primos y amigos cercanos ya se alistaban para la fiesta futbolera de los fines de semana, sabían todos que a eso de las cuatro y cuarenta la losa deportiva al frente de mi casa se presta para la epopeya futbolística.
Salían equipos de todos lados con nombres muy particulares y curiosos que nunca supieron que se llamaban así. Pues era yo quien le daba los nombres a los equipos, a veces por personajes de Dragon Ball u otras veces por asociación de rasgos físicos o simplemente porque era divertido y a la vez estúpido.
Después del almuerzo debía de recoger a mi novia de la academia. Ella salía a la una y media, nos veníamos solo los sábados; pero ese viernes fue la excepción puesto que había pasado treinta días sin vernos. Para mí era una completa joda, a dicha edad no puedes vivir siendo onanista a tiempo completo, ya es momento de despojar del cuerpo algunos deseos carnales y hacerlo cotidiano. Estaba fastidiado por ese motivo; pero a la vez emocionado y contento por poder salir a la cancha y mostrarles a todos mi nuevo tiro, el cual practiqué en el mar durante el verano pasado.
El hecho estaba en que debía de ver a mi chica y luego volver a la velocidad de Flash para jugar pelota.
La relación andaba a capa caída, ella se quejaba mucho de no poder vernos, yo en ese entonces entrenaba para un equipo local y algunas tardes no podía visitarla, por tal razón nos veíamos los sábados y tristemente, ella no podía algunos, puesto que en casa hacían almuerzos familiares y temas hogareños muy especiales.
Resulta entonces que la charla de la noche anterior había sido intensa y melancólica, prácticamente acordamos terminar el romance; pero luego nos dimos cuenta que podríamos darle una oportunidad. Por lo tanto, acordamos vernos el viernes a la salida de la academia. Se lo dije sin pensar en el fútbol, de hecho, al recordarlo, me dije: Bueno, una vez que no juegues, no hará daño. Pero al despertar y ver todo ese folklore futbolístico en el MSN y en mi casa, en las calles y en todos lados, era como si fuera inevitable no estar. Puede que sea un simple campeonato de varios partidos con una apuesta de 1 sol por cabeza; pero para nosotros era como jugar la Champions League, de hecho, yo era Raúl Gonzales.
Se me fue complicando la vida durante el almuerzo, yo no hablaba, solo pensaba en ¿Qué debo hacer? Mientras mis primos que siempre eran invitados los viernes planeaban con esmero el fútbol de la tarde.
Gabriela, mi enamorada, me llamó al teléfono fijo porque no tenía celular y mi tía me pasó la llamada con la frase: Bryan, te llama Gabriela, parece que hoy no juegas pelota; pero si mueves la cama.
Se me hizo demasiado gracioso escuchar esa frase.
Hola amor, le dije con seriedad natural.
Hola amor, te extraño. Ya quiero verte, mi bombón.
(Sí, así me llamaba, que vergüenza repetirlo; pero eran otros tiempos).
El segundo en que dudé, me delató.
¿No vas a poder? Amorsito, por favor, llevamos un mes sin vernos, yo comprendo que entrenas; pero entiende que quiero estar contigo. Te extraño tanto.
Ella era súper romántica, de hecho, mucho más que yo. En la actualidad había leído poesía de Bécquer y Neruda, a veces me relataba algunos poemas, era muy linda. La adoraba; pero, ¿ante el deporte rey? Era complicado decidir a pesar de tener el cuerpo caliente.
También sabía que de no aceptar podría perderla y uno no quiere pasar el invierno solo y triste frente a la computadora. Siempre es bueno tener a alguien con quien salir o estar abrazados en una cama.
Para incrementar la complejidad de mi decisión escuché un silbido familiar, era mi primo y vecino, compañero de equipo y socio en el ataque, acababa de llegar de la academia, apresurado y vivaz, salí por la ventana y le hice un gesto con la mano, me vio con el teléfono y dijo: A las cuatro y cuarenta te busco con Carlos Abat. El solo hecho de verlo sacrificar los otros cursos para venir temprano, imaginar a Carlos saliendo de su trabajo de modelo de radio para llegar a tiempo, me hizo pensar, ¿Por qué tengo que salir con ella si quiero pelotear? Era una decisión cruel, áspera; pero cierta. El fútbol en ese tiempo era una cuestión vital, vives para jugar y sueñas con jugar; pero entonces, Gabriela me dijo: Bryan, estoy enamorada de ti. Sé que no estamos bien; pero necesito que arreglemos, espero verte hoy. Llevamos siete meses juntos, podemos salir adelante. Depende de los dos, cariño.
Siempre he amado a las mujeres con actitud. Esas que te dicen: Vamos a arreglarlo. Hagamos el amor. Quiero estar bien contigo. Esa frase me atrajo por completo y llegó a mi corazón.
Le respondí: Esta bien, Gaby de mi vida, te veo a las tres.
Sigilosamente me di una ducha, vestí y perfumé para salir de casa con peluche en una bolsa de tienda por departamento que tenía guardado durante varias semanas.
Ahora suelo preguntarme, ¿Quién carajos regala peluches? ¡No sirven para nada! En ese presente resultaba tierno.
Nos encontramos en Barranco, el lugar de siempre, la biblioteca, una banca cercana, ella estaría vestida de la forma que acostumbra, blusa, suéter, jeans y botas, bonita, de hecho, sonriente, emocionada y tal vez, nerviosa, por el tiempo separados y eso. Yo andaba pendiente de la hora, de calcular los tiempos, llevaba mi short deportivo debajo del jeans y mi camiseta de fútbol metida en mi canguro. Era cuestión de hablar, ir a un hotel, hacer el amor, volver a charlar un poco, sentir que todo estaba solucionado y largarme de inmediato acordando verla pronto.
La vi y tuve una erección, en esos momentos no controlaba algunas situaciones y cuando nos besamos apasionadamente sin que importara el exterior, con esas ganas que llevábamos guardadas, me dieron ganas de apresurar la marcha, ir al hotel de siempre, encamarnos y ser felices; pero Gabriela quería conversar, me pidió tomar asiento, estaba seria después del beso, la vi preocupada, como pensando cómo empezar a argumentar, siempre he sido intuitivo, estoy un paso adelante de algunos.
Sé que te pican los pies por jugar; pero tenemos que hablar sobre lo nuestro, es de vital importancia.
Asentí con la cabeza con fastidio, como quien se da cuenta que la cuestión tardará horas.
En eso, ocurrió el milagro. Te propongo algo y espero te agrade: Vamos a tu casa, yo me quedo en tu habitación mientras vas a jugar o puedo ir a verte si gustas. Ya después o si hay tiempo antes, charlamos y acordamos lo nuestro.
Sonreí y le dije, ¿en serio? ¡Es una gran idea!
De inmediato abordamos un bus y volvimos a mi casa. Lo gracioso fue que todos se encontraban en los exteriores y fue de esas pocas veces en las que conocen a mi enamorada.
Se hizo algo extraño; pero fue divertido. Entramos a la habitación, hicimos el amor y empezamos a conversar. Yo hablo luego de liberar mi carga pasional, de lo contrario, no puedo, me nublo. Resolvimos vernos seguido, ella trataría de lidiar con algunos asuntos y yo pondría de mi parte para tener opciones de encuentros durante la semana. El pacto fue genial.
Salí a jugar al rato y la vi en la tribuna, el día pintaba para ser perfecto, hice algunos goles y ganamos, lo fue.
Y por la noche, ya pensando en la ducha, me di cuenta del rollo que me hice por nada y sonreí porque algunas veces la vida te genera problemas que son tan fáciles de resolver.
Fue un gran día, hace como doscientos años.
Me recordó a alguien que perdí hace mucho, un hombre con los mismos sueños e idéntica actitud para el fútbol.
Era viernes por la mañana, mis primos y amigos cercanos ya se alistaban para la fiesta futbolera de los fines de semana, sabían todos que a eso de las cuatro y cuarenta la losa deportiva al frente de mi casa se presta para la epopeya futbolística.
Salían equipos de todos lados con nombres muy particulares y curiosos que nunca supieron que se llamaban así. Pues era yo quien le daba los nombres a los equipos, a veces por personajes de Dragon Ball u otras veces por asociación de rasgos físicos o simplemente porque era divertido y a la vez estúpido.
Después del almuerzo debía de recoger a mi novia de la academia. Ella salía a la una y media, nos veníamos solo los sábados; pero ese viernes fue la excepción puesto que había pasado treinta días sin vernos. Para mí era una completa joda, a dicha edad no puedes vivir siendo onanista a tiempo completo, ya es momento de despojar del cuerpo algunos deseos carnales y hacerlo cotidiano. Estaba fastidiado por ese motivo; pero a la vez emocionado y contento por poder salir a la cancha y mostrarles a todos mi nuevo tiro, el cual practiqué en el mar durante el verano pasado.
El hecho estaba en que debía de ver a mi chica y luego volver a la velocidad de Flash para jugar pelota.
La relación andaba a capa caída, ella se quejaba mucho de no poder vernos, yo en ese entonces entrenaba para un equipo local y algunas tardes no podía visitarla, por tal razón nos veíamos los sábados y tristemente, ella no podía algunos, puesto que en casa hacían almuerzos familiares y temas hogareños muy especiales.
Resulta entonces que la charla de la noche anterior había sido intensa y melancólica, prácticamente acordamos terminar el romance; pero luego nos dimos cuenta que podríamos darle una oportunidad. Por lo tanto, acordamos vernos el viernes a la salida de la academia. Se lo dije sin pensar en el fútbol, de hecho, al recordarlo, me dije: Bueno, una vez que no juegues, no hará daño. Pero al despertar y ver todo ese folklore futbolístico en el MSN y en mi casa, en las calles y en todos lados, era como si fuera inevitable no estar. Puede que sea un simple campeonato de varios partidos con una apuesta de 1 sol por cabeza; pero para nosotros era como jugar la Champions League, de hecho, yo era Raúl Gonzales.
Se me fue complicando la vida durante el almuerzo, yo no hablaba, solo pensaba en ¿Qué debo hacer? Mientras mis primos que siempre eran invitados los viernes planeaban con esmero el fútbol de la tarde.
Gabriela, mi enamorada, me llamó al teléfono fijo porque no tenía celular y mi tía me pasó la llamada con la frase: Bryan, te llama Gabriela, parece que hoy no juegas pelota; pero si mueves la cama.
Se me hizo demasiado gracioso escuchar esa frase.
Hola amor, le dije con seriedad natural.
Hola amor, te extraño. Ya quiero verte, mi bombón.
(Sí, así me llamaba, que vergüenza repetirlo; pero eran otros tiempos).
El segundo en que dudé, me delató.
¿No vas a poder? Amorsito, por favor, llevamos un mes sin vernos, yo comprendo que entrenas; pero entiende que quiero estar contigo. Te extraño tanto.
Ella era súper romántica, de hecho, mucho más que yo. En la actualidad había leído poesía de Bécquer y Neruda, a veces me relataba algunos poemas, era muy linda. La adoraba; pero, ¿ante el deporte rey? Era complicado decidir a pesar de tener el cuerpo caliente.
También sabía que de no aceptar podría perderla y uno no quiere pasar el invierno solo y triste frente a la computadora. Siempre es bueno tener a alguien con quien salir o estar abrazados en una cama.
Para incrementar la complejidad de mi decisión escuché un silbido familiar, era mi primo y vecino, compañero de equipo y socio en el ataque, acababa de llegar de la academia, apresurado y vivaz, salí por la ventana y le hice un gesto con la mano, me vio con el teléfono y dijo: A las cuatro y cuarenta te busco con Carlos Abat. El solo hecho de verlo sacrificar los otros cursos para venir temprano, imaginar a Carlos saliendo de su trabajo de modelo de radio para llegar a tiempo, me hizo pensar, ¿Por qué tengo que salir con ella si quiero pelotear? Era una decisión cruel, áspera; pero cierta. El fútbol en ese tiempo era una cuestión vital, vives para jugar y sueñas con jugar; pero entonces, Gabriela me dijo: Bryan, estoy enamorada de ti. Sé que no estamos bien; pero necesito que arreglemos, espero verte hoy. Llevamos siete meses juntos, podemos salir adelante. Depende de los dos, cariño.
Siempre he amado a las mujeres con actitud. Esas que te dicen: Vamos a arreglarlo. Hagamos el amor. Quiero estar bien contigo. Esa frase me atrajo por completo y llegó a mi corazón.
Le respondí: Esta bien, Gaby de mi vida, te veo a las tres.
Sigilosamente me di una ducha, vestí y perfumé para salir de casa con peluche en una bolsa de tienda por departamento que tenía guardado durante varias semanas.
Ahora suelo preguntarme, ¿Quién carajos regala peluches? ¡No sirven para nada! En ese presente resultaba tierno.
Nos encontramos en Barranco, el lugar de siempre, la biblioteca, una banca cercana, ella estaría vestida de la forma que acostumbra, blusa, suéter, jeans y botas, bonita, de hecho, sonriente, emocionada y tal vez, nerviosa, por el tiempo separados y eso. Yo andaba pendiente de la hora, de calcular los tiempos, llevaba mi short deportivo debajo del jeans y mi camiseta de fútbol metida en mi canguro. Era cuestión de hablar, ir a un hotel, hacer el amor, volver a charlar un poco, sentir que todo estaba solucionado y largarme de inmediato acordando verla pronto.
La vi y tuve una erección, en esos momentos no controlaba algunas situaciones y cuando nos besamos apasionadamente sin que importara el exterior, con esas ganas que llevábamos guardadas, me dieron ganas de apresurar la marcha, ir al hotel de siempre, encamarnos y ser felices; pero Gabriela quería conversar, me pidió tomar asiento, estaba seria después del beso, la vi preocupada, como pensando cómo empezar a argumentar, siempre he sido intuitivo, estoy un paso adelante de algunos.
Sé que te pican los pies por jugar; pero tenemos que hablar sobre lo nuestro, es de vital importancia.
Asentí con la cabeza con fastidio, como quien se da cuenta que la cuestión tardará horas.
En eso, ocurrió el milagro. Te propongo algo y espero te agrade: Vamos a tu casa, yo me quedo en tu habitación mientras vas a jugar o puedo ir a verte si gustas. Ya después o si hay tiempo antes, charlamos y acordamos lo nuestro.
Sonreí y le dije, ¿en serio? ¡Es una gran idea!
De inmediato abordamos un bus y volvimos a mi casa. Lo gracioso fue que todos se encontraban en los exteriores y fue de esas pocas veces en las que conocen a mi enamorada.
Se hizo algo extraño; pero fue divertido. Entramos a la habitación, hicimos el amor y empezamos a conversar. Yo hablo luego de liberar mi carga pasional, de lo contrario, no puedo, me nublo. Resolvimos vernos seguido, ella trataría de lidiar con algunos asuntos y yo pondría de mi parte para tener opciones de encuentros durante la semana. El pacto fue genial.
Salí a jugar al rato y la vi en la tribuna, el día pintaba para ser perfecto, hice algunos goles y ganamos, lo fue.
Y por la noche, ya pensando en la ducha, me di cuenta del rollo que me hice por nada y sonreí porque algunas veces la vida te genera problemas que son tan fáciles de resolver.
Fue un gran día, hace como doscientos años.
domingo, 1 de julio de 2018
Sucesos
- A veces observo el espejo y digo: Una vez me equivoqué. Hace tanto que he olvidado los detalles. Fue un suceso desastroso que tomó repercusión años más tarde. Se hizo difícil salir del hoyo imaginario, no era yo, eran las repeticiones de ese hecho que volvían a mi vida, no como recuerdos, sino como un dejavu malévolo que irritaba mi día.
Ya no era el daño a la persona ni a la realidad de entonces, sino al cuerpo y al corazón, a esos instantes en los que sentía que podía cabalgar al ritmo igualitario durante un siglo y entonces aparecía este hecho bochornoso para afectar la realidad, para cuestionar mi estatus actual y hacerme la pregunta, ¿Por qué sucedió? No estar a la par con el momento, verme inquieto y desolado, desconfiado y nostalgico, recordando sucesos de antaño y queriendo repetirlo como lo hacía en la mente de una forma tan real que parecía una especie de situación virtual. Salvo que todo desaparecía enseguida.
Ya el tiempo ha colmado mucho, los personajes y los ratos se han visto marchitos por el paso de los años, que esta vez, resultan como el plomo y entonces entendí que debo seguir y tener lo mejor de dicha experiencia, el aprendizaje; pero todo lo que pinta bonito, resulta estupendo, es vano y esos instantes de oscuridad vuelven y lo matan todo, siempre allí, constantes e inquietante, haciéndome ver que debo volver a un pasado lejano que perdí y entiendo a su vez que el presente es solo una silueta absurda o una mínima parte de lo que realmente deseo.
En tanto, anhelo la paz, que los ejes de la vida no me devuelvan esos momentos sin los hoyos profundos, tampoco emociones distantes de vuelta a la tierra, solo una vida y en un camino de paz, diferente a todo y en calma, esa que a veces, no obtengo.
He aprendido, no me quites la oportunidad de demostrarlo, vida.
Fin
Ya no era el daño a la persona ni a la realidad de entonces, sino al cuerpo y al corazón, a esos instantes en los que sentía que podía cabalgar al ritmo igualitario durante un siglo y entonces aparecía este hecho bochornoso para afectar la realidad, para cuestionar mi estatus actual y hacerme la pregunta, ¿Por qué sucedió? No estar a la par con el momento, verme inquieto y desolado, desconfiado y nostalgico, recordando sucesos de antaño y queriendo repetirlo como lo hacía en la mente de una forma tan real que parecía una especie de situación virtual. Salvo que todo desaparecía enseguida.
Ya el tiempo ha colmado mucho, los personajes y los ratos se han visto marchitos por el paso de los años, que esta vez, resultan como el plomo y entonces entendí que debo seguir y tener lo mejor de dicha experiencia, el aprendizaje; pero todo lo que pinta bonito, resulta estupendo, es vano y esos instantes de oscuridad vuelven y lo matan todo, siempre allí, constantes e inquietante, haciéndome ver que debo volver a un pasado lejano que perdí y entiendo a su vez que el presente es solo una silueta absurda o una mínima parte de lo que realmente deseo.
En tanto, anhelo la paz, que los ejes de la vida no me devuelvan esos momentos sin los hoyos profundos, tampoco emociones distantes de vuelta a la tierra, solo una vida y en un camino de paz, diferente a todo y en calma, esa que a veces, no obtengo.
He aprendido, no me quites la oportunidad de demostrarlo, vida.
Fin
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