Mi nuevo libro

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viernes, 26 de junio de 2020

Vecino Vecinin


- Hoy salí temprano a comprar el pan para desayunar poco antes de entrar a mi clase virtual en donde no pongo cámara web porque suelo tener cara de pocos amigos durante la mañana, algo que la mascarilla, el gorrito y la sudadera logran disimilar con facilidad.
Si hay algo que me gusta de la pandemia (suene esto totalmente paradójico) es que ningún conocido se me acerca. Ni siquiera mi primo, con quien compartí el campo y la bebida, a quien solamente saludo de lejos respetando el distanciamiento social cuando por dentro estoy contento de tenerlo lejos porque el sujeto habla y nunca para y a uno no le gustan ese tipo de situaciones a las siete de la mañana. A partir del mediodía si puedo hablar con normalidad.
En el recorrido vi a mi queridísimo vecino de la derecha, un tipo cuyos gustos musicales van en contra de los principios básicos de la música, le gusta desde Walter y Yandol hasta Ozuna e incluso canta y vive las canciones de su amo y señor Maluma, a quien admira, tiene un afiche de él en su habitación y le promulga sus votos de amor. Además, sin tener un cuerpo alucinante con un six pack bien marcado, va al parque sin camiseta para regar las plantas. Algo que aprecio; pero siempre pienso: Debería usar una playera, pues el sujeto tiene una panza que fácilmente podría iniciar en el cuello y acabar en la cadera dificultando la visión de su miembro, al cual, seguramente no logra mirar desde que estaba en la escuela. No obstante, es un amante asiduo de los animales, adora a las palomas y las nutrias, le gusta ir de pesca y a veces me trae unos buenos bogas y truchas y aunque he llegado a detestarlo por su música, una vez vi leyendo un libro de German chupamedia, un youtuber de esos que abundan y no suman ni restan ni dan risa y empecé también a odiar sus gustos literarios. Bueno, no son literarios, sino de libros. Bueno, no son libros, sino de letras. Si es que se llaman letras.
Al verlo me percaté de una extraña situación. El vecino, a quien nunca hago referencia a su nombre, estaba ligando con una muchacha simpaticona. Era alta y sin tacones, llevaba jeans pegados, remera y el barbijo abajo para que pudieran hablar sin reproches. En algún pasaje de mi mirada vi que se dieron la mano e intercambiaron miraditas galantes. Fue entonces que, al momento en que los atravesé, oí a mi vecino con acento singular decir lo siguiente:
'No sé cuál sea el nuevo rostro de los calzones Calvin Klein que nunca compraré pero tú eres el único rostro en mi corazón'...
Entonces, inevitablemente, pensé: Es todo un poeta, digno de publicar en Wattpad. Allá donde las portadas parecen afiches de música chicha.
Y lejos de irme riendo, sentí la necesidad de una fémina en mi vida; pero ese asunto se me pasó cuando recogí el pan recién salido del horno.

jueves, 4 de junio de 2020

Lo que dure el juego

- Año 1993. Junto a un primo desenchufábamos la Nintendo para sintonizar el único canal de deportes instaurado en la televisión cuadrada, sin control remoto y mucho menos cable, para ver el partido entre las selecciones de Francia y Bulgaria previo a la copa del mundo del año siguiente.
Al momento en que Carlos quitó la consola para guardarla en su caja y llevársela a su casa como parte de un acuerdo que hicimos al comprarla entre los dos, oí a mi madre dar un grito estremecedor diciendo: ‘Te llaman por teléfono, una chica pregunta por ti’. Me asomé a velocidad con el interés de siempre hacia las féminas, cogí el teléfono y me oculté detrás de un escaparate para que nadie oyera mi conversación.
Hola, soy Dania, ¿te acuerdas de mí?
Por motivos de fuerza mayor, ese año me habían cambiado de escuela trasladándome a una más cerca de casa para así tenerme vigilado. Eran tiempos en donde mi actitud era un tanto explosiva y desenfrenada; sin embargo, durante la llamada de Dania, me vi sometido a una importante parsimonia. De repente, por el sonido de su voz con acento, la cual me resultó melodiosa cuando estudiamos juntos en el anterior colegio durante seis meses y nos hicimos no solo amigos, sino compañeros especiales cuya atracción física y química genuina nos llevó a evitar la clase para aislarnos por los confines de los alrededores conociéndonos mejor entre besos y caricias.
Era algo que mis amigos de entonces no entendían; Carlos, entre ellos, que solicitaba mi tiempo para el Nintendo y la pelota, que también me gustaba; pero Dania requería de mi virilidad por pubertad precoz para saciar esas idas y venidas que a las mujeres se les hace más rápido sentir.
Nadie me entendía mejor que la mano derecha a las dos de la madrugada sin poder dormir por causa de esas imágenes mentales que revoloteaban en la cabeza.
Alejarme de Dania, de alguna manera u otra, me volvió un onanista nocturno, animal salvaje recaudador de ficciones mentales que trasladaba a los actos repulsivos por iglesias pero satisfactorios a esa edad moviendo la cama con mesura y durmiendo como angélico tiempo después.
Su llamada repentina interrumpiendo para bien un juego de Nintendo tan aburrido como la charla de Carlos acerca del nuevo Mario Bros 3 reanimaron mis ganas por tenerla con la falda cuadrada en mis piernas como aquellas veces en el jardín de un parque aledaño al colegio, en donde a besos intensos y manos inquietas nos empezamos a dar cuenta del deseo que nos congeniaba, el cual, más de una vez, nos condujo a un hotel barato a distancia importante del colegio, en donde un empleado incapaz (por suerte) nos hacía entrar a treinta soles la hora.
Allí saciábamos toda necesidad de nosotros, deseos que iban más allá de los simples besos y fronteras que las manos empezaron a romper para avivar las flamas que iniciaron en quincena de marzo, cuando volví al colegio y la vi sentada en la última hilera, piel mulata, piernas largas, sonrisa amplia pero difícil de mostrar, calidez con timidez y frescura y humor cuando nos hablamos por primeras veces. Toda la conjunción necesaria para gustarnos enseguida y todo el ornamento de deseos locuaces que no tuvieron calma en los jardines cercanos y es por eso que tuvimos que saciarnos en los hostales con luces de neón y empleados que dejaban entrar a escolares.
Nació en Cuba un mes antes que yo, sus padres llegaron a Lima para un comercio, no sé de qué, jamás especificamos, solo sé que dijo que estaba de visita, pues en un año o quizá antes, volvería a su Habana querida.
Valga la ironía, que al instante en que un vecino soplón nos delató por comernos a besos en el césped durante la hora de clase y con uniforme escolar, ambos padres nos sacaron del colegio. A mí me expulsaron debido a un par de acusaciones anteriores que no voy a mencionar y a ella porque su tiempo se acabó y debían retornar.
Solo nos divertimos tres veces en el hotel Houston tres estrellas donde un inepto de gorra que nunca te miraba a los ojos nos daba la llave a cambio del dinero en monedas. Nos quedábamos más de una hora, yo calculaba como suelo medir el tiempo: en canciones o partidos de fútbol. Adentro no había tele ni baño, una cama grande bastaba para saciar todo deseo libidinoso y las luces apagadas de un cuarto al final del pasadizo, en donde, nos volvíamos las fieras salvajes que éramos por dentro.
¡Dania! A los tiempos, compañera. ¿Cómo estás?
Estoy en Lima, mis padres volvieron por una semana. Nos vamos mañana, pero no quisiera irme sin verte un rato.
Acepté y acordamos el encuentro en cuestión de segundos porque el tiempo en línea era caro.
No pensé en mi escases de dinero, tampoco en Carlos, ni siquiera en mi madre, quien cocinaba con Camilo Sesto cantando mientras que mis hermanos jugaban a las peleas con figuras de acción de Batman y Las tortugas ninja. Lo único que tenía en mente era saciar esa imperiosa necesidad que tenía por tener a Dania… sobre mis hombros.
El partido comenzaba, Carlos me llamaba con un silbido para mirarlo juntos y comentar las hazañas de los jugadores porque ambos soñábamos con ser futbolistas. Mi vieja cocinaba y cantaba entretenida como de costumbre mientras que sigiloso me adentraba en su habitación, abría el closet que por suerte no hizo ningún chillido y accedía al cofre del tesoro en donde yacían un par de billetes, los cuales, tras hacerme la cruz para que alguien arriba me perdone, hurtaba mirando hacia los lados.
Después di una ojeada al cuarto de mis hermanos, quienes jugaban ingenuamente a las peleas sin pensar ni imaginar lo que su hermano mayor por un año estaba a punto de hacer.
Le dije a mi vieja que saldría un rato a comprar. Accedió con que volviera para el almuerzo. Era el mediodía, acordé con Dania para dentro de una hora, imposible llegaría a comer pero acepté su petición.
Lo más difícil era deshacerme de Carlos, fanático del fútbol, amigo y primo, pero no compartía mi mentalidad por descubrir la flor y nata de las mujeres.
Salí por otra puerta sin que me viera. Según él, yo seguía al teléfono, para mi madre había ido al mercado y para mis hermanos estaba viendo el juego.
El barrio estaba desolado, el partido eran tan importante para los apasionados al deporte rey que nadie salió de su casa.
Recuerdo que junto a Carlos habíamos visto toda la eliminatoria para el mundial, hinchábamos por Bulgaria porque el 9 jugaba en el Barcelona y metía goles hasta con el trasero.
Yo andaba en un bus rumbo al colegio, era verano, no había clases, Dania me esperaba en la esquina con un atuendo distinto, casual y bonito, fue la primera vez que la vi con ropa de calle. Nos saludamos con un abrazo y un beso en la mejilla, la sujeté de la mano y caminamos hacia el hotel.
Era como si lo tuviéramos mentalizado, era una especie de obsesión mutua la que teníamos, un delirio en conjunto que debíamos de saciar de una vez antes que comience mi locura onanista a tiempo completo.
El chico nuevo del hotel no quiso dejarnos entrar por no tener documentos de identidad. Dania no hablaba, era una mujer de pocas palabras y muchas acciones, yo tuve que manejar la situación diciéndole: Mi documento está en espera. Solo tengo que ir a recogerlo, ¿vas a perder treinta soles por eso? El tipo no quiso. Insistí: Oye, te doy diez más. No accedió.
Miré a Dania y en voz baja la oí decir: Toma, dale esto.
Bien, tienes 18. Pueden entrar, dijo el muchacho.
Reservé mis pensamientos y confusiones para más tarde.
Recorrimos el pasadizo rumbo al cuarto 35 con besos desenfrenados como si tuviéramos hambre de nosotros. Los cabellos despeinados por las manos que sujetaban las nucas y los deseos haciendo hincapié en las partes íntimas.
Nos desnudamos al compás de los besos una vez que logramos entrar.
Caí sobre la cama con la bermuda abierta y ella se encargó de quitarla por completo usando sus dientes y mostrando una sonrisa en contraste a su piel.
¿De verdad tienes 18? Le dije por idiota.
Olvídate de eso, respondió callándome.
Zafé las zapatillas en un dos por tres poco antes de que calzara su boca en mi miembro tan erecto como obelisco y succionara su ser a un ritmo vertiginoso que podría hacerme perder la noción del tiempo y por ende causar la explosión de los nibelungos. Acto que no debía realizar tan pronto, según una revista, por eso pensé en otros factores para mesurar la excitación que venía sintiendo y ella sabiendo que yo estaba en éxtasis aprovechaba para seguir a ritmo veloz y lento para luego ofrecer tiernos besos en su cabeza. ¡Y sin avisar volvía a devorarlo en una seguidilla exquisita e indescifrable!
Se oía el partido desde una radio en la caseta del portero. Empataban las dos escuadras mientras que Dania se dejaba quitar la blusa y luego el pantalón para quedarse en bragas grises que la hacían lucir divina.
Pensaba en como las mujeres pueden moldear su figura a tan corta edad mientras divisaba sus senos para comerlos a besos y tallarlos con las manos ocasionando el fulgor de sus sentidos sobre todo con besos en el cuello.
Anotaron el primer gol del partido, Dania subía encima adueñándose de la situación, pues hace un rato susurró que tenía tiempo esperando este momento y yo le repetí entre balbuceos de caliente que también lo esperaba. Sus frenéticos movimientos me llevaron a algún sitio en el averno en donde me vi disfrutando de la candela y los demonios; cerraba y abría los ojos para mirarla en cueros mordiéndose los labios y con los cabellos oscuros como la noche recogidos en una mano. Ella gozaba y yo me mordía los labios mientras que el imbécil del empleado tocaba la puerta pidiendo silencio. Reímos por eso porque no nos percatamos de lo loco que estábamos al borde de romper la cama.
Se escuchó el empate de Bulgaria, lo celebré como si fuera mi país, le pareció extraño a la mulata de piernas gruesas y caderas instauradas arriba, quien no deseaba cambiar el formato del encuentro, le gustaba tanto quedarse arriba que hasta me dio calambre en ambas piernas.
Fue entonces que solicité ir arriba y la tuve con las piernas en los hombros un largo periodo, cuarenta y cinco minutos para ser claro, lo sé porque acabó el primer tiempo con mi calambre, descansamos un rato y subí hasta que Bulgaria hizo el gol que eliminó a Francia y lo llevó al mundial del 94.
Desde entonces suelo cuantificar el tiempo sexual con partidos de fútbol, es una tradición que con los años quedó olvidaba.
Ese gol a los 45 del segundo tiempo ocurrió un instante antes de mi estallido estelar a un lado de la cama para no tener graves consecuencias. No alcancé a sus senos y tuve que disculparme con las manos entre risas conjuntas.
Ni en doscientos partidos me sentí tan agotado. Tenía la lengua afuera y requería de un Gatorade. Compramos un par en la tienda en frente y caminamos una cuadra larga hasta separarnos en la esquina de un semáforo con un abrazo afectuoso y sonrisas amplias como si el lunes nos volviéramos a ver. Pero no ha vuelto a suceder.
Todos los gritos que pudieran ocurrir en casa ya estaban saltados.

Fin

jueves, 21 de mayo de 2020

Su llegada


- La llegada de la princesa siempre descontrola las emociones que suelen andar direccionadas a la hoja en blanco que tengo en frente.
Cuando pisa la tierra de este mundo y la oigo subir ansiosa hacia mi oficina presiento que el universo va a colapsar y las letras del texto quieren zafar para juntarse en torno a ella y expresar en idiomas todo lo que llega a ocasionar la sola presencia de un ente celestial y divino, con una sonrisa y carcajada profunda, llena de interrogantes que desata al momento de verme y abrazarme como si las tuviera pendientes en su mente y solo yo pudiera responder. Cabalgamos en un abrazo que surca el espacio tiempo de la habitación donde estoy confinado y toca las luces de arriba como soles que nunca queman. Después nos sentamos un rato para planear la tarde que empieza mayormente con un séquito de dulces (ahora entienden esos kilos que vengo teniendo inesperadamente) y se entrelazan con documentales, tareas, lectura y demás en un ambiente sólido, cándido y hermoso que sabemos compartir a plenitud.
—Pa, ¿Por qué Moisés cruzó el desierto por cuarenta años si Egipto y Jerusalén está a solo cinco horas? — me dijo intrigada sobre el mueble como una señorita pensadora, una futura arqueóloga o escritora. Enseguida, lanza otra duda llamativa: ¿Por qué no hemos vuelto a la luna? ¿Vamos a llegar lejos en el espacio?, ¿Realmente no estamos solos? Suelta teorías propias de ideas que se le ocurren acerca de sucesos que pueden llegar a pasar. Ella quiere ser astronauta, escritura y veterinaria porque adora a sus mascotas de aquí y allá.
Le encantan los libros de todo tipo, aunque suele leer lo que generalmente son para su edad y muchos usan buenas imágenes para aprender mejor. Lo genial es que ahora la literatura se encuentra en todos lados.
Siempre anda soltando sospechas sobre investigaciones que tuvo en su ordenador que ya ha dejado de usar como juegos para únicamente dedicarse a ver videos en Youtube acerca de todo lo que encuentre altamente interesante recordándome que a la misma edad jugaba pelota en el parque y me dedicaba a comer todo lo que los profesores decían como la sabia verdad. Mis dudas y cuestiones llegaron después, ahora ella las tiene desde antes y eso me fascina.
De su madre adquirió el don de dibujar, se adentra en la pintura como yo con la escritura y nadie la molesta porque de acercarme me muestra una rabieta debido a que como todo artista no solemos mostrar bocetos. Nos gusta enseñar el trabajo completado. Circe es así, una diosa, de hecho, aparte de preciosa, talentosa y su corazón es tan grande que un mundo entero podría caber en un espacio al rincón de una pared.
Cuando viene nos ponemos de fiesta con disfraces improvisados y también mostramos una solemne capacidad para aprender en tiempos como los de ahora.
La vida es demasiado corta como para quedarse en dudas, por eso tratamos de saber y gozar hasta que los minutos se terminen.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Escribir en cuarentena


- Estoy usando la cuarentena únicamente para escribir. No sé qué es lo que sucede afuera, de repente ocurrió el Ragnarok que es más divertido que el Armagedón, según mi hija, que está atada leyendo acerca de mitología y las veces que no estamos juntos usamos la aplicación Zoom que aprendimos a manejar.
Yo le recomiendo que no vea las noticias para que no vuelva loca y que se introduzca en la lectura para volar un rato.
Esa recomendación la uso con todos.
Me parece bacán tener tiempo de sobra para escribir a pesar que los libros que publique no lleguen a ninguna parte, esto lo realizo porque es mi pasión y lo disfruto a cabalidad tal cual muchos viven haciendo otras actividades desestresantes, culturales o demás.
Estoy avanzando mis novelas pendientes en un periodo de tiempo amplio que atraviesa la mañana y llega hasta la noche con constancia, perseverancia y mucha dedicación porque cualquier oficio o trabajo siempre se debe realizar con esos parámetros. 
Es verdad, escribir es un laberinto largo y oscuro con la inseguridad de que habrá luz al final. Uno se adentra en un libro y no tiene idea de cómo puede llegar a terminar, que caminos surcar, que momentos vivir y demás; es la parte grandiosa de este trabajo porque adoro lo incierto. Nunca me gustó vivir en lo predestinado, de repente por eso no creo en los destinos ni las causalidades, sino en que todo puede llegar a ocurrir en un instante y cambiar los rumbos como los vientos en las velas de los navíos. Estoy en uno de ellos, mi barco es la literatura y yo me sumerjo en los mares para gozar de este oficio que también es una enfermedad que aprendí a gozar y satisfacer mis necesidades intrínsecas y algo de afuera.
Escribir es un acto solitario, obviamente; muchas veces resulta penoso y nostálgico aunque casi siempre acaba como una especie de jolgorio mágico lleno de diversas emociones que van y vienen como haces de luz en una realidad presente o alterna, de cualquier manera u otra, quienes escribimos sabemos que estamos condenados a vagar en la penumbra de las dimensiones.
Es lo que hay, escribir es una pasión y una locura la cual desbordo todo el tiempo posible en estos días que uso para trabajar en este oficio y tratar de sacar a relucir una obra que esté a la altura de vuestros sentidos.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Solo deseaba decirlo

- No quiero un mañana sin ti. Ir a marte en bicicleta llega a ser más fácil que olvidarte. No quiero un final, tampoco el ornamento de juramentos que resultan ser como la catequesis de cualquier religioso. ¡Quiero la libertad teniéndote a mi lado! El púlsar de amarte por siempre, el hecho de tenernos siendo libertos, el placer de besar las pieles todas las noches sin la promesa de vernos al amanecer, con el pleno fulgor de nosotros en la mente, los corazones latiendo a la misma vez y los caminos asfaltándose de acuerdo a quienes somos y vamos sintiendo. Quiero amarte el resto de mi existencia porque he hallado en ti a todos los requerimientos para morir en el volcán de tus pieles, revivir con uno de esos besos a vainilla, ver tus ojos amplios como dos lunas de noche, saciar toda necesidad de amor en tus abrazos y quedarme en el regazo de tus senos hasta el nuevo hoy. Quiero que tengamos todo lo que deseamos sin ser nosotros y vivamos de todo lo que tenemos siendo una pareja, deseo el final feliz contigo y el día a día de una rutina escandalosamente bella que iremos atesorando y gozando con un porvenir festivo como el placer de estar atado a tu cintura. Promulgar esos amores que tenemos adentro y sacarlos a relucir para que expandirlos en las galaxias y el universo al tiempo que vamos disfrutando de sus brillos estelares. Te quiero en mi vida en todas tus formas, pero especialmente libre, siendo la persona estupenda e increíble que eres, con esos caracteres divinos y esa locura interior, con esa sonrisa gigante y ese cabello ondulado de olor sabroso, con esas pieles solemnes, virginales, divinas y puras, con esa rabieta imprevista y esa sonrisa locuaz, con esa risa loca y esos versos forzados y honestos; con tu amor en brasas y brisa, con tu amor honesto y pulcro, con tu amor sano y curativo, con tu amor real y mis pieles rotas a tu lado, con mi intención de amar por siempre, mi mirada en ti, mis sueños contigo y mis ratitos de oscuridad con tu brillo, mi vida entregada a tu camino y nuestras manos juntas con dirección a un final que no conocemos pero sabemos que llegará para nosotros en un tiempo infinito y veloz que será como gozar de una multitud de emociones feroces y preciosas que tendremos para nosotros, en las cuales haremos literatura y poesía, todo en un molde impuesto por nuestros cuerpos y corazones y almas. Todo para nosotros siendo tal cual somos.

Perdona el alboroto en letras, a veces intento capturar lo que siento por ti y sale como luz perdida en el espacio que busca tu mirada haciéndose letras en tu idioma. 

He aquí… para ti.

jueves, 7 de mayo de 2020

Anécdotas de cuarentena (Parte 17)


- Circe no ha venido hoy, se encuentra en su otra casa, una enorme, por cierto; tiene piscina y patio para practicar fútbol con Naldo, el perro arquero, a quien le paran llenando la canasta.  
Le empezó el gustito por el deporte rey porque una vez me vio meter un golazo de la media cancha en un partido entre padres de familia; claro que a mi edad tengo más físico que cualquier otro fulano de 55 para arriba, quienes no pueden llevarme el ritmo y atinan a mirar como anoto.
Del otro lado, quienes conforman mi equipo, me entregaron la cinta de capitán para que asuma toda responsabilidad en la cancha, algo que no me gusta, porque prefiero dedicarme únicamente a hacer goles.
Ha dejado un par de libros de historia en mi escritorio y debo acomodarlos en el librero, porque tanto como yo, tiene la particularidad de leer distintos libros a la vez, es decir; coge uno le da un par de ojeadas, agarra otro y después los compara para dejarlos a un lado porque quiere ver otro. Después que tengo que ordenarlo todo porque no me gusta el desorden aunque ella lo prefiera así. Ya se imaginan como tiene su habitación de juguetes. Una vez entré y me di un golpe impresionante con un lego, el cual me hizo recordar a todo el linaje de amigos en groserías que tuve que decir mentalmente.
Ella viene el fin de semana, aunque no hay especificaciones de venida o llegada, generalmente viene cuando se le plazca; pero mayormente son los sábados y domingos los días apropiados para la cultura, diversión, charla y entretenimiento deportivo. En fin, hacemos de todo.

Mi mamá acaba de entrar a mi habitación en modo sorpresa, ha llegado con compras de supermercado para colocarlas en mi cocina y aprovechó el silencio que me inspira a escribir para darme un susto del demonio colocando su mano en mi hombro.
¡Carajo! Dije en un grito único. Traje lo necesario para la cena, vengo al rato, escribe mucho, dice, entrega un cariño y se marcha.
Ya genial, por si acaso hoy no viene la peque, pero haremos asado el domingo, ¿vale?
Estupenda idea, responde.
Y justo cuando creo que se irá, pregunta: ¿Cuándo vamos a bautizarla?
Ma, a ella no le interesan esos asuntos religiosos, prefiere que le compre libros, una play e ir de paseo antes que eso.
Yo creo que deberías bautizarla, aclara y siento que tiene los brazos en la cintura.
Dejo de mirar la pantalla, giro el cuerpo y le digo: Circe, su madre y yo conversamos y llegamos a la maravillosa conclusión de que ella pueda elegir a que religión seguir. Si quiere ser Hare Krsna o Budista, lo será. Pero por ahora, lo único que importa es que mi hija sea una buena persona. No hay nada más esencial que eso.
Además, esos vecinos que tienes hacen alboroto todas las noches peleándose por dinero o celos y hasta amenazándose de muerte para luego andar yendo a la iglesia.
Bueno, cariño, ustedes deciden. Yo no me quiero meter.
Qué lindo es oír eso. El domingo te doy tu regalo.
Sonrió cuando se lo dije. Y me devolvió la sonrisa entendiendo como soy.

La otra vez me levanté de madrugada porque me asaltó una pesadilla. Abrí los ojos y lo primero que vi fue una figura inerte detrás de la cortina cuyo tamaño parecía ser la mitad del mío. Entonces, me mantuve quieto, difícilmente pierdo los estribos, miré usando los anteojos creyendo que se trataría de una forma creada por la luz; pero no habían postes cercanos y la luna parecía estar ausente. Todo empeoró cuando las cortinas se alzaron como por el viento teniendo la ventana cerrada y unas manos grandes se reflejaron como si quisieran mostrarse. Esto sí me llevó al límite, empecé a sudar y pensar, ¿Qué carajos es eso? A lo que enseguida, poco antes de una reacción como correr hacia la puerta, esa figura salió de su escondite como quien avanza y va saliendo de la cortina… Pero no pudo mostrarse por completo.
Abrí los ojos de nuevo. Había tenido una pesadilla dentro de otra.

Andaba escribiendo cuando recibí la llamada de un amigo, quien me dijo lo siguiente: ¿Cómo puedo publicar mi libro de poesía?
Detuve mi trabajo literario para darle las pautas necesarias, incluyendo la forma como presentarse ante una editorial y enviar el manuscrito. Me tomé quince minutos para explicar el procedimiento. Mi brother dijo que hace tiempo quería lanzar al mundo su trabajo salido del alma y me sentí emocionado porque adoro cuando la gente, al fin, se anima a desarrollar algo de lo que le gusta. Yo desde mi posición apoyo esas nobles causas.

Dios no ha curado la cuarentena, reflexiono. Muchas personas han muerto y seguramente serán polvo de estrellas. Tristemente somos pocos quienes cumplimos la cuarentena y ahora el mundo está en un vaivén.   
Es una noción inmediata, puramente mía, la tuve viendo las noticias, el maldito canal 2 que estresa y pone tenso cuando lo ves, por eso prefiero olvidarme de los canales nacionales y envolverme en Netflix; aunque, a veces, es necesario saber lo que ocurre (a pesar de tener una idea) y es eso lo que pasa, lo que veo, lo que presiento y lógicamente lo que creo.

La situación de los escritores se complica, si no abrirán ferias de libros ni eventos culturas, ¿Cómo vamos a vender los libros? Tengo fe que los lectores se acercarán a librerías para poder adquirirlos, pienso.
Luego salgo de casa y entrego comida a las palomas, quienes son lideradas por un ave negra y grande, come primero y les deja el resto a las demás, vuela tan alto que se posa encima de un poste de luz en medio del parque.
Se acerca un gatito, a quien también le ofrezco el almuerzo, vienen un par de perritos y se llevan su comida como un delivery.
Enseguida se asoma un vagabundo y sujeta su taper con comida. Si se puede ayudar, si tienes la facultad, hay que hacerlo.

Termino el articulo con un pensamiento propio que intento cultivar: Haz lo que amas y se jodidamente feliz.


domingo, 3 de mayo de 2020

Anécdotas de cuarentena (Parte 18)


- Te amo y espero que nos tengamos el resto del tiempo, le dije con la mirada fija en el esmeralda de su ojos; pero antes de que pudiera emancipar mi amor en un beso que nos lleve a la luna… ¡Desperté!
Que astucia la de los sueños para joderte el momento devolviéndote a la madrugada fría y sola, desalmada y nostálgica. Quise atravesar esa dimensión y retornar a su mirada y sus facciones preciosas, el cabello ondulado, los ojos amplios y una sonrisa bella. Cerré los ojos otra vez añorando encontrarla y lo hice. Existe un truco mágico para volver al sueño, se trata de enfocar el momento y materializarlo en la mente, ¿curioso, no? Materializarlo en la mente, es decir; hacerlo real como un recuerdo que vaga en tu cabeza y puedes usarlo cientos de veces, así se vuelven los sueños, recuerdos que son parte de una vida que no tienes o tuviste; enseguida estuve de vuelta, ella ya no estaba en frente, yo había desaparecido y seguramente se percató que debía seguir el rumbo de su camino o realidad. Devuelta al sueño, esa realidad, me di cuenta que debía buscarla, pero ¿en dónde? Abrí el mapa en el celular y no lo encontré, es obvio, los sueños te juegan malas pasadas, quieres lograr algo y no ocurre, quieres volar y no puedes, quieres ser veloz y eres lento; pero también puedes convertirte en un intrépido sujeto que logra todo con su mente, es decir; tener una capacidad superior, la mía, era la creación de realidades, entonces hice su pueblo y su casa, la estuve creando en el sueño y llegando a su localidad para encontrarla en la cama o la silla, el mueble de su sala o donde quiere que se encuentre. Nos vimos otra vez, yo la reconocí, ella no, me había olvidado porque el tramo de tiempo entre sueños a veces es infinito. Me pareció romántica la idea de recordarle quien era a base de argumentos extraordinarios y raros, fusiones entre la realidad de los ojos abiertos y los hechos imaginarios del sueño que también son realidades en ese entorno, es raro pero muy cierto lo que hablo.
Nos besamos inevitablemente y compartimos los mates. Me di cuenta que estaba en Argentina, desconozco la ciudad, pero el pueblo era uno lejano y olvidado frente a un riachuelo; aunque se veía precioso y mágico como esos sitios de los libros que tanto leemos y nos transportamos. Cogidos de la mano caminamos haciendo de cada andar un nuevo episodio que ahora no recuerdo porque los sueños se pierden al abrir los ojos no porque se esfumen sino porque la mente los reemplaza con la realidad. Y aquí, al abrir los ojos un domingo de cuarentena, ella no estaba, no la hallaba en la cama y no existía en mi rutina; pero tenía las fotografías exactas de quien era. Entonces, habita en esta realidad. Es una paradoja muy romántica.