Mi nuevo libro

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domingo, 18 de junio de 2017

Mariana

- Mariana, una ex novia que vive en Arica y que a veces anda por Tacna, con quien tuve un amorío intenso hace diez años y con quien tengo a alguien muy especial a mi lado, suele escribirme de madrugada; ella cree despertarme a eso de las tres de la mañana, lo que a veces no recuerda es que a esa hora estoy escribiendo. Me considero valiente para afrontar distintas situaciones; pero el sonido del celular en un completo silencio y oscuridad, luego de ver el Conjuro 2 por quinta vez y con la mente en monstruos fantásticos que intento crear, logra asustarme. Veo el móvil y es ella, a quien particularmente tengo registrada como solía decirle cuando estábamos juntos.
‘Curiosita’, pues, se lo decía para barajar sus malditos celos enfermizos, ya que en ese entonces, tiempos de MSN y HI5, un joven Bryan Barreto, delgado y con el cabello corto, sin perro que le ladre, manejaba solo dos cuentas a diferencia de hoy y esta mujer me pedía las claves; pero como no iba a dárselas se las ingeniaba para saberlas. Lo que hacía era cambiarlas diariamente, un asunto tedioso que a veces olvidaba, esto conlleva a que muchas veces, cuando me conectaba al anhelado MSN, solía recibir un argumento basado en insultos a mi alter ego de hombre y adjetivos a mis amigas. Literalmente ‘me cagaba de la risa’ pues, eran personas del entonces instituto de Diseño de moda y por supuesto que eran hermosas y radiantes; pero le gustaban las mujeres. Qué buenos gustos las de ellas. Recuerdo que íbamos a discotecas de ambiente y la pasábamos bien; aunque a veces los tipos de la barra me miraban como pollo a la brasa.
Mariana, ‘volaba’ y luego de los reclamos, yo le mostraba un par de cuentas de HI5 y conversaciones para que se tranquilizara y quedara en completo ridículo. Disfruto hacerlo, pienso que primero debe desfogarse y luego entender para quedar en shock. Y claro, negarlo todo o aceptar y ofrecer disculpas. Cualquiera sea el desenlace, yo nunca me enojaba, siempre he sido, como lo dicen ahora, ‘alguien fresh’.
Ella me escribe, dice que ha soñado conmigo, siempre fue, como una vez nos dijo el terapia de pareja, ‘una chica histriónica’; pero la amaba como era, con toda esa carga de celos desquiciados y su demencia para pensar que me estoy acostando con medio instituto cuando estoy, -bueno, en ese entonces, fumando marihuana por la Bajada Balta junto a un amigo que una noche decidió manejar a máxima velocidad e irse con auto y todo directo al infierno-.
En algún pasaje de mi vida pensé que era la mujer más celosa del planeta, luego me di cuenta que no y ahora pienso lo mismo; pero allá por el 2007, en Arica, yo andaba comprando en la Zona franca y charlaba con la señorita sobre los autos baratos y ella, me miraba con los ojos del tigre, una mirada para nada sexy, pues, impactante y sumamente irritante, no me gusta que fijen en mí de ese modo, tan posesivo y enfermo, pues, me encanta lo intenso; pero no en celos, no me agradan los celos desquiciados; aunque, claro, la aguantaba, ¿las razones? Simples, hacíamos el amor todas las noches, en la cama de su hermano, en el mueble, en el suelo, en la cama de su madre, en la de su abuela y sobre una maldita colchoneta a las cuatro de la madrugada tras calentarnos con ‘Destino final 3’.
Todo era muy divertido hasta que una vez, ya cuando terminamos, nos separamos y me vine a Lima, recibí la llamada, de hecho, tengo un cuento en ‘Una noche, una musa y un teclado’ sobre ese momento. Mariana llama diciendo: Bryan, loco huevón, ¡Estoy embarazada!
Son esos momentos en los que piensas que el mundo te coloca de puntitas y debes de inclinarte para colocar tus manos en el filo de la cama; pero no, todo se volvió muy lindo y nos hicimos algo que creo que siempre fuimos, ‘grandes amigos’.
Ah, sí, olvidaba mencionarlo, Mariana es pastelera, prepara ricos dulces.
Ella siempre recuerda nuestros momentos, por ejemplo, me escribió sobre una vez que miramos las estrellas en la terraza de su enorme casa, sus padres no estaban, sus hermanos tampoco, fumábamos esos cigarrillos que dan risa y realizándonos preguntas tales como, ¿Y si hubiera vida en otros mundos, cómo serían? ¿Estarían haciendo lo mismo que nosotros? ¿Seremos nosotros pero con distintas personalidades? Ella pensaba mucho en la astrología, eso me encantaba, porque soy un flamante creyente de que existe vida en otros planetas. Por ella supe sobre mundos posiblemente habitables, leía libros de ciencia ficción, su autor favorito Philip K. Dick estaba en su biblioteca y me llamaba cursi cuando ojeaba a Bécquer; aunque, le fascinaba que le relatara algunos de mis poemas inspirados en el verde de sus ojos.
Pero, al instante reclamaba con un cambio radical, digno de una artista profesional de drama, decía con gestos brutales: Pobre de ti, pequeño, que me entere que le dictas poemas a tus amiguitas. Te corto los huevos.
Ella era capaz de hacerlo, lo juro, era capaz.
Luego, fiel a sus cambios de humor, decía, eres un lindo, me enamoras. Daba un beso y añadía: Hueles distinto, no es la fragancia que te compré, ¿a quién has estado viendo que hueles a mujer?
Yo, con mi paciencia, le decía: Deja de alucinar y hagamos el amor.
Ella: Parece que ya lo hiciste con alguien más.
Yo, tras una sonrisa: Deja de hablar sonseras.
Ella, ya furiosa: Pobre de ti que me entere.
Luego hacíamos lo que debíamos hacer y todo resultaba genial.
Me escribió, ¿recuerdas que te celaba por todo? Yo le dije, por todo y de todo. Empezamos a reír.
‘Ya he madurado’ contó con humor. Esta muy bien, esa es la actitud, le dije con confianza y vino un argumento: ¿Si nos amamos tanto, por que terminamos?
Es de madrugada, dicen que como fantasmas, los sentimientos también salen a relucir.
¡Por tus malditos celos! Le digo en un audio, tal cual, con la misma euforia como lo acabas de leer.
Me escribió una carita triste.
Luego agregó: Ay, ya, cálmate. Son cosas pasadas.
Reí y le escribí, todo bien, solo bromeaba.
Mariana, pensé, mi novia a distancia, mi chica de Arica, mi chilena y peruana, mi novia que vivía lejos, por quien dejé todo y fui a ver, vivimos juntos y nos divertimos; pero, acabamos, ¿y eso qué? Si fuimos uno en el tiempo que estuvimos.
Se lo hago saber de la forma más sutil y diplomática, ¿he dicho que una vez el terapeuta nos dijo que no somos compatibles? Fue gracioso, ella le respondió: Eso es obvio, él quiere hacerlo sobre el escritorio y yo prefiero la cama. El escritorio esta helado, la cama es más cálida. Dio otros ejemplos íntimos ante la mirada del doctor.
Yo la miré como Deadpool mira a su novia y recuerdo ese instante en especial, pues en mi cabeza apareció, ¿Cómo rayos podemos ser tan distintos y estar tan jodidamente enamorados?
Recuerdo que peleábamos, aparte de los celos, porque yo adoraba el ron y ella los refrescos, no me la hubiera imaginado en estado etílico, ella me vio muchas veces de ese modo, allá en una ciudad lejana y bailando ‘El pirulino’ totalmente ebrio y hablando estupideces. Se cagaba de la risa y luego me decía, ‘estas quemado; pero así te amo borracho del demonio’.
Uno de los momentos emblemáticos, que recordé y se lo hice saber, fue cuando una ex me escribió un ‘testy’ en el HI5 y Mariana, en su total locura, le respondió y empezaron a pelear en el perfil, yo tuve que borrar la publicación; pero no quedó ahí, pues, volvieron a verse en un cumpleaños que hice en una discoteca llamada Jijuna, se insultaron como dos fieras salvajes y yo tratando de separarlas como un completo cojudo, que situación tan terrible. Luego lo recordé con gracia, claro, muchos años después.
Ella se quedó a dormir en casa, ¿dormimos? ¿Qué es eso? Luego volvió y no regresó.
Hicimos muchas promesas, los enamorados siempre hacen juramentos de amor, promesas que piensan que cumplirán y todo es asombrosamente bello y honesto; aunque a veces la realidad no las coja de la mano.
Mariana, mi ex novia, mi amor a distancia, duramos casi dos años y pasamos medio tiempo luchando por calmar las tempestades, yo ya agotado por su falta de confianza y ella cada vez más temperamental, un día terminamos creyendo que era como esas veces en las que cortas y vuelves; pero no ocurrió.
Vine a Lima y no regresé hasta el momento de la famosa ‘llamada’ que nos hizo entender que realmente fuimos dos locos enamorados que vivían la vida a su modo y quizá, como una vez me dijo, ‘en otro mundo todavía seguimos juntos’. Yo le dije, cuenta con ello.
Acabé el capítulo de mi libro de ciencia ficción y vi el celular.
Ya no respondió, se quedó dormida al lado de quien hoy nos une.

Fin

sábado, 10 de junio de 2017

La chirimoya

- Ayer llegué a casa tras un ajetreado día en la universidad, eran alrededor de las once de noche y andaba hambriento. La cocina y refrigeradora estaban literalmente saqueadas por mis hambrientos hermanos, maldije al tipo de Tambo que dijo ‘no tener cambio para billete Santa Rosita’ y me odié por olvidar la billetera con las tarjetas y además, también por olvidar los audífonos. Tenía cinco soles en monedas los cuales utilicé para el pasaje, puesto que el carné de medio también estaba en la billetera. En fin, ya estaba en casa y debía de comer ya que no tengo esposa y mi novia esta a cientos de kilómetros de distancia y de estar cerca me prepararía lo que guste haciéndome feliz.
Tampoco podía ir a la única tienda cercana, pues, mi deuda con el tío supera los 900 soles.
Bryan, por favor, ¡Deja de comprar tanto ron! Lo bueno es que siempre me ‘salva’ y cada fin de mes le pago su topo.
En ese momento, recordé las palabras de mi padre por la mañana: ‘Chicas, un paciente tiene su chacra y me ha regalado una docena chirimoyas tamaño familiar, esperen un par de días a que maduren’.
Resolví buscarlas y las encontré con dificultad, pues, ¿Quién rayos coloca frutas en el horno?
Ya estaban maduras, lo supuse al tacto, entonces, tal vez, la hipótesis de que faltan maduran no había sido tan cierta.
No miento si digo que tuve que cargar una chirimoya con ambas manos -y eso que las tengo grandes y venosas-. Estaba deliciosa, pues, no dudé un instante en darle una mordida y luego otra y otra y otra. Escupía las pepas como obrero de chacra que cultiva semillas y en un santiamén ya estaba satisfecho y el plato lleno de pepas.
A la mañana siguiente me desperté con un terrible dolor de barriga, fui al baño y no querrán imaginar lo que ocurrió.
En ese instante, oí a mi viejo decir, ¿Quién fue el gil que se comió la chirimoya cruda, con cascara y sin lavar?
Lo supieron cuando entraron al baño.
Esta anécdota me lleva a una similar, ocurrió hace siete años, yo tenía mi novia que vivía por Plaza San Miguel, era un domingo de resaca en el que fui a verla, el día anterior por la noche, había bebido hasta morir junto a mis amigos –en la actualidad nobles padres de familia- y en esa tarde no dejé de ir al baño, pues, le comenté que por la noche, al llegar a casa, había comido un pescado -de esos que se usan para preparar sudado- totalmente frío. Lo había sacado de la refrigeradora y tragado con locura. Ella me dijo, ¿Por qué no te compraste una hamburguesa? Le dije, estaba borracho, no tenía uso de razón. Eres un idiota y te lo mereces, afirmó y empezó a reír.
Ahora que recuerdo, ocurrió algo similar; pero no se llegó a consumar el acto.
Yo llegaba de una fiesta, mi chica de ese entonces estaba en mi cama, ya descansando viendo la televisión, abrí la puerta e ingresé con un plato de comida -que de hecho, no era realmente algo preparado al instante, sino un combinado de comidas que encontré en la cocina- y ella, al notar mi presencia en el filo de la cama, abrió los ojos y dijo, ¿Qué estas comiendo? Huele y se ve feo. Yo le dije, es lo que había en la cocina. ¡Idiota, deja de comer eso! Tu ma’ subió y te dejó un pollo a la brasa. Yo estuve a punto de terminar el plato; aunque, por suerte, terminé devorando un rico pollo a la brasa y después, tuve mi postre; aunque esa, es otra historia.

Fin.

Ingrato encuentro

- Hace unos meses salí con alguien. La muchacha es bonita, ojos claros, cabello ruloso y rubio; pero durante la segunda cita y tras un inminente beso por causa de atracción mutua, cogí su mano, pues, soy demasiado romántico, ¿me entiendes? No te voy a besar y largarme, o decir, ‘bueno, te llamo y nunca lo hago’, si te beso es porque me gustas y si me gustas es que quiero crear algo, así de serio soy. Claro que todo con tiempo.
Entonces, luego de un cálido abrazo y decirnos que nos gustamos, empezamos a caminar cogidos de la mano. Estábamos en el Jockey Plaza un viernes a las ocho de la noche, cualquier individuo de mi Facebook podría verme y decir: ‘Carajos, lo vi a Bryan con flaca’ y correr con el chisme. No tengo que ocultar nada, no hay amantes ni esposas.
Aquí viene mi escena favorita -claro que fue incómoda en el momento-. Pasamos por un restaurante con mesas al aire libre, ella vio a un grupo de tipos que reconoció y yo, a pesar de hablar y escuchar todo, tengo la mirada en los gestos. Soy escritor, ¿comprendes? Debo ser demasiado observador. Ya te vi el pendiente distinto al otro cuando entraste a la fiesta, por ejemplo.
Al momento de ver a los sujetos su reacción fue decir, ‘¡Mierda!, Pedro, Juan y Daniel, Marta e Hilda, le van a contar a Pancho’. Claro que lo dijo despacio -me hice el sordo, disfruto hacerme el tonto- y ya su mano no estaba con la mía.
Aquí hago una reflexión: Adoro la honestidad, soy conservador y también actual, no me desespero por iniciar relaciones ni tampoco por salir con chicas, puedo ser muy buen tipo; pero no soy idiota, a mi edad y con toda la experiencia no me van a engañar. Además, si me dijera: Bryan, te quise para un chape, ¿normal, no? Yo le hubiera dicho: Flaca, no hay roche. Pero los besos se olvida rápido cuando no hay consecuencias.
Pero no, la muchacha tenía un guardadito y aquí menciono algo, ‘ahora comprenden porque el físico no es necesario’. Pinta, facha; pero con sus ‘cositas’.
Más adelante sonó su celular, era un sonido irritante, yo tengo el opening de Dragon Ball Z.
Pensé, no va a contestar. Y no lo hizo. Volvió a sonar, tampoco lo hizo y se notaba nerviosa, viendo el celular a cada momento y yo, ya enterado por completo de la situación, le dije: Si estas apurada, te acompaño a tu taxi y nos quedamos en otro momento.
Sí, mejor Parece que mi mamá me está llamando.
Claro, tu mamá se llama ‘bebito precioso’.
Más bien, de aquí me voy.
Pero, te acompaño, no hay problema.
No, no te preocupes.
Insisto.
Volvió a sonar el celular.
No, todo bien, yo me voy.
Bueno, ve.
Vaya con Dios, le dije en mi mente y enseguida supe que debía hacerlo.
Oye, (le dije su nombre) y añadí, ‘no le contagies tu actitud a tus amigas’. Mucha suerte y saludos al bebito.
Hice un ademán de despedida y me fui.
Ya en el bus de regreso a casa le escribí a un amigo: ¿Un ron? Accedió y le conté lo ocurrido sin detalles porque me los guardo para escribir.
Entonces, mi amigo dijo: ¿Sabes qué es lo penoso? Que el pobre muchacho ni enterado que su novia es ... (los adjetivos no los voy a parafrasear).
Así es la vida, mi bro, le dije y bebí.


Fin

martes, 6 de junio de 2017

Plan Lector - Segunda conferencia

- De acuerdo al Plan lector que ando promoviendo, este sábado 01 de julio a las 8pm voy a realizar una conferencia acerca de mi obra ‘La última tarde’ donde la participación del público será importante, pues, ellos podrán realizar sus preguntas.
Habrá una sorpresa para los participantes y transmisión en vivo para todo el mundo desde mi cuenta de Facebook.
Los espero ansioso para poder incentivar juntos la lectura.
Abrazo grande.



Como la mira

- Anna: Observa como la mira, sus ojos brillan como los rayos del sol. Ella no es simpática y sé que vas a decirme lo contrario; pero estoy siendo cruda. Aun así, el chico la mira como si fuese la más bella del mundo. ¿Cómo es posible enfocarse únicamente en una persona teniendo a tanta gente alrededor? Su mano rosa su mejilla y esto termina en beso. Dime, Bryan, ¿alguna vez viste a alguien así? ¿Tuviste ese brillo? ¿Hubo en tus ojos esa luz de enamoramiento absoluto?
Me vio de reojo y luego repitió su pregunta.
Yo: Pocas veces. Lejanas todas.
Anna: ¿Cómo es la ciencia de los enamorados, no? Solo se enfocan en ellos y todo lo vuelven, ¿Cómo dicen? Ah, ya se, mágico.
Yo: Tal cual, Anna.
Nos alejamos para evitar molestarlos; aunque ello solo fuera pensamiento nuestro. Ellos vivían su momento.
Esa reflexión me hizo pensar en la luz que disparan los ojos cuando ves a la persona que amas. Tal cual dijo Anna en una analogía simple, es como si los rayos del sol salieran de tus ojos.
Enseguida:
Anna: Yo nunca he visto a alguien así y no he sentido que me miren de esa forma.
Yo: Yo ya no lo recuerdo.
Anna: Pero sabes lo que se siente.
Yo: Cuando escribo, trato de describirlo.
Anna: ¿Cómo logras captar ese momento?
Yo: Nunca lo hago. Cuando una mirada habla, las palabras callan.
Ella sonrío y seguimos caminando.

Fin

lunes, 29 de mayo de 2017

Otro tatuaje

- Y pensar que dije que solo tendría uno; pero me hice un segundo tatuaje porque ocurrió lo siguiente: ‘Volverme adicto a los mismos’.
Al salir de la academia, porque ya había dejado el diseño de moda y vuelto de un viaje romántico resolví ir a la nueva tienda de tatuajes, ubicada cerca a mi casa -vaya usted a entender con claridad a lo que se refieren como el destino-.
Junto a mi ex buen amigo Kersy, que en la actualidad se hace llamar Kendall -y vaya usted a entender la razón de su alejamiento-fuimos a María Tattoos y entramos con timidez siendo recibidos por una guapa joven repleta de tatuajes, la cual me causó una agradable impresión, por lo que de inmediato quise que fuera ella quien me pintara la piel. Kersy no tuvo las mismas impresiones, se sentó a un lado, encendió un cigarrillo y añadió, ¿Qué te vas a hacer? Le dije, a Goku en super saiya tres y se empezó a reír.
Idolatras Dragon Ball, dijo con cierto asombro; la chica, al oírnos, sugirió algunos diseños en su celular; pero le dije que tenía la imagen de uno en mi bolsillo.
Tras calcar y hacer su respectiva chamba me dio un precio, el mismo que acepté con naturalidad, no quería negociar, el precio resultaba justo para el tremendo diseño. Además, esa linda mujer iba a tatuarme.
Aquí viene una extraña sensación que con el tiempo fui entendiendo, mi amigo, el entonces Kersy, dijo con cierta molestia: ¿Va a tatuarte la chica? Yo pensaba que un tipo.
Ella respondió: El local es María Tattoos, yo soy María. Me sonrió tras responder con ironía y esa sonrisa, les juro, me encantó.
Creo que tu amigo se pone celoso, añadió al instante y sonreí sin entender que realmente hablaba en serio.
¿Empezamos? Por supuesto, le dije. Se oyó el sonido de la maquina y empezó a pintar mi pierna.
Claro que Kersy se asomó para observar emulando al chavo del 8 cuando Don Ramón martilla. María, lo veía de rojo como quien dice con la mirada ‘Ya pues, déjame trabajar’ pero mi amigo se mantenía
en su obstinada posición y ella en un giro completamente gracioso le daba la espalda; aunque nuevamente él encontraba la forma de mirar. Así estuvimos por varios minutos, hasta que, cansada del mirón, le dijo con sutileza: Puedes, por favor, no desconcentrarme.
La chica tenía su carácter -y usted entenderá que a este hombre le fascinan las mujeres con autoridad-.
Me reservé la sonrisa, no quería que me dijera algo como, ¿te causa gracia algo? Vi a Kersy y le hice una seña para que me diera un cigarrillo, lo hizo al instante y comencé a fumar para calmar el dolor, que, de hecho, algunas veces resulta estimulante.
Fueron pasando las horas, el buen Kersy se hallaba regado en el sillón, ya dormido por haberse levantado temprano para ir a sus clases de teatro, babeando como un bebe y soñando que es Kendall -de hecho, esto lo agrego porque suena gracioso, yo nunca supe que quería ser ella-.
Teniendo a mi amigo dormido y cansado de escuchar las noticias en la televisión, quise conversar con la chica. No lo había hecho porque me sentí intimidado, conozco a personas que se meten en su trabajo y no les gusta que nadie los moleste -usted lector entenderá que yo soy uno de ellos, reniego cuando estoy escribiendo y tocan mi puerta-.
Y dime, ¿desde cuándo tatúas? Fue una pregunta ligera.
Tardó un minuto en responder y lo hizo de la siguiente manera: Detuvo la máquina, me vio con sus ojos negros como un laberinto infinito, noté el piercing en su ceja izquierda y respondió: Hace como ocho años.
No hubo dudas. ¡Me había enganchado con esa mujer!
Y, ¿es tu local propio?
¡Mermelada! Que pregunta tan estúpida.
Sí. Antes trabajé con unos amigos; pero ahora estoy sola, es mejor. Tú sabes, uno debe independizarse. Como los cantantes, pasan tiempo en bandas y luego son solistas.
Interesante ejemplo el de los cantantes, pensé.
Antes que dijera algo, preguntó, ¿a qué te dedicas?
María, al parecer, tendría sus treinta y pico, yo a la justa llegaba a los veintidós y mi modo de vestir, además del peinado y el morral lleno de cuadernos, evidenciaban que era un irresponsable académico; por esa razón, no había forma de mentir. De decir, ‘trabajo en tal lugar’ podría llegar a ser dubitativo, entonces, no quedó otra que ser franco; pero ambiguo.
Estudio. Y Cuéntame, ¿tienes tatuajes?
La pregunta no fue obvia, -aunque tal vez- pero, pues, ella respondió: Sí, solo dos.
Ya te alcancé, le dije con humor.
Volvió a sonreír; pero lo hizo mientras tatuaba, yo vi las marcas de sus mejillas, sonrió porque le causó gracia mi cojudo comentario.
¿Cómo es que te llamas? Dijo de pronto.
Bryan.
¿Ryan?
No, Bryan.
Entonces, eres Ryan.
Ya, sí, soy Ryan.
El sonido de la maquina no la dejó escuchar bien.
No sé si era mala o buena suerte, pero el tatuaje iba culminando. Entonces, debía de preguntarle por su celular antes de que me cubriera el arte para su protección, en ese trámite iba a pedirle el teléfono y anotarlo al instante; pero entonces ocurrió lo impensado.
Kersy despertó y dijo: ¿Ya terminaron?
No sé porque; pero no me sentía en confianza para hablar con María teniendo a Kersy prendido en la charla. Era como si alguien me estuviera espiando.
Era una sensación extraña, no quería sentirla; pero cuando quise volver a entablar conversación y de una vez sacarle el celular, vi como ese tipo me miraba, tal vez, pensando que soy su propiedad o algo así, debo confesar que hasta entonces no sabía acerca de orientación sexual -usted lector, sabrá que a veces uno suele ser algo ingenuo- pero no lo era para entablar charlas con chicas, por eso, ya sabiendo que se terminaba el trabajo, dije con total seguridad.
¿Me das tu cel? Tal vez podamos charlar con otro tatuaje.
¿Qué? ¿Piensas hacerte otro? ¡Bryan Orlando! Por favor, eh. No hagas que me enoje.
Era Kersy cuya actitud incentivó mis sospechas. María, tras una sonrisa de asombro, dijo: Ve Bryan, tu marido esta celoso.
Pagas en caja, por favor.
No soy Bryan, soy Ryan. Ah, no, si, Bryan.
Como sea, ve con tu chico.
Al menos me quedó un precioso tatuaje de Goku en super saiya tres y no volví a María Tattoos, no porque me haya dado vergüenza, sino porque cerró.
La razón me la dio un amigo cercano que le gusta andar por la calle de ocho de la mañana a ocho de la noche, este, en su caminar vio como un escuadrón de oficiales sacaba a la chica esposada y detrás a unos tipos con rostro complicado. Escuchó que todos decían, ‘no solo era una tienda de tatuajes, también vendían drogas’.
Al contarme, lejos de impresionarme por todo, le dije: Si hubiera salido con ella, me hubiera vuelto narco.
Ya era demasiado tarde para agradecerle a Kersy su extraña actitud de esa tarde, pues, ahora, era Kendall.

Fin

sábado, 20 de mayo de 2017

Mi primer tatuaje

- Me gustan los tatuajes, sobre todo por el significado que uno le otorga. Mi historia con ellos empezó en el 2007, yo tenía 20 años, acababa de regresar de Tacna y Arica tras una inminente ruptura y quería hacer algo distinto en señal de rebeldía. La idea del tatuaje siempre la tuve; pero no llevaba fuerza. Sin embargo, al llegar a Lima le dije a una amiga lo que haría, ella accedió en acompañarme y fuimos a una tienda en Miraflores, recuerdo que durante el camino recibí un mensaje de texto de otra ex novia que decía lo siguiente: Vi en tu HI5 que estas en Lima, ¿Cuándo me visitas? Ese mensaje tomará fuerza en las próximas horas.
El tatuaje me dolió, lo hice en la pierna, fue mi firma ‘B3’ y es un símbolo que he usado por años.
Tras salir de la tienda -de hecho, sangrando y cojeando exageradamente- resolví hacer una llamada. Para esto ya me había despedido de mi amiga.
Llamé a la ex que me envió el mensaje contándole lo sucedido. Se preocupó de una manera asombrosa y dijo que fuera a su casa. Fui y me atendió como un rey.
Recuerdo que lavó mi pierna con agua y jabón, me hizo masajes echado en el mueble de su sala y de repente, tanta amabilidad tuvo sus frutos, nos empezamos a besar apasionadamente y me olvidé del dolor y el tatuaje durante el tiempo que… bueno, ya saben.
Sus padres llegaron media hora después, de atraparnos haciendo gimnasia en el mueble nuevo, hubiera sido terrible. Por suerte, trajeron pollo a la brasa y yo que andaba con un filo de aquellos le di vuelta a la pechuga.
Ahora que recuerdo, les caía bien a sus viejos, ella y yo duramos cuatro o cinco meses, me conocieron poco; pero llegué a caer bien. Tal vez porque soy amable, cortes y no hablo mucho.
Todo andaba bien hasta que llegué a mi casa. Mi vieja me hizo un espectáculo, que te vas a morir de Hepatitis A, B, C, D y E.
Lo bacán fue al día siguiente en clase, estudiaba Diseño de moda (no tengo idea de porqué, aunque era el único hombre del salón, tal vez fue por eso). La cuestión es que no dejaron de admirar mi pierna tatuada.
En un dato particular, en un momento dije: Bueno, solo pienso hacerme un tatuaje.



Fin