- Las personas deberían disfrutar del amor en todo su esplendor en lugar de andar cuestionando al mismo. Los escritores nos encargamos de cuestionar, profundizar y trasladarlo todo al papel. Luego, lo gozamos.
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lunes, 4 de enero de 2016
El sueño de ser leído
- Estuve leyendo la biografía de Coehlo, me sorprendió la cantidad de libros que vende y en las lenguas que se traducen (griego, árabe). Tuve un conato de envidia sana y me eché a reír escandalosamente cuando en una parte vi: Ha vendido 70 millones de ejemplares de una obra (que no he leído). Pensé, vendí 1000 libros y fui feliz y a este señor lo leen de todo el mundo.
Nadie en casa ha leído mis libros, mi pareja no termina el manuscrito que le pasé y este sujeto vende hasta en chino. Nuevamente me dio por reír y no me detuve, fue un ataque de risa.
El par de libros que leí no me gustaron; sin embargo, a millones, sí, por eso no lo critico severamente, es más, ya quisiera que me lean tantos como a él porque la mayoría de escritores queremos ser leídos.
Al final, luego de la risa desenfrenada porque me gusta ver las situaciones con humor (tampoco voy a coger fósforo y quemarme con mis obras jaja) resolví motivarme, que es lo mejor que puedo realizar y lo hago siempre.
Además, alucinar que alguna vez 100 millones tendrán mi libro y me fui a dormir con esa imagen.
-El sueño de ser leído por la mayor cantidad de personas es mi constante motivación-
Fin
Nadie en casa ha leído mis libros, mi pareja no termina el manuscrito que le pasé y este sujeto vende hasta en chino. Nuevamente me dio por reír y no me detuve, fue un ataque de risa.
El par de libros que leí no me gustaron; sin embargo, a millones, sí, por eso no lo critico severamente, es más, ya quisiera que me lean tantos como a él porque la mayoría de escritores queremos ser leídos.
Al final, luego de la risa desenfrenada porque me gusta ver las situaciones con humor (tampoco voy a coger fósforo y quemarme con mis obras jaja) resolví motivarme, que es lo mejor que puedo realizar y lo hago siempre.
Además, alucinar que alguna vez 100 millones tendrán mi libro y me fui a dormir con esa imagen.
-El sueño de ser leído por la mayor cantidad de personas es mi constante motivación-
Fin
domingo, 3 de enero de 2016
Mis libros
- Publiqué mi primer libro “Mis demonios y yo” en el 2010 (fue una auto publicación). Dos años después, maduro y sereno, hice “Una noche, una musa y un teclado” con una editorial independiente logrando estar en librerías, ferias, algunas charlas y con la satisfacción de enviarlo al extranjero (actualmente quedan muy pocos ejemplares). Actualmente, trabajo en la logística de “La última tarde” obra que escribí luego de haber estudiado en diversos cursos y talleres. En lo personal, es el mejor libro que he escrito hasta ahora, más que todo por lo honesta que es la historia.
Si todavía no lo publico es porque quiero realizar todo con calma y que al momento de salir al mercado pueda ser el pasaje al estrellato.
Si todavía no lo publico es porque quiero realizar todo con calma y que al momento de salir al mercado pueda ser el pasaje al estrellato.
Asesino de ratas
- Me considero una persona tranquila, no le hago ningún daño a nadie, trato de llevarme bien con las personas de mi entorno y manifiesto constante cariño a mis amigos y familiares; sin embargo, a unas cuadras de casa habita un tumulto de sujetos haraganes y malhechores, a quienes suelo saludar, únicamente, para que no choquen, con esto quiero decir, para que no me roben y recuerden mi rostro a pesar que se encuentren con toxinas en el cuerpo.
Admito que los detesto y por eso el saludo nunca contiene una sonrisa y siempre se trata de un mero ademán de mano elevada o a veces de cejas. En bastantes ocasiones he bromeado junto a mi chica que me gustaría rentar una de esas ametralladoras y acabar con la existencia de esa jauría. Siempre acoto que le haría un bien a la sociedad y ella, entre risas, aclara que no me falta razón. Ella lo dice, naturalmente, como algo que siente; pero no se da cuenta que cada vez que pasamos por el mismo lugar y los vemos drogándose o haciendo chacota, me inspira a realizar dicha empresa. No soy capaz de llamarla locura, diría que sería un acto social extraordinario, mucho mejor que ir a un pueblo joven para donar alimento y juguetes.
No le he confesado a nadie que estuve analizando dicha empresa, lo pensé en las madrugadas de resaca, en donde los muñecos no me dejan dormir y me profundizo en un abismo repleto de reflexiones y análisis de todo índole; aunque, como casi todas las mañanas, despierto con una sonrisa en el rostro y sin ánimos de acabar con la lacra de la sociedad. Sin embargo, ocurrió la gota que derramó el
vaso.
Pasaba con mi chica por el mismo lugar debido a que tengo que dejarla en su casa como todo buen novio y no existe otro camino que fuera aquel. La mala fortuna siempre apremia y debo contemplar sus desdichados rostros, los cuerpos, a veces, inertes por tanta cocaína y la sonrisa desfigurada por tanta pasta. Debería acabar con todos, preciosa, le comento de un modo sobrio, no tan humorístico como antes, ella calla y yo sigo, no solo porque los odie, sino porque les haría un bien. Ella se detiene en la tienda, no ha hecho caso a mis palabras, son a las que le tengo acostumbrada cada vez que pasamos por su desagradable presencia; pero, de repente, un faltoso, desesperado por consumir lo que su compinche realiza cerca, corre a velocidad -ante mi asombro porque pensé que no le serviría el físico- e impacta con mi pareja, quien cae al suelo y se golpea. Ni siquiera se percata de ese hecho, no ofrece disculpas ni la mano, yo levanto a mi chica enojado; pero más preocupado y miro al tipo de reojo. No es una mirada que espera un perdón, tampoco voy a ir y propinar un golpe, podría hacerlo y podrían venir todos a golpearme, perdería al ser cantidad. Lo que pienso es la canalización completa de mi odio y en ese instante, de tener dicha arma, los acabaría sin dudarlo. No obstante, me detengo a pensar, un par de segundos y recuerdo a mi chica y familia, quienes pagarían las consecuencias de mi brutal y salvaje; aunque categórico y de seguro socialmente bueno, acto de asesinato; pero diría mejor, acto de catarsis para la sociedad.
De cualquier manera para todas las madres de dichas ratas, ellos son unos angelitos. El plan no debe ser impulsivo, lo pienso mientras abrazo a mi chica y observo al grupo armar su porro.
No será fácil conseguir una AK 47; pero sí un arma con silenciador. Ya lo estoy pensando con claridad, mi chica se aferra a mis brazos, dolida y con lágrimas, me da rabia; pero a la vez, sabiendo que podría pasar por alto el hecho, prefiero y continúo aferrándome a la idea de acabar con todos, con dicha sarta de malandrines y drogadictos cuyo único propósito en la vida es la vacía existencia y alguien podría levantar la mano y decir, pero es su vida, a nadie le importa y no es que el argumento no fuese válido, es solo que necesito asesinarlos para acabar con la lacra de la zona donde vivo y tener una catarsis.
A la mañana siguiente me adentro en los pasajes de un terrible lugar de la capital, no he venido jamás; pero tengo dinero, puedo hacer mucho con dinero. Me abro camino junto a un tigre (no voy a mencionar su nombre) y llegamos a un cuarto que apesta a mierda. Allí se encuentran dos sujetos, un negro y un tipo sobrio; aunque, quien me ha traído dice que está duro.
Pregunta por lo que quiero, el tigre le da el dato, resuelve meterse a una especie de habitación que divide una vieja cortina y el negro me entrega un paco de cocaína. Métete unos tiros, dice con seriedad.
Resuelvo hacer caso a su petición y enseguida aparecen los dos tipos con una bolsa negra.
Arma y silenciador, dice y le entrego el dinero.
Ni tú ni yo nos conocemos, dice son solemne seriedad y nos retiramos.
El tigre desaparece poco antes de darle los rayos del sol y yo aclaro que debo apresurarme, por ello, detengo un taxi y arribo a un lugar céntrico.
Por la noche recibo la visita de mi novia, quien olvidando los sucesos de ayer, se siente resplandeciente, entonces, hacemos el amor luego de ver una película. Preparamos algo de cenar tiempo después y nos echamos sobre la cama para descansar.
Es fin de semana, le propongo que se quede a dormir, acepta gustosa y al quedar dormida, alrededor de las tres de la madrugada, bebo un sorbo de la botella de whisky que abrimos; pero no consumimos en su totalidad y me alisto.
La calle está desierta, pienso al abrir la puerta. Camino con tranquilidad por otro sendero y en medio del mismo enrosco el silenciador en el arma.
Aparezco por la esquina sabiendo que el restaurante de comida rápida y la tienda se encuentran cerradas y observo a los tipos, que por suerte, se hallan en su totalidad, desparramados en la esquina donde está el teléfono público, tirado y sentados, drogados e intoxicados, tal cual muertos vivientes y me voy acercando sigilosamente viendo todo a mi alrededor.
Intento verlos a los ojos antes de presionar el gatillo; pero los mismos se hallan desorbitados, los aniquilo, uno por uno, presionando dos a tres veces; aunque me hubiera gustado darles únicamente en la cabeza, siento que disfruto disparando en distintas partes del cuerpo y por más que tardo y doy vueltas entres los cadáveres, curiosamente, parezco uno de ellos, por el atuendo de capucha y pantalones oscuros, quizá, si alguien me ve, se confunda.
Ellos siguen como estaban; pero ahora no solo están regados en la acera, sino están llenos de agujeros.
Sonrío al saber que he terminado; pero oculto esa sonrisa con la palma de la mano y me marcho con calma.
Arrojo el arma a un basural sabiendo que al amanecer el camión llegará y destruirá la evidencia en la moledora. Enseguida, regreso a casa, me quito la ropa y la coloco en un par de bolsas negras.
Después de una larga ducha de agua helada resuelvo volver a la cama acomodándome al lado de mi chica, quien, ante mi asombro, pregunta somnolienta, ¿Ya acabaste con ellos?
A la mañana siguiente, el camión de basura pasa por mi casa y arrojo la bolsa de ropa junto a otros desperdicios, caen directo en el fondo y se trituran ante mi mirada brillosa.
Mi novia prepara el desayuno cuando entro a casa, sonríe como si todo lo que hubiera sucedido fuese tan solo una noche mágica.
Empieza el espectáculo rato después, el chisme corre más rápido que el viento. Hubo un asesinato, una feroz matanza, empiezan a contar los vecinos y aunque las madres de los muertos dictan que son angelitos, yo empiezo a reír mientras me lavo los dientes.
No hubo testigos, nadie vio nada, la zona está mejor y la gente camina con calma. No quiero que nadie me agradezca; aunque, mi novia, quien lo sabe todo, nunca he vuelto a mencionar el tema, eso me gusta de ella, su discreción para con mis secretos.
Admito que los detesto y por eso el saludo nunca contiene una sonrisa y siempre se trata de un mero ademán de mano elevada o a veces de cejas. En bastantes ocasiones he bromeado junto a mi chica que me gustaría rentar una de esas ametralladoras y acabar con la existencia de esa jauría. Siempre acoto que le haría un bien a la sociedad y ella, entre risas, aclara que no me falta razón. Ella lo dice, naturalmente, como algo que siente; pero no se da cuenta que cada vez que pasamos por el mismo lugar y los vemos drogándose o haciendo chacota, me inspira a realizar dicha empresa. No soy capaz de llamarla locura, diría que sería un acto social extraordinario, mucho mejor que ir a un pueblo joven para donar alimento y juguetes.
No le he confesado a nadie que estuve analizando dicha empresa, lo pensé en las madrugadas de resaca, en donde los muñecos no me dejan dormir y me profundizo en un abismo repleto de reflexiones y análisis de todo índole; aunque, como casi todas las mañanas, despierto con una sonrisa en el rostro y sin ánimos de acabar con la lacra de la sociedad. Sin embargo, ocurrió la gota que derramó el
vaso.
Pasaba con mi chica por el mismo lugar debido a que tengo que dejarla en su casa como todo buen novio y no existe otro camino que fuera aquel. La mala fortuna siempre apremia y debo contemplar sus desdichados rostros, los cuerpos, a veces, inertes por tanta cocaína y la sonrisa desfigurada por tanta pasta. Debería acabar con todos, preciosa, le comento de un modo sobrio, no tan humorístico como antes, ella calla y yo sigo, no solo porque los odie, sino porque les haría un bien. Ella se detiene en la tienda, no ha hecho caso a mis palabras, son a las que le tengo acostumbrada cada vez que pasamos por su desagradable presencia; pero, de repente, un faltoso, desesperado por consumir lo que su compinche realiza cerca, corre a velocidad -ante mi asombro porque pensé que no le serviría el físico- e impacta con mi pareja, quien cae al suelo y se golpea. Ni siquiera se percata de ese hecho, no ofrece disculpas ni la mano, yo levanto a mi chica enojado; pero más preocupado y miro al tipo de reojo. No es una mirada que espera un perdón, tampoco voy a ir y propinar un golpe, podría hacerlo y podrían venir todos a golpearme, perdería al ser cantidad. Lo que pienso es la canalización completa de mi odio y en ese instante, de tener dicha arma, los acabaría sin dudarlo. No obstante, me detengo a pensar, un par de segundos y recuerdo a mi chica y familia, quienes pagarían las consecuencias de mi brutal y salvaje; aunque categórico y de seguro socialmente bueno, acto de asesinato; pero diría mejor, acto de catarsis para la sociedad.
De cualquier manera para todas las madres de dichas ratas, ellos son unos angelitos. El plan no debe ser impulsivo, lo pienso mientras abrazo a mi chica y observo al grupo armar su porro.
No será fácil conseguir una AK 47; pero sí un arma con silenciador. Ya lo estoy pensando con claridad, mi chica se aferra a mis brazos, dolida y con lágrimas, me da rabia; pero a la vez, sabiendo que podría pasar por alto el hecho, prefiero y continúo aferrándome a la idea de acabar con todos, con dicha sarta de malandrines y drogadictos cuyo único propósito en la vida es la vacía existencia y alguien podría levantar la mano y decir, pero es su vida, a nadie le importa y no es que el argumento no fuese válido, es solo que necesito asesinarlos para acabar con la lacra de la zona donde vivo y tener una catarsis.
A la mañana siguiente me adentro en los pasajes de un terrible lugar de la capital, no he venido jamás; pero tengo dinero, puedo hacer mucho con dinero. Me abro camino junto a un tigre (no voy a mencionar su nombre) y llegamos a un cuarto que apesta a mierda. Allí se encuentran dos sujetos, un negro y un tipo sobrio; aunque, quien me ha traído dice que está duro.
Pregunta por lo que quiero, el tigre le da el dato, resuelve meterse a una especie de habitación que divide una vieja cortina y el negro me entrega un paco de cocaína. Métete unos tiros, dice con seriedad.
Resuelvo hacer caso a su petición y enseguida aparecen los dos tipos con una bolsa negra.
Arma y silenciador, dice y le entrego el dinero.
Ni tú ni yo nos conocemos, dice son solemne seriedad y nos retiramos.
El tigre desaparece poco antes de darle los rayos del sol y yo aclaro que debo apresurarme, por ello, detengo un taxi y arribo a un lugar céntrico.
Por la noche recibo la visita de mi novia, quien olvidando los sucesos de ayer, se siente resplandeciente, entonces, hacemos el amor luego de ver una película. Preparamos algo de cenar tiempo después y nos echamos sobre la cama para descansar.
Es fin de semana, le propongo que se quede a dormir, acepta gustosa y al quedar dormida, alrededor de las tres de la madrugada, bebo un sorbo de la botella de whisky que abrimos; pero no consumimos en su totalidad y me alisto.
La calle está desierta, pienso al abrir la puerta. Camino con tranquilidad por otro sendero y en medio del mismo enrosco el silenciador en el arma.
Aparezco por la esquina sabiendo que el restaurante de comida rápida y la tienda se encuentran cerradas y observo a los tipos, que por suerte, se hallan en su totalidad, desparramados en la esquina donde está el teléfono público, tirado y sentados, drogados e intoxicados, tal cual muertos vivientes y me voy acercando sigilosamente viendo todo a mi alrededor.
Intento verlos a los ojos antes de presionar el gatillo; pero los mismos se hallan desorbitados, los aniquilo, uno por uno, presionando dos a tres veces; aunque me hubiera gustado darles únicamente en la cabeza, siento que disfruto disparando en distintas partes del cuerpo y por más que tardo y doy vueltas entres los cadáveres, curiosamente, parezco uno de ellos, por el atuendo de capucha y pantalones oscuros, quizá, si alguien me ve, se confunda.
Ellos siguen como estaban; pero ahora no solo están regados en la acera, sino están llenos de agujeros.
Sonrío al saber que he terminado; pero oculto esa sonrisa con la palma de la mano y me marcho con calma.
Arrojo el arma a un basural sabiendo que al amanecer el camión llegará y destruirá la evidencia en la moledora. Enseguida, regreso a casa, me quito la ropa y la coloco en un par de bolsas negras.
Después de una larga ducha de agua helada resuelvo volver a la cama acomodándome al lado de mi chica, quien, ante mi asombro, pregunta somnolienta, ¿Ya acabaste con ellos?
A la mañana siguiente, el camión de basura pasa por mi casa y arrojo la bolsa de ropa junto a otros desperdicios, caen directo en el fondo y se trituran ante mi mirada brillosa.
Mi novia prepara el desayuno cuando entro a casa, sonríe como si todo lo que hubiera sucedido fuese tan solo una noche mágica.
Empieza el espectáculo rato después, el chisme corre más rápido que el viento. Hubo un asesinato, una feroz matanza, empiezan a contar los vecinos y aunque las madres de los muertos dictan que son angelitos, yo empiezo a reír mientras me lavo los dientes.
No hubo testigos, nadie vio nada, la zona está mejor y la gente camina con calma. No quiero que nadie me agradezca; aunque, mi novia, quien lo sabe todo, nunca he vuelto a mencionar el tema, eso me gusta de ella, su discreción para con mis secretos.
sábado, 2 de enero de 2016
El amor no es sacrificio, es convicción
- Que irresponsables son algunos al afirmar lo siguiente: Si estamos destinados a estar juntos, el destino o la vida nos unirá.
Le entregan la responsabilidad a la vida, quien debe andar ocupada resolviendo otros asuntos.
Si ella o él viven o se encuentran a cientos de kilómetros, ¡Ve a verla! Tengan la convicción de subir al bus o al avión e ir en su búsqueda para converger en un abrazo o un beso.
A veces vive a pocas cuadras y ni siquiera tienen las agallas para tocar el timbre de su casa. Estúpidamente se autodenominan orgullosos.
Si no tienes dinero para el pasaje, ¡Trabaja! Y no digas que no tienes tiempo porque es solo una excusa, ¡Uno se crea su propio tiempo!
Luego se deprimen cuando ven a una pareja abrazarse sobre la banca de un parque, envidian a quienes se dan un beso bajo la lluvia, desean lo que la novia(o) de su amigo(a) tiene y puede gozar de su presencia siempre. Envidian a quienes van al cine o al café o restaurante con su novia(o) al lado. Detestan las trece más uno de febrero y hasta exigen un milagro que hiciera aparecer mágicamente a esa persona, hasta oran para que suceda, como si Dios tuviese tiempo para esas cosas.
El amor se trata de convicción, de convertir todo lo que afirmas sentir en acciones, de evitar decir tantas veces te extraño y abordar ese avión o subir a ese bus e imaginar un futuro encuentro con una sonrisa de oreja a oreja mientras avanza el transporte.
Diferencias acerca de ideales, familiares, sociales, todo se resuelve con convicción, con las ganas que ese amor -que tantas veces afirmas sentir- inculca en ustedes para realizar lo que sus corazones gritan y sus cuerpos exclaman. Si todo fuese, verdaderamente, por amor, entonces no tendría que escribir esto.
Esto no solo se trata del amor a distancia, también de esas relaciones en donde la familia de la otra mitad afecta la relación -y uno se pregunta, ¿Por qué? Si amar es libre- de igual manera sobre diferencias sociales, que me parece mera estupidez.
Le entregan la responsabilidad a la vida, quien debe andar ocupada resolviendo otros asuntos.
Si ella o él viven o se encuentran a cientos de kilómetros, ¡Ve a verla! Tengan la convicción de subir al bus o al avión e ir en su búsqueda para converger en un abrazo o un beso.
A veces vive a pocas cuadras y ni siquiera tienen las agallas para tocar el timbre de su casa. Estúpidamente se autodenominan orgullosos.
Si no tienes dinero para el pasaje, ¡Trabaja! Y no digas que no tienes tiempo porque es solo una excusa, ¡Uno se crea su propio tiempo!
Luego se deprimen cuando ven a una pareja abrazarse sobre la banca de un parque, envidian a quienes se dan un beso bajo la lluvia, desean lo que la novia(o) de su amigo(a) tiene y puede gozar de su presencia siempre. Envidian a quienes van al cine o al café o restaurante con su novia(o) al lado. Detestan las trece más uno de febrero y hasta exigen un milagro que hiciera aparecer mágicamente a esa persona, hasta oran para que suceda, como si Dios tuviese tiempo para esas cosas.
El amor se trata de convicción, de convertir todo lo que afirmas sentir en acciones, de evitar decir tantas veces te extraño y abordar ese avión o subir a ese bus e imaginar un futuro encuentro con una sonrisa de oreja a oreja mientras avanza el transporte.
Diferencias acerca de ideales, familiares, sociales, todo se resuelve con convicción, con las ganas que ese amor -que tantas veces afirmas sentir- inculca en ustedes para realizar lo que sus corazones gritan y sus cuerpos exclaman. Si todo fuese, verdaderamente, por amor, entonces no tendría que escribir esto.
Esto no solo se trata del amor a distancia, también de esas relaciones en donde la familia de la otra mitad afecta la relación -y uno se pregunta, ¿Por qué? Si amar es libre- de igual manera sobre diferencias sociales, que me parece mera estupidez.
¡El amor no es sacrificio, es convicción!
Y si esa otra mitad no realiza lo mismo, si se rinde a medio camino, si se marchitan sus ganas y se siente derrotada(o) y decide abandonar el camino para más adelante -luego de que te alejes- estúpidamente, -¡Sí, estúpidamente! Venga a decir que “nunca la amaste”, siendo lo más insensato que alguien puede llegar a decir.
¡Siéntete bien contigo mismo si eso sucede! No te reproches absolutamente nada, ¡Has dado todo de ti y siéntete orgulloso de eso! Ponte frente al espejo y a pesar que joda, que exista ira y frustración, sonríele a ese ser que miras, ese mismo ser que supo darlo todo y que logró derrotar a la distancia, a las diferencias les encontró soluciones, a las trivialidades las volvió eso, trivialidades y supo a capa y espada hacer que su amor salga victorioso.
No juzgues a quien no supo tener tu misma convicción y no entregues todo por tener el privilegio de sentirte bien contigo mismo, lo das todo por amor y el amor te recompensa con amor.
Pero si aquello no sucede y la convicción de ambos logra ser invencible, el resto se llama felicidad. No te voy a decir que será perfecto, pero sí ideal.
Y si esa otra mitad no realiza lo mismo, si se rinde a medio camino, si se marchitan sus ganas y se siente derrotada(o) y decide abandonar el camino para más adelante -luego de que te alejes- estúpidamente, -¡Sí, estúpidamente! Venga a decir que “nunca la amaste”, siendo lo más insensato que alguien puede llegar a decir.
¡Siéntete bien contigo mismo si eso sucede! No te reproches absolutamente nada, ¡Has dado todo de ti y siéntete orgulloso de eso! Ponte frente al espejo y a pesar que joda, que exista ira y frustración, sonríele a ese ser que miras, ese mismo ser que supo darlo todo y que logró derrotar a la distancia, a las diferencias les encontró soluciones, a las trivialidades las volvió eso, trivialidades y supo a capa y espada hacer que su amor salga victorioso.
No juzgues a quien no supo tener tu misma convicción y no entregues todo por tener el privilegio de sentirte bien contigo mismo, lo das todo por amor y el amor te recompensa con amor.
Pero si aquello no sucede y la convicción de ambos logra ser invencible, el resto se llama felicidad. No te voy a decir que será perfecto, pero sí ideal.
¡El amor existe y depende de dos que por siempre exista!
Recuerda, “El amor no es sacrificio, es convicción”.
Ironías
- Ironías de la vida. Mujeres buscando al hombre ideal y cada fin de semana se acuestan con uno distinto. Nadie te va a tomar en serio si sigues así. El hombre ideal no busca mujeres con ese comportamiento.
Hombres que esperan conocer a una dama, una mujer ideal y afanan a centenares de chicas con los mismos piropos (Copia y pega). ¿Creen que las mujeres son tontas? Nadie te va a tomar en serio con esa actitud.
Personas que hablan acerca del amor como si este fuese un mal, una enfermedad maligna solo porque una persona les rompió el corazón. Te rompen el corazón; pero aprendes, no dejes de creer en el amor, aprende de la experiencia, que por más jodida que fuera, siempre tiene algo que enseñarte.
El amor está hecho para hacernos felices, ese es su objetivo.
Infieles que buscan en cada una de las mujeres con quienes se acuestan lo que la mujer que lo amó y la perdió por infiel le entregaba a diario.
Muchos creen que se conquista una vez, que ser caballero y detallista, amoroso y romántico solo se utiliza hasta llegar al inicio de la relación amorosa y se olvidan de aquello al cuarto o quinto mes de relación. ¡Se enamora siempre! Se mantiene ilusionada y siempre enamorada a la novia, ¿Y si no? Se desenamoran y se van. Simple. (O te pueden dar una oportunidad que debes aprovechar).
Cuando una mujer te diga que no cree en los hombres, sonríe porque esa es tu oportunidad para demostrarle lo diferente que eres. Y cuando un hombre te diga que todas las mujeres son de igual calaña, muéstrate como eres y empezaste a enamorarlo.
Muchos ejercitan el físico; pero no ejercitan el alma. No se enamoran de tus enormes senos y ese trasero de anfitriona de cerveza, se enamora de tu ternura, de tu dulzura, de tu encanto, de tu personalidad.
Llevas en la cartera el maquillaje; pero no te olvides de la dignidad.
Antes de decir te amo, mírate al espejo y di, me amo.
No eres bipolar, tampoco eres rara ni diferente. Solo eres adolescente, tienes gustos peculiares (la forma de vestir, alguna particularidad en el cabello, etc.) o tal vez, tu manera de ver el mundo, a las personas o el hecho de sentir como sientes.
Eres única. Eres único. No diferente, ni raro, único. He allí uno de tus encantos, tal vez, el primordial.
Recuerda que las personas de buenos y sinceros sentimientos siempre encuentran a alguien de sinceros y buenos sentimientos, ¿Sabes por qué? Porque se buscan y se encuentran. Y existen muchas teorías acerca de aquello, a una de ellas, la llaman destino.
Hombres que esperan conocer a una dama, una mujer ideal y afanan a centenares de chicas con los mismos piropos (Copia y pega). ¿Creen que las mujeres son tontas? Nadie te va a tomar en serio con esa actitud.
Personas que hablan acerca del amor como si este fuese un mal, una enfermedad maligna solo porque una persona les rompió el corazón. Te rompen el corazón; pero aprendes, no dejes de creer en el amor, aprende de la experiencia, que por más jodida que fuera, siempre tiene algo que enseñarte.
El amor está hecho para hacernos felices, ese es su objetivo.
Infieles que buscan en cada una de las mujeres con quienes se acuestan lo que la mujer que lo amó y la perdió por infiel le entregaba a diario.
Muchos creen que se conquista una vez, que ser caballero y detallista, amoroso y romántico solo se utiliza hasta llegar al inicio de la relación amorosa y se olvidan de aquello al cuarto o quinto mes de relación. ¡Se enamora siempre! Se mantiene ilusionada y siempre enamorada a la novia, ¿Y si no? Se desenamoran y se van. Simple. (O te pueden dar una oportunidad que debes aprovechar).
Cuando una mujer te diga que no cree en los hombres, sonríe porque esa es tu oportunidad para demostrarle lo diferente que eres. Y cuando un hombre te diga que todas las mujeres son de igual calaña, muéstrate como eres y empezaste a enamorarlo.
Muchos ejercitan el físico; pero no ejercitan el alma. No se enamoran de tus enormes senos y ese trasero de anfitriona de cerveza, se enamora de tu ternura, de tu dulzura, de tu encanto, de tu personalidad.
Llevas en la cartera el maquillaje; pero no te olvides de la dignidad.
Antes de decir te amo, mírate al espejo y di, me amo.
No eres bipolar, tampoco eres rara ni diferente. Solo eres adolescente, tienes gustos peculiares (la forma de vestir, alguna particularidad en el cabello, etc.) o tal vez, tu manera de ver el mundo, a las personas o el hecho de sentir como sientes.
Eres única. Eres único. No diferente, ni raro, único. He allí uno de tus encantos, tal vez, el primordial.
Recuerda que las personas de buenos y sinceros sentimientos siempre encuentran a alguien de sinceros y buenos sentimientos, ¿Sabes por qué? Porque se buscan y se encuentran. Y existen muchas teorías acerca de aquello, a una de ellas, la llaman destino.
Ahora, vaya y bese a su novia, abrace a su novio y sea feliz.
Fin
El globo de helio
- No era una fecha especial, tampoco habíamos discutido el día anterior, mucho menos tenía rato sin engreírla, por eso resultó ser más bonito el hecho de sorprenderla con algún detalle.
La Vaka (Sí, con K) me esperaba como de costumbre en la esquina del centro comercial Polvos Rosados debido a que la oficina donde trabajaba se hallaba detrás del local. Siempre a la misma hora, alrededor de las seis y media o siete se encontraba recostada sobre la pared, con su maletín, el atuendo ideal y la sonrisa brillante.
En dicha ocasión tardé en llegar. Estaba en una florería y no comprando, específicamente, flores, sino un globo de helio con el dibujo de Cowco (la vaca de las tarjetas virtuales de Gusanito) que reflejaba a mi novia. La ubicación del local era la cuadra veinte y tanto de la avenida Caminos del inca y tuve que salir con rapidez para no hacerla esperar; aunque, seguramente, así haya esperado un tiempo importante, el verme con el detalle le hubiera devuelto la sonrisa. Sin embargo, no la hice esperar. Llegué cinco minutos tarde, le envié un mensaje con la leyenda: Estoy a una cuadra. Di la vuelta para converger con su espalda y lograr asombrarla, lo hice de la siguiente manera: Colocando el globo a la altura de mi rostro e hincando su hombro. Ella volteó sorprendida y se asombró aún más al ver su reflejo en el globo. Enseguida, nos echamos a reír, tanto que algunos peatones y compradores nos vieron extrañados; pero el detalle era bonito, por ello también sonrieron o de repente, suspiraron.
Me dio un abrazo y cogió su regalo. Agradeció con un beso y un te amo, mi gordo.
A continuación, nos sujetamos de la mano y empezamos a caminar rumbo al mismo parque de siempre, el que se encontraba a la espalda de Plaza Vea, doblando a la derecha y luego a la izquierda, con un par de bancas y un poste de luz que lo ilumina todo.
Es curioso, hace poco volví a pasar por ese lugar y no lo encontré. De repente, lo demolieron; aunque me gusta pensar que desapareció junto a ella. Pero, en esta historia, no me enfoco en eso, porque recuerdo el lindo detalle del globo de helio con su fotografía impresa y se me escapa un suspiro.
Fin
La Vaka (Sí, con K) me esperaba como de costumbre en la esquina del centro comercial Polvos Rosados debido a que la oficina donde trabajaba se hallaba detrás del local. Siempre a la misma hora, alrededor de las seis y media o siete se encontraba recostada sobre la pared, con su maletín, el atuendo ideal y la sonrisa brillante.
En dicha ocasión tardé en llegar. Estaba en una florería y no comprando, específicamente, flores, sino un globo de helio con el dibujo de Cowco (la vaca de las tarjetas virtuales de Gusanito) que reflejaba a mi novia. La ubicación del local era la cuadra veinte y tanto de la avenida Caminos del inca y tuve que salir con rapidez para no hacerla esperar; aunque, seguramente, así haya esperado un tiempo importante, el verme con el detalle le hubiera devuelto la sonrisa. Sin embargo, no la hice esperar. Llegué cinco minutos tarde, le envié un mensaje con la leyenda: Estoy a una cuadra. Di la vuelta para converger con su espalda y lograr asombrarla, lo hice de la siguiente manera: Colocando el globo a la altura de mi rostro e hincando su hombro. Ella volteó sorprendida y se asombró aún más al ver su reflejo en el globo. Enseguida, nos echamos a reír, tanto que algunos peatones y compradores nos vieron extrañados; pero el detalle era bonito, por ello también sonrieron o de repente, suspiraron.
Me dio un abrazo y cogió su regalo. Agradeció con un beso y un te amo, mi gordo.
A continuación, nos sujetamos de la mano y empezamos a caminar rumbo al mismo parque de siempre, el que se encontraba a la espalda de Plaza Vea, doblando a la derecha y luego a la izquierda, con un par de bancas y un poste de luz que lo ilumina todo.
Es curioso, hace poco volví a pasar por ese lugar y no lo encontré. De repente, lo demolieron; aunque me gusta pensar que desapareció junto a ella. Pero, en esta historia, no me enfoco en eso, porque recuerdo el lindo detalle del globo de helio con su fotografía impresa y se me escapa un suspiro.
Fin
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