Mi nuevo libro

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Pensamientos

- El amor es hermoso, de hecho, más sublime que hermoso. Te motiva, te mantiene inspirado y te entusiasma a realizar una diversidad de locuras con tal de hacer sonreír a tu pareja.
Amor es compartir momentos juntos, tener conocimiento mutuo de lo que son, a esto acoto, de lo que desean y quieren, también de sus aficiones y pasatiempos, que respetar debes, por supuesto.
Amor es compartir cada uno parte de algo que les apasione y hacerlo, al menos por ese momento, suyo. Es apreciar -nunca criticar, quizá, sugerir- de las habilidades de esa persona, de las cualidades y de las virtudes. Es admirarlas, no necesariamente imitarlas; pero si, fortalecerlas. Hacerle entender que si es bueno para ello debe de hacerlo siempre y si le apasiona compartir esa pasión por más descabellada que sea, ¿Qué pasión no suele serlo? Y que mejor si a quien amas te apoya en ello. Entonces, eso que llamas utopía, se acerca infinitamente a la realidad, porque te mueve la fuerza del amor y recuerdo mi primera frase, el amor te motiva. Por ende y sin ser redundante, cuando estas motivado lo puedes todo.
El amor puede sentirse a cualquier edad, no existe un punto en la vida donde sabes si amas o no, mucho menos te lo puede señalar alguien, uno mismo sabe cuando ama. Bueno, dos, también la otra persona.
Siempre he creído que te puedes enamorar a cualquier edad, de quien sea, si es honesto y si lo demuestras de un modo sincero, entonces es amor. De hecho que el amor muta, cambia, avanza, madura, crece y cuando te vuelves a enamorar más adelante lo haces de un modo distinto, más sensato; pero que nunca sea menos sublime. ¡Que siempre sea sublime! El amor nunca debe dejar de ser sublime. Si te enamoraste a una edad y lo hiciste sublime, si te enamoras más adelante y piensas que la madurez del amor no es ser sublime, haces mal, porque la madurez es que sea sensato, sin dejar de ser sublime.
A mí me gusta decir que el amor junta diferencias. El ser distintos es genial, en una relación de pareja uno aprende de cada uno, las dos partes emprenden un gran aprendizaje.
Ella con sus aficiones y pasatiempos, yo con los míos, ella aprende de los míos y yo los de ella, estupendo, ¿Verdad? Esa hace una pareja.
El amor nos hace uno, dos corazones que palpitan al mismo tiempo, dos personas que observan el mismo horizonte, dos sueños que van en la misma dirección.
De hecho, siempre digo que cada uno puede tener su sueño personal; pero al final, la idea es converger los dos en uno que sea el que llaman, nuestro.
Por ejemplo, ella modista, uno abogado, van en direcciones distintas; pero juntos. Una gran diseñadora, un buen abogado, casados y con hijos.
La idea es mantener la llama encendida, no dejar de soñar y a la vez vivir el día a día juntos. Pasar el tiempo unidos, realizando cualquier quehacer, como el hecho de ver televisión, un repetitivo programa o una película de sus favoritas o de las tuyas, comiendo algo que prepararon juntos o que compraron al delivery. Es posible que se repitan los días, que puedan realizar lo mismo un tiempo; pero si le dan emoción a la rutina deja de ser rutina, se vuelve un día diferente cada día. Entregarle emoción, es lo importante.
Claro está que logran planear un viaje o una salida y cambiar todo el esquema haciendo algo distinto, todo depende de los tiempos y los acuerdos, al final, son pareja y acordar algo siempre va a resultar.
El amor siempre triunfa, no hay peros ni razones, solo ganas y motivaciones. Detalles que enamoran, que alimentan amores, que no deben faltar, de cualquier sentido o manera o forma, no deben ausentarse. Disfruta de dar y recibir detalles que es una manera de decir lo que sientes.
Obviamente nunca dejes de decirle te amo, cuan hermosa se ve hoy, qué lindo le queda dicho suéter, vestido, etc. O recordarle el aniversario, tal vez, cumplir dicha promesa y hacerla sonreír, entre tantas cosas que podrían robar sonrisas.
La idea es hacer todo para ser el mejor recuerdo.
El secreto es nunca llegar a ser ese recuerdo.

Fin



Viernes por la noche

- Alrededor de las siete de la noche, a veces poco antes, terminada la jornada futbolística de quienes llamábamos “grandes”, le seguíamos nosotros. Entrábamos a la cancha inmediatamente después de verlos alejarse. Previo a ello, nosotros jugábamos en el pasto teniendo distintas dificultades, no tanto geográficas porque lo hacía divertido el lidiar con árboles, arbustos y acera, inclusive, dos árboles y dos arbustos formaban un arco.
Nuestro problema era el viejo espantoso e inmortal (digo esto último porque sigue con vida a pesar de tener como 200 años) de apodo ALF (apelativo que le pusimos y quedará por siempre). Era mi enemigo y siempre intentó despojarnos del parque (con el tiempo comprendí que tenía razón, él solía regarlo y mantenerlo limpio, nosotros lo arruinábamos jugando pelota). Sin embargo, en ese entonces, en lo único que pensaba era en correr tras una pelota y hacer los goles. Todos pensábamos igual, algunos con más intensidad que otros. Entonces, no cabía en mi cabeza otra cosa que no fuera jugar al fútbol donde fuera, con quienes sea y el tiempo que yo quiera.
Cada vez que los grandes salían de la cancha, nosotros ingresábamos para aliviar la ira de nuestro enemigo.
Cabe resaltar que jugábamos desde la tarde, alrededor de las cuatro o cinco y nos restaba físico para lo que se avecinaba.
A esa hora ya no solo éramos dos equipos de a seis jugadores, sino otros más.
Por una esquina aparecían Los Secuaces dirigidos por Murdock (válgame Dios, nunca creí que ese era su verdadero nombre).
En la otra esquina se asomaban Los Chinos dirigidos por un veterano Jair que podría estar jugando con los grandes; pero resolvía foguearse con los chibolos.
Por último, Los Torpes llegaban para contemplar los cinco equipos.
Ahí era cuando iniciaba la verdadera noche de viernes; únicamente futbolera, sin pensar en otra cosa que no fuera hacer un gol y celebrarlo con creatividad (aunque mayormente imitaban las celebraciones que se realizaban en el entonces campeonato Mundial Francia 1998).
Realizábamos el típico piedra, papel y tijera para saber quienes
jugaban primero. Debo admitir que nunca fui bueno para dichas decisiones, siempre perdía y en mi equipo me reclamaban. Resultaba gracioso como mi arquero, el terrible Sagat, me decía: A la otra yo soy quien elige. No le decía nada porque luego podría engreírse e irse, entonces me quedaría sin arquero.
Yo motivaba a mi personal, siendo el mayor y capitán, tenía que mantenerlos vivos, entusiasmados y con la mente en el juego.
Como siempre, el partido era a 10 minutos o 2 goles, empate salen los 2. Jugábamos a 15 puntos, quien ganaba se llevaba la casada de 50 centavos por cabeza. Yo ponía todo el dinero de mi equipo.
Recuerdo que en algunos casos, cuando uno o algunos de los jugadores de un equipo no tenían dinero, lo reemplazaban con un par de taps de Looney Tunes.
Mi equipo no acostumbra a ser el mejor visiblemente, el resto de los jugadores siempre me reclamó, ¿Por qué eliges a esos jugadores? Haciendo alusión a su pobre, a primera impresión, potencial futbolero; pero debo aseverar como siempre lo hice que me gustaba escogerlos porque estaba seguro de lo que podrían ser capaces de dar. Entre ellos mi delantero Vallesito que en ese entonces metía menos de un metro. Le daba los pases y se lanzaba para anotar, no le importaba nada, solo quería anotar y celebrar. Mi equipo era así, no tan bueno en juego; pero con una garra de aquellas.
Una de mis figuras era Mamarro, jugaba abajo, exactamente cerca al arquero, sacaba todas las pelotas y a veces le ganaba en fuerza a los débiles de Gonzalo y Diego. Tenía mucho coraje para el juego.
Yo era el delantero estrella, me alucinaba Raúl Gonzales. Hacia goles de todo tipo y no le tenía piedad a ningún arquero, es decir; los fusilaba. Muchas veces me dijeron que no debía de pegarle tan fuerte a la pelota; pero empatando el juego y faltando segundos para terminar, ¿Qué podría hacer? Si debía de quemar al arquero, iba a hacerlo. Aparte, a mi equipo le gustaba y cuando hacia los goles a los últimos segundos todos se abrazaban y celebrábamos como locos haciendo que el resto se llenara de cólera.
Cuando nos tocaba jugar empezábamos con el pie izquierdo porque nos amoldábamos al juego. Siempre el equipo de Diego, Bruno y Gonzalo se hacía fuerte y sacaba ventaja, Los Chinos de Jair eran prácticamente, solo Jair, mientras que Los Secuaces, al ser todos mayores (digamos casi de mi edad) podría haber resultado ser un contrincante esplendido; pero eran recontra malos.
Me agradaba que a ellos siempre les gustara venir a jugar, sabían que los viernes por la noche eran de fútbol.
No recalco algo distinto en el otro equipo, no bajaban seguido, cuando lo hacían pensaba que se iban a una fiesta porque venían con jeans y zapatillas de tono, en lugar de ropa adecuada, por ello se paraban resbalando ocasionando la risa del resto.
Así eran los maravillosos viernes durante la temporada 1998, 1999 y algún tiempo del 2000.
Jugábamos al fútbol hasta las diez u once de la noche con una increíble intensidad y euforia.
Luego del campeonato nos quedábamos conversando acerca del fútbol mientras tomábamos gaseosa. Cada quien relataba a su modo las distintas jugadas y los diversos goles que vio e hizo.
Sentados al filo de la cancha, exhaustos, hablábamos también del mundial que transcurría y acordamos con los equipos que se iban que el siguiente viernes volveríamos a jugar.
Era una cita imperdible, nadie tenía cosa mejor que hacer que salir a jugar un viernes por la noche.
¡Qué tiempos aquellos! Lo bonito es que siempre serán recordados.

Fin





domingo, 6 de septiembre de 2015

María

- Debo admitir que he intentado arreglar mi matrimonio a base de fidelidad; aunque se me hizo imposible. Tuve algunas escapadas más y mi mujer no quiso seguir, resolvió el divorcio y en eso estamos ahora. Jamás creí que sería tan costoso y tedioso; pero en fin, que se hace. El chupasangre del abogado y su papeleo me tienen jodido, necesito un desfogue sexual, más que echarme sobre la cama. Diría que no soy tan pintoresco, los años no han pasado en vano para mi cuerpo, llevo una panza que parece una llanta y las canas a diferencia de otros no me hacen más sexy. No obstante, llevo la experiencia y la buena labia, con ello he podido acostarme con algunas jovencitas que se abren por un trago; aunque para ser justos, definitivamente, la mejor fue María. ¿Qué habrá sido de ella? No la veo hace unos dos o tres años, ¿Seguirá rentando el mismo departamento? En la 35 de Aviación, caleta como diría mi sobrino. Esa mujercita siempre estuvo rica, disfrutaba cogérmela a espaldas de mi mujer, quien se acostaba temprano creyendo que estaba en el trabajo. ¡Qué buenos tiempos, carajo! Aunque ahora estoy arrecho y no tengo contactos nuevos en el celular. Tampoco tengo dinero para una ramera, el vampiro de saco y corbata se la lleva fácil y mi ex esposa quiere también su tajada. Entre esos dos huevones me están dejando calato. En fin, ya encontraré un trabajo más rentable que el de andar tras un bendito escritorio digitando documentos.
Por el momento, lo que verdaderamente quiero es una buena chupada. Voy a llamar a María, esa mujer siempre estuvo disponible para mí, no cobra, la chupa rico y lo hace bien, como me gusta, que no digan palabras y que abran bien las piernas.
Chapo micro y llego en treinta minutos, lo mejor es que no tengo que darle explicaciones a nadie, ni responder a las malditas preguntas de madrugada, que donde y con quien estuve y tanta huevada que me tenia jodido.
Se frota las manos y aborda el bus que viene. Sube y le sonríe el cobrador para luego preguntarle si se dirige a la avenida Aviación.
Claro pe’ tío, todo Aviación, dice el boletero.
Nuevamente se frota las manos mientras se acomoda en el asiento.
Hoy vas a ganar, maldito, dice mirándose el miembro viril.
Hace mucho que no me siento tan vivo, parece como si me hubieran quitado un par de décadas de encima.
A medio camino coge el celular y marca su número, se lo sabe de memoria a pesar de haber pasado un buen tiempo sin contacto.
Esa huevona no responde. ¿Qué carajos estará haciendo? Espero que no teniendo su boca ocupada.
Suelta una risotada después del último comentario y escucha al cobrador decir: Tío, ¿Qué cuadra de Aviación? La 35 sobrino.
Es la siguiente, míster. Bajo, entonces, bajo.
Lo primero que hace al descender es cogerse las pelotas y sentir el miembro erecto.
Estoy muy arrecho. Ya quiero ver a esa huevona y darle rico como los viejos tiempos.
¡Carajo! No he comprado el trago. Bueno, luego le pregunto por una licorería. Espero que no se achore la alcohólica de mierda.
Camina algunos metros y encuentra la dirección. Toca el timbre y se abre la puerta. Entra al edificio, esta vez sin preocuparse por los curiosos y soplones. Con confianza y seguridad, inclusive, silbando y contando los escalones, se siente como dijo hace unos minutos, como si le hubieran restado edad.
Buenas tardes, caballero, saluda un muchacho de traje y corbata, perfumado y con ramo de rosas en mano.
Buenas estimado, responde el señor intentando ponerse firme para hacerle frente a tanta galantería; aunque no puede ocultar la prominente barriga ni el malgastado bigote que se maneja.
Ambos suben las escaleras a la par, el joven entró después y convergieron en el segundo nivel.
¿De visita? Pregunta el galán. El tío lo mira de pies a cabeza y responde: Si pues, estimado. Vengo a buscar a una chica.
Que coincidencia, yo hago lo mismo, contesta el muchacho mostrando una perfecta sonrisa. Tendría sus 30 a 33 años a diferencia del señor que le lleva unos diez a quince años.
Ambos siguen subiendo haciéndose diversas preguntas.
Bueno, estimado, yo voy a la 28 y usted no lo sé; pero ahí los vidrios, dice el tío y le estrecha la mano.
Disculpe, señor, yo también voy a la 28, contesta el muchacho.
En ese momento, se abre la puerta del departamento 28 y una joven de unos 35 años, embarazada, de cabello lacio y vestida con un bello atuendo ve a ambos y exclama con euforia: ¡Ricardo de mi vida! Abre los brazos y el muchacho se acerca para abrazarla ante la mirada atónica del señor Valdez.
Querida, este señor vino a visitarte, ¿Lo conoces? Ah sí, es el señor Valdez; pero no se que querrá.
Bueno, te espero adentro. Anda, mi amor y por favor, coloca esas lindas rosas en el florero. El sujeto ingresa y desaparece de la vista de ambos.
¿María, ¿Eres tú, María?
Claro, Iván.
Hace mucho que no nos vemos, cuanto has cambiado, dice e intenta rosar su mano con su piel; pero ella lo evita.
¿Ahora estas fornicando con ese tipo? Pregunta exaltado.
Habla bien, no seas un malcriado, reclama la mujer.
¡Me casé hace unos meses! Dice y muestra el anillo.
Pero, ¿Cómo sucedió eso?
Simple, me harté de la vida que llevaba, de acostarme con idiotas como tú y quise reinventarme. Entonces, me fui de viaje a Cusco y conocí a este buen muchacho argentino que se alejó de su país para también rehacer su vida.
Valdez está sorprendido. Se le fue la calentura y sus fantasías sexuales, hasta llegó a sentirse un verdadero imbécil.
María lo supo al ver que no sabía dónde colocar su mirada.
Son otros tiempos, Iván. La gente cambia, crece y sobre todo madura. Tú deberías hacer lo mismo, ve con tu esposa y haz tu vida, no vivas del pasado.
No quiso decirle que se estaba divorciando por causa de sus constantes infidelidades, hubiera resultado más patético de lo que era en ese instante.
Nena, te estoy esperando, se escuchó de repente.
Parece que me llaman. Espero no volver a verte, Iván.
Cerró la puerta en su cara y Valdez se mantuvo allí por algunos minutos. Luego, dio la vuelta y se fue.
Recapacitó durante el camino de regreso al lugar que renta mientras transcurre el divorcio; pero, aunque quiso retomar su matrimonio, no pudo. Todo estaba consumado.
Las personas crecen, cambian y maduran, pensó mientras transcurría lentamente el tiempo, observando el techo y rodeado de soledad.

Fin

sábado, 5 de septiembre de 2015

Acosadora

- Hoy tengo una cita con mi acosadora, me mandaba correos y no dejaba de llamarme, al principio me gustaba, -existe alguien que se empeña en saber de mí todo el tiempo- pero luego fue volviéndose tormentoso.
Le mandé un correo y le dije para vernos que tengo solo una pregunta para ella: ¿Qué te he hecho? Pienso ofrecerle una disculpa o tal vez hacerle entender que el tiempo ha pasado junto con lo que tuvimos. Afirmo aquello por si se tratase de una ex novia.
Nos veremos en un conocido café. Pienso llegar minutos antes de lo acordado y sentarme a esperarla, es una chica descabellada pero no por eso seré impuntual.
Estoy seguro que irá vestida como me fascina que se vista una mujer, va a llevar un exquisito perfume y glamour al caminar con zapatos de tacón, intentará seducirme sin decir nada, más no llevará escote pronunciado ni dejar visualizar sus senos porque será inútil, nunca me fijo en eso, pero sabe que mi debilidad es el cabello ondulado y es posible que lo tenga suelto.
Es probable que llegue mucho antes y espere al frente viéndome llegar aparentando tranquilidad, -y no me voy a dar cuenta ni tampoco pensar en ese momento en cuántas veces ha estado así afuera de casa u oficina-.
Me sentaré y pediré un cappuccino pero estaré muy nervioso y eso se notará al colocar el azúcar, el temblor en mis manos; pero ella no debe saberlo.
Voy a beber el café sin saber que de repente ha surtido un par de Diazepam para dormirme y el vendedor es su socio. Pienso mucho, me diré a mí mismo e igual lo beberé porque disfruto del cappuccino.
¿Solo dos cucharadas de azúcar? escuché preguntar a una hermosa voz que imposible podría ser tan malvada. Sabe que solo son dos cucharadas. La observo y efectivamente lleva el atuendo ideal, el cabello ondulado y una fragancia exquisita, es el diablo por lo hermoso y despiadado.
Sabe que sé que es hermosa y sabe también que jamás pienso decirlo.
Me conoce más que mi propia madre y entonces, ante mi mirada atónica, enciende el único fetiche que tengo al realizar ese acto maravilloso y estimulante, de haber sido mi novia le hubiese hecho el amor sobre la mesa sin importarme nada; pero sabe lo que vengo y me controlo. Rio de nervioso, sí.
Conozco claramente tus intenciones, deja de jugar y dime: ¿Qué deseas de mí?
Sonríe y me irrita; pero enseguida la veo borrosa al tiempo que caigo inconsciente sobre la mesa.
Abro los ojos y me encuentro sobre su cama, completamente desnudo. Me extraña que no esté amarrado, pienso; pero no logro escapar, ha paralizado mi cuerpo con algún medicamento que introdujo en mí.
Escucho el exquisito sonido de los zapatos de tacón, -me deleito aunque no debería estar sintiendo eso- y se refleja su sombra asomarse.
Me va a castrar, pienso preocupado y lanzo muchas maldiciones; pero no logro gritar, he perdido la voz. Y de inmediato, por alguna extraña razón, logro pensar: Creo que no. ¿Qué podría ganar si me corta el miembro? Ella me desea, no va a ser eso. Aunque por lo mismo que me desea, me quiere solo para ella, viene otro pensamiento.
Se acerca, el sonido de los tacones se oye más fuerte. ¿Cómo me puede estar gustando oír eso en esta situación?, me pregunto- y la siento venir, ese aroma exquisito, Carolina Herrera 666.
Aparece al frente mío y lo primero que le miro son los zapatos, negros de punta y altos. Voy subiendo la mirada y contempló un entallado corset negro, guantes del mismo color y una boina con el símbolo de la esvástica.
No me extraña su atuendo; pero por alguna razón me excita. No tanto como el que tuvo al ir al café; aunque, definitivamente hace volar mi imaginación -que es lo único libre que tengo- y a pesar que quiera moverme y no pueda, siento que así quisiera no podría irme y es extraño sentir aquello, -aunque más extraño es que lo sepa-.
Empieza a hablar en alemán, -sabe perfectamente que literalmente me vuelvo loco cuando me gritan en alemán- y es curioso, porque el miembro se levanta y pienso estúpidamente -es lo único que puedo mover-. Un chiste patético para una ocasión peligrosa.
¡Carajo, en verdad me va a amputar! pienso enseguida; pero lentamente se acerca hacia la cama, tal cual felino se sube a la cama y va viniendo hacia mí. Le miró los ojos azules que se maneja, y se quita el antifaz para contemplarle mejor el rostro.
Saca la lengua como si se tratase de una cascabel, lleva las uñas largas y me aterra imaginar lo que pueda hacer con esas filosas navajas que crecen de sus dedos.
Vale resaltar que no ha pronunciado palabra alguna. Yo sigo sin moverme, sobre la enorme cama con edredón color noche, postrado como un muerto viviente y erecto como un lujurioso actor porno.
Sonríe de repente y mira hacia una esquina, -intenta decirme que haga lo mismo- y lo hago. ¡Una bendita cámara! me digo a mi mismo y vuelve a sonreír sabiendo que la vi.
Va a filmar mi sufrimiento, pienso y me siento condenado.
Logro resaltar entre tanto pensamiento desgarrador una luz de esperanza y me digo: Si quisiera matarme ya lo hubiese hecho. Lo único que hace es seducirme y lo logra.
El atuendo en el café, el sexy corset, el antifaz negro, el léxico alemán, los zapatos de tacón, todo es como me encanta tener sexo, empiezo a relacionar.
Sujeta mis labios con sus garras y los cruje con las mismas, saca la lengua y la rosa levemente. Se lame los labios y me abofetea tiernamente. Juega conmigo.
Enseguida, comienza besándome el pecho y me mira, esos ojos azules no solo son hermosos, son aterradores. Recuerdo sus mensajes mientras va recorriendo mi pecho con su lengua, recuerdo cuando me decía: Solo vas a ser mío. No permitiré que estés con nadie más. Me acuerdo cuando afirmaba: Estoy embarazada de ti. Y enseguida lo negaba por completo. Recordé cuando dijo: Quizá no regresemos, pero vas a ser mío. Y nunca le tomé importancia a todo eso, siempre lo vi del lado gracioso, del lado divertido. Sin saber que la cita fue un anzuelo, que estúpido he sido.
Llega a mi pelvis y se detiene. Alza la mirada y me observa fijamente a los ojos. ¡Jamás pensé que esa mirada podía aterrarme tanto! Recuerdo velozmente cuando me relacioné con ella, era tierna y amorosa, bonita. Tenía una personalidad cándida. Nunca creí que podría transformarse en quien es ahora.
Y una frase se me vino a la mente: “Una mujer dolida es capaz de todo”.
Recupero la consciencia en ese instante, he estar descabellado para creer que es excitante, que mi novia sea puritana y conservadora no me lleva a creer que cogerla sería un delicioso ideal. Pienso en lo mucho que ha cambiado, en la mentira que le dije a mi pareja, quien debe pensar que fui a ver a un amigo, no quise meterla en estos asuntos, pero debí confiar y contarle, por más raro que esto sea, ella tendría que saberlo. O al menos conocer mi paradero y venir a rescatarme. De nuevo se me viene a la mente la imagen de aquella muchacha hogareña que conocí, lejos de ser tan malvada como ahora lo es.
¡Pero toda imagen mental se me borra! Recoge mi erecto miembro viril que parece tener vida propia porque mi consciencia esta agitada, enfocado en temas tormentosos y aquel viene a andar libidinoso. Lo reflexiono por un instante porque viene a sujetarlo cruelmente y me duele; aunque… me gusta. Lo agita con brutalidad y sonríe mientras lo hace, me masturba desesperadamente, ansiosa muestra la lengua tal cual serpiente venenosa y rosa levemente la cabeza del miembro haciéndome, extrañamente, gozar. Se aleja sonriendo, siento que me deja con ganas y siento calma a la vez.
A continuación y ante mi sorpresa, muestra uno de sus zapatos de tacón, puntiagudos y negros, los coloca cerca a mi sexo y lo rosa con la punta. Duele; pero gusta. Es extraño, pero lo disfruto. Sonríe cruelmente, el rojo de sus labios se enciende y lo noto de cerca cuando se acerca e intenta besarme. No deseo que me bese, tal vez no en mi boca. Es un efímero pensamiento en una extraña realidad. Enseguida vuelve lo tormentoso, el miedo y el desespero. Pero se apaga cuando resuelve volver a mi sexo erecto y esta vez y sin dudarlo empieza a lamerlo con violencia, como si se tratase de algo sin vida, como si no sintiera dolor, como si no sintiera nada. A ella le encanta, estoy seguro que disfruta lamerme el miembro de tal manera que logra introducir todo en su garganta una y otra vez y cada vez más rápido y cada vez más fuerte.
Grito de repente. Me mordió, pienso y me alegra gritar porque puedo hablar. Recoge mis testículos con su mano y se agacha para lamerlos, siento como lo hace, lo disfruto por más miedo que este sintiendo. Es irónicamente exquisito.
Se levanta entonces, se coloca el zapato y se acerca. Yo estoy echado y ella a mi lado, me acaricia la frente sudorosa y me susurra al oído: Ahora eres mío.
Es una frase excitante; aunque peligrosa. Recupero las fuerzas gradualmente, me empiezo a sentir enérgico y en un descuido me levanto. Gira y la observo por completo.
El derrier de su figura es escalofriantemente hermoso. Sé que soy un estúpido al quedarme estático, lo pienso sagazmente.
Ella sonríe y se coloca a un lado como quien quiere dar pase. Señala la puerta con una mano aun manteniendo la sonrisa. Por más que mi mente quiera largarse del lugar, salir corriendo y pedir ayuda a alguien o de repente asistir a una clínica, mi cuerpo está paralizado, no por causa de ningún medicamento, sino por alguna razón que desconozco. Ella la conoce. Ella la ha estudiado por tiempo. Ella sabe exactamente lo que hace.
Se arrodilla ante mí como quien ora, como quien clama piedad y del mismo modo se acerca, las rodillas recorren el breve camino hacia mí. Llega arrodillada, sonriendo, no me pregunto, ¿Por qué hizo eso? Solo sé que empiezo a gozar de una exquisita felación.
La imagen de mi novia aparece en escena, tan efímera como lo hizo la siguiente imagen, mi pareja y yo sobre la cama mirando la nada, en silencio y monótonos. Todo se elimina cuando comienza a masturbarme de nuevo. ¡Dios, como lo disfruto! Me siento una mierda disfrutando de ello, me siento un cobarde por no haberme ido y quedarme a gozar de esto. Todo se borra cuando se reincorpora colocando su trasero a la altura de mi sexo, el cual coge y acerca a su vagina, que de hecho ha de estar húmeda. Lo sé porque acabo de sentirla.
La penetración se inicia, ella gime como una prostituta de bar, y yo gozo de cada maldición que repite, de cada grito de placer y cuando voy sintiendo que eyaculo zafo mi miembro de su interior y la noto arrodillarse de inmediato cayendo todo sobre los labios como únicamente lo he visto en películas porno, las mismas que observo cuando mi novia se acuesta agotada por el trabajo y no desea tener sexo.
La sensación es más allá de placentera. Me siento agotado y decido marcharme, esta vez camino lentamente hacia la puerta de salida; pero, extrañamente, giro para contemplarla y observo ese cuerpo perfecto con una sonrisa inquietante seduciéndome tan solo con eso y resuelvo volver para seguir cogiéndomela.
Nunca se sacia, yo me agoto, ella quiere más, yo ya no doy; pero seguimos teniendo sexo. Es adicta a ello, me gusta; aunque mi cuerpo no da más.
Nos detenemos después de eyacular por quinta vez, no siento mis pelotas ni mi pene, parece que no los tengo; aunque los estoy viendo moribundos y ella exige que sigamos.
Suspiro por un descanso y lo tenemos. Va y regresa de enfermera maldita, ¿Cómo rayos no me voy a excitar?
Ahora que recuerdo, es imposible describir lo que sentí ese día.
Fue extraño como empezó todo, desde la cita en el café hasta el momento en el que introdujo su boca en mi miembro. Sé que soy un hijo de puta al dejar a mi novia en la cama, pensando en donde carajos estaré; pero a la vez me siento afortunado, ella realiza actos increíblemente excitantes, mis fantasías he cumplido -jamás creí que las tenia, tal vez nadie sepa que las tiene hasta que las cumple-.
No he podido escapar a pesar de tener las puertas abiertas, el tiempo no trascurre en este lugar, siempre es de noche con una única lámpara encendida.
Ella colecciona disfraces eróticos, no he visitado su closet, solo me imagino que ha tener cientos de elementos para tener sexo. Me ha mostrado algunos hasta hoy y mas allá de sentirme un esclavo, me siento un rey -no tiene lógica, lo sé- pero es como si hiciera todo lo que pide y me diera todo lo que deseo.
Esta noche pienso dejar de sucumbir ante su encanto que me resulta jodidamente excitante. Me la pienso coger por última vez y desaparecer de su vida, fugarme de este antro y volver a mi rutinaria vida al lado de una esposa que seguramente me espera angustiada. Llevo un par de semanas desaparecido y hoy planeo mi huida.
Ella aparece en escena, nuevamente con los puntiagudos zapatos de tacón y la vestimenta de colegia católica que tanto me enciende.
Me ve echado sobre la cama, se acerca lentamente seduciéndome con solo dejar verla, excitándome incansablemente con el sonido que producen los tacones contra el piso y ese acento alemán a la perfección que he llegado a entender con claridad.
Me siento al filo de la cama y se coloca sobre mis piernas, me excita el atuendo que lleva, introduzco mi mano debajo de la falda y siento su sexo hirviendo, me encanta.
Enseguida me empuja sobre la cama y caigo lentamente, posa sobre mí y empieza a besarme el torso desnudo de una manera muy salvaje y apasionada como siempre suele realizarlo, todas las noches a estas horas.
A continuación ocurre el sexo duro. Tengo el pene erecto, ella solo se coloca sobre mí y comienza a moverse de arriba hacia abajo, a los costados, de alguna u otra manera que resulta candente.
No refleja su edad por el traje que lleva. Siento que abuso de una zorra colegiala que quiso venir a mi casa a ser cogida. Es un pensamiento por más retorcido pero excitante a la vez. Dicen que lo descabellado logra ser mucho más libidinoso.
Se detiene repentinamente y comienza la ansiada sesión de sexo oral -su materia favorita- por lo aplicada que es al realizarlo.
Yo gimiendo al tiempo que me la chupa, mientras que va atragantando mi sexo voy sintiéndome caminante de las nubes.
Terminado el acto, me indica que va a ir sobre la cama y yo debo estar sobre ella. El misionero, pienso, la más antigua y conservadora sesión de sexo, no es de mis favoritas, pero se logra penetrar todo en un solo acto, tal vez por eso me gusta.
Posiciono sus piernas sobre mis hombros para tener más profundidad al momento de penetrar y siempre he tenido el morbo de ver como se introduce mi pene dentro de su vagina, lo pienso siempre que utilizo dicha pose. Me excito mas viéndome penetrarla, es curioso e irónico que no me haya agradado la idea del video la primera vez que empezamos esto.
¿Qué esperas? dice en alemán y yo comienzo a penetrarla de un modo delicado, luego aumento la intensidad e inicio el placer de darle nalgadas al tiempo que tenemos sexo. Ella gime y gime por la penetración y grita de euforia por las repentinas nalgadas.
Ha habido algo que siempre he querido realizar pero nunca me he atrevido. Mas allá de mi fetiche por los disfraces, cuyos deseos he descubierto con ella, siempre me ha gustado la lujuria por ahorcamiento.
Lo recuerdo cuando observo su largo y blanco cuello ante mí.
La he tenido varias veces de este modo y nunca he decidido realizarlo, siempre he tenido miedo. Pero esa noche me sentía distinto, no era yo, o sí, pero libre de hacer lo que me plazca.
Sujeté su blanco y frágil cuello muy delicadamente y la escuché gemir, abrió los ojos para contemplarme sonriente y lujurioso, supuse que le gustaba que le apretara el cuello o tal vez que me sintiese liberado para realizar lo que desee.
Si te gusta, sigue haciéndolo, dijo y volvió a cerrar los ojos para seguir disfrutando del sexo.
La penetraba lo más duro y rápido que podía. Para entonces no lograba contener sus piernas sobre mis hombros, ya las tenía sobre la cama, tampoco sujetaba sus muñecas; pero si me aferraba a su cuello y cada vez lo hacía más fuerte y más fuerte sin pensar que poco a poco iba faltándole la respiración. No se quejaba, gemía tenuemente, sentía que le gustaba, a mi me encantaba, la penetraba mientras mantenía mis manos cubriéndole el cuello.
Me excitaba muchísimo tenerla de ese modo, me calentaba infinitamente al sentir que era dueño de su pescuezo.
Abrió los ojos un instante, todavía tenía su cuello aferrado a mis manos, sonrió con la sonrisa más vil que podía ver y en un español claro y coherente, me dijo: ¡Sigue ahorcándome!
Cuando eyaculé no sentí su pulso ni su respiración, vi su última humedad sobre la sábana y una sonrisa malévola en el rostro.
Recogí mis cosas y como un demente asustado y nervioso, exhausto por el sexo cotidiano y el delirio de lo vivido durante la noche, me marché sigilosamente, por más redundante que fuera y abrí las puertas sin seguro ni cadenas, para ver el amanecer y caminar rumbo a mi casa.
No existe noche en donde no contemple esa sonrisa cruel en mis pesadillas.
Extraño los disfraces, el acento alemán y los zapatos puntiagudos de tacón.
Hago el amor con mi esposa y deseo ahorcarla como lo hice con mi acosadora.
Me estoy volviendo loco, o ya lo estoy, ya no lo sé… De cualquiera manera, la extraño.
Es curioso que nunca le haya hecho la pregunta; aunque la respuesta es obvia, me quiso a mí.
Extraño el día que en que fui al café y la vi.
Ahora solo lo repito cuando me escondo en el baño y me masturbo como un maldito adolescente.
Fin

Anécdotas jugando Super Nintendo (Tercera parte)

- No podía derrotar a Koopa del mundo 8. Lo había hecho varias veces; pero aquella vez se me hacia complicado.
Estábamos en mi cuarto, yo estaba sentado en la silla principal, Nipo y el resto de testigos oculares se acomodaron al filo de la cama y utilizando otros artículos como soporte ya que a su edad no pesaban mucho.
Ellos contemplaron mi juego desde el inicio, en algunas ocasiones los dejé participar y no me arrepentí a pesar de haberlos visto ser vencidos por una simple tortuga. Nipo era quien mejor jugaba, aprendió varias de mis técnicas, incluso, pudo derrotar a un par de Koopas (Iggy Koopa y Morton Koopa Jr) presumiendo de ello ante Sebastián, Miguel Ángel, Rodrigo, Diego y demás.
Me daba cierta gracia que alguno de ellos siendo mayor que Nipo no pudiera derribar ni siquiera al tipo que te lanza pelotas de beisbol.
Empecé el juego con muchas ganas, animado como cada vez que inicio Mario Bros. Hice que jugaran los primeros mundos intercambiando protagonismos. A partir del tercer mundo, cuando se torna ligeramente difícil, comencé a ser el protagonista principal; sin embargo, cuando ellos quisieron jugar, no dudé en entregarle el mando al aventurero que perdió enseguida.
Mientras iba avanzando les fui enseñando mis trucos. Uno de ellos el poder lograr las dichosas 99 vidas; pero no del modo de siempre, mas bien, en el mundo 2. Tengo un video en Youtube explicándolo.
Más adelante pude completar las vidas llegando a 99 del modo que todos sabemos que se hace. Cuando todas las tortugas se vuelven monedas y cada moneda ploma vale varias vidas.
Todos quedaron asombrados, no es un truco que haya hecho antes en mi casa, siempre lo hice en el Super del señor de bigote o en el de la escalera, donde ya no tenía pensado ir porque me acababan de comprar mi Super Nintendo y lo andaba estrenando en una fiesta familiar, por eso estaban todos mis primos y yo presumía de mis habilidades y conocimientos.
Siempre me gustó mostrarles de lo que era capaz.
Los mundos 5 y 6 son de los más difíciles, no tanto el 7. Allí perdí algunas veces. Cada vez que avanzaba y sorteaba las dificultades los veía de reojo, atentos a cada movimiento, deseando ver al siguiente Koopa y por supuesto, contemplarlo caer.
Cuando logré superar dichos mundos me sentí satisfecho, nunca antes se me había hecho tan difícil, entre ambos mundos habré perdido unas siete a ocho vidas.
Ellos se mostraron contentos, sabían que pronto acabaría el juego y podrían observar, por primera vez en sus vidas, al terrible jefe de jefes como yo le decía para incentivar la curiosidad.
De hecho que durante el juego también relaté algunas historias emulando a Jeremy y haciendo que ellos se quedaran todavía más intrigados con lo que podría suceder. Al inicio no creyeron que existiera un Mundo Estrella; pero luego de derribar el mundo 7 quise mostrárselos.
Les dije: En este mundo van a conocer a los Yoshi de colores. Sorprendidos vieron como escenario tras escenario fui cambiando de Yoshi; aunque, de hecho, el azul siempre fue mi favorito.
Además, en este mundo no necesito cruzar la meta para acabar el escenario, lo que debo hacer es sacar llave, acoté e hice lo dicho ante el asombro de los curiosos que seguramente presumirían de ello en sus respectivos salones de escuela.
Nipo ya lo sabía, anteriormente le comenté sobre dicho mundo, pero desconocía que lo siguiente que ocurriría sería abrir el portal que me llevase al Mundo Marrón, uno o mejor dicho, el más difícil de todos.
Avancé algunos niveles en el Mundo Marrón y lo dejé de lado con la excusa de querer vencer al Koopa del mundo 7 y luego pasar el juego derrotando al jefe de jefes, cuando en realidad era que dicho mundo cada vez hubiera sido mucho más difícil y no quería pasar vergüenza ante mis invitados. Además, suelo estresarme cuando no logro pasar un escenario y pierdo la paciencia.
Pues, en ese momento, mientras Mario caminaba rumbo al Mundo 7, Nipo y Miguel Ángel bajaron al primer piso y subieron una jarra de un extraño; pero a la vista, delicioso, jugo de fresa con leche.
Debí preguntar, ¿De dónde lo sacaron? Pero tenía sed y bebí.
Estaba delicioso, entonces seguí bebiendo otro par de vasos más.
De repente, mientras me aventuraba en el último mundo, luego de vencer al muy difícil Koopa del mundo 7 (no tanto el Koopa, más que todo el castillo) empecé a sentir en el estomago lo mismo que alguna vez sintió Jeremy.
Es irónico que no haya mencionado en la variedad de anécdotas que relaté lo que le ocurrió a mi buen primo. Entonces, detuve el juego e inmediatamente me fui al baño.
Jeremy no tuvo esta oportunidad, pensé y luego solté una carcajada.
Al regresar, Nipo me estaba reemplazando y lo hacía bien, eso me dio gusto y lo dejé jugando. Nuevamente sentí el mismo remolino en la barriga y retorné al baño.
Cuando volví pregunté, ¿De dónde sacaron este jugo? No tenían idea, lo encontraron ahí y listo, dijeron entre risas, más que todo por la travesura realizada que por el hecho que me esté pasando aquello.
Sonó el timbre justo cuando pensaba volver al baño. Salí por la ventana y vi a una preciosa chica, tendría mi edad, llevaba el cabello ondulado y una sonrisa divina. Me gustó desde ese primer momento; aunque mis habilidades para el Super Nintendo no eran las mismas para las sociales, mucho menos para intentar conquistar a una chica. Pero las ganas de ir al baño aumentaron, la chica preguntaba por mi vieja, que se hallaba conversando con los familiares, le dije que regresara o dejara un recado. Ella resolvió dejar un recado de parte de su madre.
Me dio pena no darle una mejor impresión porque tenía el rostro aguantando lo que saldría de mí en cuestión de segundos, hubiera querido seguir viéndola a pesar que no sabía qué otra cosa decirle. En ese momento, Nipo me llamó y me dijo: Oye, hemos perdido varias veces con Koopa, esta difícil.
La chica escuchó y esbozó una sonrisa. Fue lindo que lo hiciera, afirmó el hecho que me gustó de inmediato. Tan rápido me gustó que luego le estuve preguntando a mi vieja sobre su nombre, dirección y demás.
Lo siguiente que ocurrió fue que en un intento por entablar conversación y sabiendo que había escuchado las palabras de mi hermano, le pregunté: ¿Te gusta jugar Super Nintendo? Tal vez era una pregunta tonta; pero no se me ocurrió algo más.
Volvió a sonreír para encantarme y dijo, sí. Entonces, yo le respondí, podría ser que alguna vez te invite a jugar, me acabo de comprar un Super. Sonrió y contestó: Puede ser. Enseguida repitió el recado y se marchó.
Para entonces seguía con mi rostro de estar aguantando, no sé cómo pude haberlo hecho durante tanto tiempo (a pesar de haber sido tan solo minutos) y tampoco supe cómo pude hablarle a una chica más allá que un simple saludo.
Cuando se fue me quedé viéndola desde la ventana y al momento que dobló en la esquina las ganas de defecar aumentaron considerablemente y para colmo, Nipo y demás me presionaban para acabar con el juego, resolví regresar y a medio camino, en una cuestión llamada Karma, me hice la caca.
Después de su respectiva ducha y cambio de ropa interior, acordarme de Jeremy y no dejar de reír, volví a mi habitación a terminar el juego.
Tardé bastante tiempo en vencerlo, raro en mi; pero es que tenía en la cabeza la cara de la chica, un posible e imaginario futuro encuentro y el hecho de haberme cagado en los pantalones como un idiota.
Por suerte, vencí a Koopa padre y todos aplaudieron porque por fin pudieron ver al terrible Koopa caer derrotado y la historia muy simpática que le siguió de inmediato. Además, la divertida hilera de personajes con sus respectivos nombres.
Curiosamente, nunca jugué Super Nintendo con dicha chica; pero tuvimos una historia que alguna vez voy a escribir.
Además, nunca le conté esta anécdota a Jeremy porque quise que siempre sea él, el único sujeto en el mundo que se hizo la caca jugando Super Nintendo.
Fin

jueves, 3 de septiembre de 2015

Para ti

- Sabes que lo siento por ti es demasiado grande como para poder describirlo con palabras, tienes en cuenta que llevo tiempo expresándote lo que me haces sentir y es posible que jamás logre hacértelo entender en toda su magnitud; sin embargo, tengo una vida para dártelo constantemente. Ese amor puro y sincero que hoy revienta y estalla para ti, porque lo creas y lo alimentas, se hace innato tenerlo en el corazón y se dirige hacia a ti, no encuentra otra dirección que no sea tu ubicación. No puedo ni podría amar a alguien más que no fueras tú, tampoco deseo compartir mi vida con alguien que no lleve tu nombre, mucho menos aventurarme a relaciones efímeras, porque lo que deseo, quiero y contemplo es tenerte a ti por siempre. 
Soy afortunado de poder visualizar tu encanto diariamente. Puede que no haya resultado perfecta; pero es ideal y eso es lo importante. Entonces, me complementa y nos hacemos uno. Es la idea al fin y el cabo, dos personas con dos corazones que se fusionan, que dirigen su visión en un futuro mutuo, una dirección igual, un lugar y momentos que gozar, que recordar, a los cuales aferrarte cuando haya nostalgia y mientras no, seguir disfrutando de otra gran cantidad de sucesos preciosos.
Una persona que te acepta y te quiere tal y como eres, como tú lo haces con ella. Ambos trabajan por el porvenir de lo que crearon, también por sus sueños propios, por el plan de hacer permanecer la relación en el tiempo, de proyectarse mas allá, de ser siempre uno, de amarse en cada momento, con respeto y fidelidad como base. Entonces, todo se vuelve estupendo y mágico, estupendo porque es sólido y honesto, mágico porque no deja de ser sublime.
Sabes que lo que siento por ti es amor, lo que quiero es permanecer a tu lado y lo que anhelo es verte siempre al despertar.
¿De eso se trata, no? El amor y las relaciones de pareja, de no dejar de amarse y hacer perdurar la relación amorosa con el paso del tiempo. Te amo demasiado, mi amor.
Entonces, sigamos en el mismo camino.

Fin



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Frase 24

- Algunas personas que amaron con intensidad y honestidad hoy te dicen, el amor te vuelve idiota, haces estupideces. Olvidan que cuando lo estuvieron hicieron cosas fantásticas y estuvieron llenos de una particular y sublime magia. ¡Qué importa si no funcionó la relación! Fuiste increíble mientras llegaste a amar.

-Espero que puedan leer el libro.