- El amor puede ser muchas cosas. Eventos, situaciones, momentos, revolcones sobre la cama o a veces simplemente una mirada.
Siempre debe ser natural como cuando abre los brazos para que caiga en sus pechos.
Un conjunto de situaciones preciosas abundan en la mente como esos sucesos en el parque o gozando en la cocina, riendo con alguna comedia o abrazados en el cine viendo a una monja horrorosa.
Desear ese cuerpo imperfecto y darle forma con los besos y caricias, sentir cada fibra de su ser y hacerla estallar en explosiones seguidas de placer y lujuria hasta provocar tantos orgasmos como estrellas y luego caer en un letargo profundo con las manos extendidas.
Una noche mágica de domingo tras mirar un techo estrellado o ver un film romántico o quizá, únicamente echados y sujetos de las manos intercambiando un palabreo basado en lo que sienten sin ser poetas ni lanzar metáforas, solo sacar los argumentos del corazón.
Puede que sea un momento de repostería en la cocina de su casa o la tuya, divagando entre recetas y dichosas mezclas deliciosas con fines satisfactorios para el alma y el cuerpo. Divertidos por si sale mal y felices cuando ocurra exquisito.
Acompañarla a su casa en un tren veloz y estar abrazados en el vaivén mientras vuela y se ven las terrazas de las casas o caminar en dirección a su hogar entristecidos por una despedida; pero con la ilusión de estar de vuelta muy pronto.
Un beso en la frente.
Una mirada tierna.
El deseo constante.
La libido eterna.
Las ganas de estar y nunca querer partir.
La ambición por tenerla enamorada y su forma de expresar lo que siente que cautiva y engancha.
Nosotros sobre la cama, en el mueble, en un sendero, en alguna parte donde nos sintamos completos.
El amor somos nosotros con las manos juntas y las ganas de querer estar unidos.
Fin
Mi nuevo libro

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martes, 25 de septiembre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
Un trabajo digno
- El verano del 2001 fue de los más difíciles en el sentido financiero; pues, debía de pagar algunas cuentas en el banco por el recién surgimiento de las tarjetas de crédito en la billetera y mi delirio inminente por desatar el caos sin pensar en las consecuencias. Recuerdo que iba a esas grandes tiendas por departamento y cogía lo que deseaba, a veces sin razonar, sin cuestiones y sin lógica, solo por tener, por acumular el closet de prendas que no iba a usar diariamente y algún que otro detalle para la muñeca, como aquellos relojes de vitrina que tanto me fascinaban y recién podía obtener.
Llegaba a casa como si cada fin de semana fuese Navidad, la gente miraba asombraba, yo reía y disfrutaba de los lujos banales sin darme cuenta que a fin de mes llegaría la cifra astronómica que debía de pagar.
Para entonces los libros se vendían 10 o 20 al mes, no había público para acaparar un margen de ganancias, andaba feliz por haber lanzado mi obra al mundo; pero por otro lado, el asunto de la vida terrenal me atacaba en señal de dólar.
Cuando recibí las cuentas por correo todo empezó a cobrar un sentido escalofriante, temía por mi salud y el tiempo de paga se hacía corto para dicha poderosa suma.
Tuve que romper el chanchito para pagar las primeras cuentas y decirle a mi novia que tendríamos que esperar que la película salga en DVD en lugar de ir al cine, tuve que dejar de asistir a habitaciones con jacuzzi para instaurarnos en mi habitación que recién comenzaba a crecer y dejé de comer en restaurantes para aprender a cocinar; pero ella lo entendía, hasta le parecía lindo y tierno, entonces el plan funcionaba a la perfección y eso me daba un goce exquisito y único. Sin embargo, los meses pasaron rápido y las cuentas volvieron como huracanes desgraciados; debía de conseguir un empleo estable y solvente, así que envié mi CV a algunos lugares.
Los salarios me decepcionaron, para las dichosas cuentas debía de ganar mucho más y de forma más veloz.
Vi un anuncio en el periódico, uno pequeño y curioso, resolví llamar y ante mi asombro dijeron que enviara una foto de cuerpo entero. Para ese momento llevaba meses en un gimnasio local de esos donde no hay entrenadores y uno solo se hace la rutina, iba gratis porque el dueño era un tío y quería que fuera para hacer como si hubiera gente. Iba porque siempre me gustó el asunto de tener fuerza y demás.
Envié mi fotografía.
Luciana, mi entonces cuñada, decidió asistir a una de esas fiestas de despedida porque una de sus amigas se iba a casar con un tipo que conoció en Internet, se enamoraron tras una computadora, viajaron para encontrarse y se cautivaron más con el paso del tiempo, un tema romántico que realmente fue atrayente y bonito.
Como idea divertida decidieron asistir a un evento de tipos que salen en disfraces, realizan bailes sensuales y se van sacando las prendas hasta quedarse únicamente en ropa interior. A esos mismos lugares donde va tu flaca con sus amigas cuando te dice que se irá a tomar un café (te lo digo a ti que estás leyendo esto).
Cuando el presentador dijo: Y aquí viene el show especial de la noche. Todas las féminas incluyendo abuelitas y tías cuarentonas aplaudieron y festejaron la salida del autor de este relato, que hizo su trabajo para ganarse las monedas necesarias y así poder pagar sus cuentas.
Lo que no imaginé es que al rato me llegaría un mensaje y un vídeo vía Messenger en el que mi novia mostraba mis frenéticos y locuaces bailes al tiempo que me desligaba de las prendas.
Terminamos por la mentira. Me pareció correcto; pero en mi defensa, ofrecí disculpas y le dije que andaba con escaso recurso económico y que por eso hice lo que hice. Ella no comprendió porque su religión impide el despoje de ropa por trabajo como tampoco el beber café y alguna que otra calamidad más.
Durante los siguientes meses pude recuperarme, no saben lo bien que se gana haciendo eso y luego volví a lo literario.
Como referencia, todavía me quedan esos buenos movimientos; pero ahora solo los uso tras cuatro paredes.
Llegaba a casa como si cada fin de semana fuese Navidad, la gente miraba asombraba, yo reía y disfrutaba de los lujos banales sin darme cuenta que a fin de mes llegaría la cifra astronómica que debía de pagar.
Para entonces los libros se vendían 10 o 20 al mes, no había público para acaparar un margen de ganancias, andaba feliz por haber lanzado mi obra al mundo; pero por otro lado, el asunto de la vida terrenal me atacaba en señal de dólar.
Cuando recibí las cuentas por correo todo empezó a cobrar un sentido escalofriante, temía por mi salud y el tiempo de paga se hacía corto para dicha poderosa suma.
Tuve que romper el chanchito para pagar las primeras cuentas y decirle a mi novia que tendríamos que esperar que la película salga en DVD en lugar de ir al cine, tuve que dejar de asistir a habitaciones con jacuzzi para instaurarnos en mi habitación que recién comenzaba a crecer y dejé de comer en restaurantes para aprender a cocinar; pero ella lo entendía, hasta le parecía lindo y tierno, entonces el plan funcionaba a la perfección y eso me daba un goce exquisito y único. Sin embargo, los meses pasaron rápido y las cuentas volvieron como huracanes desgraciados; debía de conseguir un empleo estable y solvente, así que envié mi CV a algunos lugares.
Los salarios me decepcionaron, para las dichosas cuentas debía de ganar mucho más y de forma más veloz.
Vi un anuncio en el periódico, uno pequeño y curioso, resolví llamar y ante mi asombro dijeron que enviara una foto de cuerpo entero. Para ese momento llevaba meses en un gimnasio local de esos donde no hay entrenadores y uno solo se hace la rutina, iba gratis porque el dueño era un tío y quería que fuera para hacer como si hubiera gente. Iba porque siempre me gustó el asunto de tener fuerza y demás.
Envié mi fotografía.
Luciana, mi entonces cuñada, decidió asistir a una de esas fiestas de despedida porque una de sus amigas se iba a casar con un tipo que conoció en Internet, se enamoraron tras una computadora, viajaron para encontrarse y se cautivaron más con el paso del tiempo, un tema romántico que realmente fue atrayente y bonito.
Como idea divertida decidieron asistir a un evento de tipos que salen en disfraces, realizan bailes sensuales y se van sacando las prendas hasta quedarse únicamente en ropa interior. A esos mismos lugares donde va tu flaca con sus amigas cuando te dice que se irá a tomar un café (te lo digo a ti que estás leyendo esto).
Cuando el presentador dijo: Y aquí viene el show especial de la noche. Todas las féminas incluyendo abuelitas y tías cuarentonas aplaudieron y festejaron la salida del autor de este relato, que hizo su trabajo para ganarse las monedas necesarias y así poder pagar sus cuentas.
Lo que no imaginé es que al rato me llegaría un mensaje y un vídeo vía Messenger en el que mi novia mostraba mis frenéticos y locuaces bailes al tiempo que me desligaba de las prendas.
Terminamos por la mentira. Me pareció correcto; pero en mi defensa, ofrecí disculpas y le dije que andaba con escaso recurso económico y que por eso hice lo que hice. Ella no comprendió porque su religión impide el despoje de ropa por trabajo como tampoco el beber café y alguna que otra calamidad más.
Durante los siguientes meses pude recuperarme, no saben lo bien que se gana haciendo eso y luego volví a lo literario.
Como referencia, todavía me quedan esos buenos movimientos; pero ahora solo los uso tras cuatro paredes.
viernes, 21 de septiembre de 2018
Mi princesa
- ¡Princesa, olvidaste tus alas!
Ya no las necesito, mi amor.
¿Qué quieres decir con eso?
Que me quedo aquí, contigo.
No me mientas.
Esta vez no habrá más despedidas.
Pero; perderás tu inmortalidad y yo prometí ir a verte cuando resuelva asuntos aquí.
¿Y esperar años? ¿Y vivir con la idea que te puedas volver a enamorar? ¡Imposible!
Princesa… Pero yo estoy tan distinto. Tengo tantos años y he pasado por mucho, ya no soy el de antes, ya no el que conociste.
Te he visto en todos esos cambios, amor y déjame decirte que amo más al de ahora.
¿Y sabes algo?
Yo también he cambiado.
Se materializa ante mis ojos, la melena ondulada, los ojos pardos, la silueta de antes y la sonrisa que aún destella luz. Idéntica; aunque con algunos años encima para intentar empatarme.
Entonces, princesa, puedo decirte besarte y abrazarte sin sentir el agudo dolor del adiós.
Compruébalo.
Ya no las necesito, mi amor.
¿Qué quieres decir con eso?
Que me quedo aquí, contigo.
No me mientas.
Esta vez no habrá más despedidas.
Pero; perderás tu inmortalidad y yo prometí ir a verte cuando resuelva asuntos aquí.
¿Y esperar años? ¿Y vivir con la idea que te puedas volver a enamorar? ¡Imposible!
Princesa… Pero yo estoy tan distinto. Tengo tantos años y he pasado por mucho, ya no soy el de antes, ya no el que conociste.
Te he visto en todos esos cambios, amor y déjame decirte que amo más al de ahora.
¿Y sabes algo?
Yo también he cambiado.
Se materializa ante mis ojos, la melena ondulada, los ojos pardos, la silueta de antes y la sonrisa que aún destella luz. Idéntica; aunque con algunos años encima para intentar empatarme.
Entonces, princesa, puedo decirte besarte y abrazarte sin sentir el agudo dolor del adiós.
Compruébalo.
jueves, 20 de septiembre de 2018
En la noche y de madrugada
- Me dio la parálisis del sueño. Una cándida voz me habló sobre algo que no recuerdo. Cuando esa voz iba cambiando volviéndose infernal quise abrir los ojos e intentar moverme pero obviamente, como es costumbre en estos episodios, no pude lograrlo. Sin embargo, tras un esfuerzo animal vi una mano demoníaca sujetando la mía.
Pensé, si los vecinos celestiales me van a abducir, solo espero que no me violen. O ya, si me gusta nadie lo sabrá.
O si un ángel del Hades emergió para reclamar el alma que vendí hace mucho, espero que abone el resto.
Desperté, eran las 3:00am. Sudaba, me saqué la camiseta, el boxer y fui a dar una ducha.
Después volví al sarcófago y dormí plácidamente teniendo un sueño erótico; pero esa es otra historia.
Pensé, si los vecinos celestiales me van a abducir, solo espero que no me violen. O ya, si me gusta nadie lo sabrá.
O si un ángel del Hades emergió para reclamar el alma que vendí hace mucho, espero que abone el resto.
Desperté, eran las 3:00am. Sudaba, me saqué la camiseta, el boxer y fui a dar una ducha.
Después volví al sarcófago y dormí plácidamente teniendo un sueño erótico; pero esa es otra historia.
sábado, 15 de septiembre de 2018
Eternidad en ti, princesa
- Princesa, toma la llave y libérate de esta prisión de letras.
Allá en el colgador y al lado de mi sombrero están tus alas.
Pero; yo no me quiero ir.
Las heridas en el corazón superaron nuestros momentos.
Entiendo. Hago daño siendo tu eterno recuerdo.
Y ella voló con lágrimas en los ojos.
Y en el libro las letras desaparecieron.
Y en la memoria se vio su rostro por última vez.
Pero el amor nunca se marchitó.
El amor siempre existió.
Fin
Allá en el colgador y al lado de mi sombrero están tus alas.
Pero; yo no me quiero ir.
Las heridas en el corazón superaron nuestros momentos.
Entiendo. Hago daño siendo tu eterno recuerdo.
Y ella voló con lágrimas en los ojos.
Y en el libro las letras desaparecieron.
Y en la memoria se vio su rostro por última vez.
Pero el amor nunca se marchitó.
El amor siempre existió.
Fin
Mi princesa eterna
- ¿Me regalas esta tarde, princesa? Pero; hazme una promesa, quiero que sea la última.
Estoy cansado, mi amor; harto de perderte cuando cae el sol.
Agotado de la desintegración de tu ser junto al reinado de la luna.
¡Llevo años buscando el antídoto para mi soledad!
Y solo me conformo con estos minutos de abril.
Ahora que te marchas, pídele a tu guardián que borre mi memoria.
Que se adentre en la mente mientras duermo, que perfore en el abismo de los recuerdos y me haga olvidarte aunque ello contamine mi vida; pero a veces avanzar toma un sacrificio.
¿Por qué las lágrimas y las sonrisas se fusionan en tu rostro, princesa?
Ya lo hecho, mi escritor. Cada vez que me voy le suplico al creador que elimine todo rastro de mí de tu vida, que un nuevo sendero te ilumine y alguien amado aparezca a tu lado; pero resultas ser un obstinado, tal cual presumido y me devuelves con tu magia literaria haciendo repetitiva esta trágica despedida.
Ante ello, princesa, solo queda detener el tiempo en un abrazo, besarnos hasta que sea infinito y ser los dioses testigos de cómo este humano te roba todas las tardes de invierno.
Hazlo ya, mi amor, que dejo de tener tacto. Bésame ahora que los labios todavía llevan miel y abrázame hasta que no sientas mi piel.
Fin
Estoy cansado, mi amor; harto de perderte cuando cae el sol.
Agotado de la desintegración de tu ser junto al reinado de la luna.
¡Llevo años buscando el antídoto para mi soledad!
Y solo me conformo con estos minutos de abril.
Ahora que te marchas, pídele a tu guardián que borre mi memoria.
Que se adentre en la mente mientras duermo, que perfore en el abismo de los recuerdos y me haga olvidarte aunque ello contamine mi vida; pero a veces avanzar toma un sacrificio.
¿Por qué las lágrimas y las sonrisas se fusionan en tu rostro, princesa?
Ya lo hecho, mi escritor. Cada vez que me voy le suplico al creador que elimine todo rastro de mí de tu vida, que un nuevo sendero te ilumine y alguien amado aparezca a tu lado; pero resultas ser un obstinado, tal cual presumido y me devuelves con tu magia literaria haciendo repetitiva esta trágica despedida.
Ante ello, princesa, solo queda detener el tiempo en un abrazo, besarnos hasta que sea infinito y ser los dioses testigos de cómo este humano te roba todas las tardes de invierno.
Hazlo ya, mi amor, que dejo de tener tacto. Bésame ahora que los labios todavía llevan miel y abrázame hasta que no sientas mi piel.
Fin
Frase 110
- Perdona que mire tus labios mientras
charlamos , es que la tentativa por
besarlos todavía no supera el encanto
de escucharte.
charlamos , es que la tentativa por
besarlos todavía no supera el encanto
de escucharte.
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