Mi nuevo libro

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jueves, 31 de agosto de 2017

Anécdota en el bus

- Subió al bus una chica llevando una gran cantidad de objetos, entre ellos un bolso, folder rosa y sus papitas para el camino. 
Se veía incómoda y tambaleante, ningún tipo le ofrecía asiento y al pasar por mi lado (casi al fondo) le dije: Si gustas puedes sentarte aquí. 
Mayormente la gente solo te agradece, ella me dijo: Gracias, qué dulce.
Descuida, respondí y me fui a otro lado.
Al cabo de un tiempo, hincaron mi hombro, giré y tras una linda sonrisa, la misma chica, me dijo: Gracias de nuevo.
Bajó del bus y nuestras miradas coincidieron cuando se detuvo al frente y yo miraba la calle.
Me hizo un ademán de despedida y le mostré mi inevitable sonrisa de lado.
Simpático momento, pensé.



Fin

miércoles, 30 de agosto de 2017

Ella no siempre va a decir

- Ella no todo el tiempo te va a decir: Oye, ¿podemos estar bien? 
A pesar que se encuentren en una guerra verbal en donde insultos ultra ofensivos van en todas las direcciones.
Ella no todo el tiempo te va a decir: ¿Podemos hablar?
Cuando se estén días separados por culpa de una absurda discusión o riña que se puede solucionar, dejando de lado eso tan innecesario llamado orgullo.
Ella no todo el tiempo te va decir: Vamos a darnos otra oportunidad. Hagamos las cosas bien. Cuando el amor este disminuyendo luego de haber caído herido en varias riñas o discusiones.
Ella no siempre va a hacer quien quiera hablar, quien quiera solucionar los problemas y quien quiera que todo vaya bien.
Es tu oportunidad para decirle que todo va a estar bien, para demostrarle que las cosas pueden ser mejor y para dejar ese orgullo e ir a buscarla.
Ella es extremadamente fuerte, mucho más que tú; pero, eso no quiere decir que no se vaya a cansar o hartar y cuando aquello ocurra será demasiado tarde para ir a buscarla.
Entonces, ¿Qué esperas? Ve tras ella y vuelve a ser el hombre que ama.




Fin

martes, 29 de agosto de 2017

Conferencia literaria - Biblioteca 'Oasis del saber'

- Están todos invitados a la 'Conferencia literaria'.
Fecha: Sábado 02 de setiembre.
Hora: 8pm.
Lugar: Biblioteca 'Oasis del saber' - SJM (al frente de Metro de la Av. Pedro Miotta).
Música en vivo, recital poético y firma de libros.
Todo transmitido en vivo para las redes sociales y los lectores del extranjero.
INGRESO LIBRE.
Consultas al whatsApp: +51 987774365
Precio del libro: S/. 20



martes, 22 de agosto de 2017

Extraña charla 1

- Yo: Mi vida literaria avanza a pasos importantes, el libro ha recibido buenas críticas e incluso, he logrado emocionar a muchos, rescatar lo que han mantenido congelado o crear sensaciones poderosas, me siento orgulloso.
Ella: No me digas que hay un ‘pero’.
Yo: Pero; no lo sé, a veces siento que me hace falta algo, a veces siento que estoy completo y no me gusta sentirme así.
Ella: No eres tan difícil como pareces, es decir; si dejaras de pensar tanto, de llenarte de cuestiones y preguntas -a veces sin respuestas- lograrías disfrutar de una vida plena.
Yo: ¿Sigue el ‘pero’?
Ella: Pero no tendrías ni un maldito párrafo que escribir.
Yo: He ahí la ironía.
Ella: Es cuestión de decidir, de tener prioridades. Míralo de este modo, te va bien en tu carrera, no tanto en otros ámbitos, vamos a decirlo, ‘dilemas amorosos’ ¿Y? ¿Qué tan importante es la estabilidad del corazón? Si ya tuviste mucho de eso, ve a recrearte un poco en otros ambientes y olvida eso por un tiempo.
Yo: Si, por eso también escribo ciencia ficción, para no tener que lidiar con romances.
Ella: Eres un hombre de historias de amor, no puedes contra ti mismo.
Yo: ¿A quién engaño? Me gustan las relaciones de pareja, las historias de amor, los dilemas y demás; pero, a la vez, no los necesito, no ahora, no entiendo porque.
Ella: Es simple, porque ya tuviste demasiado de eso. Te doy un ejemplo, si yo como chocolate toda mi vida y luego me enfermo de diabetes, ya no voy a querer más de eso.
Yo: Es el ejemplo más cojudo del mundo; pero tienes razón.
Ella: ¡Exacto! Deberías enfocarte y darlo todo en lo literario, olvídate del otro asunto; pero hacer que desaparezca es imposible, simplemente, lo obvias, la frase ‘no hay apuro’ ayudaría muchísimo y sobre todo, usa la cabeza, no el corazón.
Yo: Sí, tienes razón. Es lo mismo que me digo siempre.
Ella: Se que lo sabes, que lo tienes claro, que lo tienes bien metido en tu cabeza; pero no te gusta esa idea, contradictoriamente a tu frase: ‘Mi vida amorosa es un desastre’ sabes que no es así, que en cualquier momento te liga alguna y feliz; pero no, a ti te gustan esos amores bizarres, esas situaciones raras, esos momentos curiosos, esas distancias malditas, esas vivencias diferentes de las que en el tiempo que te conozco digo: ¿Por qué demonios busca a sus chicas en manicomios? Y en una teoría, muy personal, que te voy a decir por ser tu amiga, ‘buscas ser el héroe’.
Yo: Tal vez.
Ella: No me vengas con tus ambigüedades. ¡Se claro conmigo!
Yo: No sé qué decirte, hace años hubiera sido divertido relacionarme con chicas particulares y vivir locuras; pero hoy quiero estabilidad.
Ella: Mi teoría queda obsoleta.
Yo: Es real; pero no actual.
Ella: ¿Entonces, que hay en el hoy?
Yo: Nada.
Ella: ¿Soledad de querer no estar solo?
Yo: Soledad y amores.
Ella: ¿Vagos?
Yo: Imaginarios.
Ella: ¡Demonios! ¿Al fin te volviste loco?
Yo: Desearía que sí.
Ella: Todo por escribir, siempre haces todo, para escribir. Eso te va a llevar a la locura.
Yo: Ya lo ha hecho varias veces. Y sabes, cambiando de tema; aunque no tanto, ‘veo lejana mis antiguas relaciones’. Vi a Mariana hace unos días y sentí que hace 500 años A.C estuvimos juntos. Ni siquiera hace solo nueve años, sino 500 años.
Ella: No sé como descifrar eso. De repente porque tuviste muchas novias.
Yo: Quizás.
Ella: No me vuelvas a responder de ese modo. Lo odio, ¿ok?
Yo: Vale, vale.
Ella: ¿Vale?
Yo: Se me copian las palabras de extranjeros.
Ella: Ya bueno, entonces, tiempo a lo literario, alejado de los amores.
Yo: No puedo hacer literatura sin amores.
Ella: Entonces, ¿Por qué demonios hablamos de esto?
Yo: Estoy hablando solo.
Ella: Si, estás loco.

Fin.

domingo, 20 de agosto de 2017

Tres días

- Era un viernes cualquiera, regresaba de clases con un importante deseo por ingerir ron junto a mis buenos camaradas, quienes, no dejaban de enviarme mensajes de texto preguntando, ¿Dónde demonios estas? ¿Tanto te demoras? Y yo resolvía responder con los típicos ‘mensajes misio’.
Cuando el bus se detuvo en el paradero a unas cuadras de mi casa vi a una muchacha de cabello corto, esbelta y sujetando un can de impresionante tamaño con bastante facilidad, aquello atrajo mi atención y el chiste de un cobrador ocasionó mi risa.
‘Ricura, ¿Por qué tienes como novio a ese pitbull?’ Gritó un malcriado sujeto de bigote y media dentadura.
Aunque dicho comentario me haya parecido chistoso, a la chica le resultó ofensivo -no era para menos- entonces su reacción fue mostrarle el dedo del centro y decir: Al menos tengo a alguien que me ladre, no como tú, monstruo.
Ella escuchó mi risa por más que quise ocultarla, giró y me vio con una mirada tenebrosa, la cual, lejos de ahuyentarme, hizo que me interesara.
Hola, lamento haber sido partícipe de ese duelo de adjetivos; aunque, déjame decirte que se la devolviste bien.
Sonrió y respondió: Se lo merecía, ¿no crees?
Indudablemente, dije sacando una palabra de mi diccionario mental.
Siempre he pensado que las palabras largas suenan bien, te hacen sentir intelectual y atractivo por el tono que utilizas al decirlo. Súmale a ello, una buena sonrisa y una mirada fija (nunca en sus pechos).
¿Cómo es que te llamas? Le pregunté enseguida.
Él es Carlitos, yo soy Caroline.
No voy a estrecharle la mano al buen Carlitos; pero a ti, sí.
Un momento, dijo y le quitó la cuerda al perro, en ese momento pensé, ¿Qué carajos hice mal para que me trague un can? Pero, sorprendentemente, Carlitos se acercó para lamerme el rostro.
Fue lindo, hasta entonces tenía un mal conceptos de los de su raza; pero entendí que no son ellos, sino el amo.
Ella lo explicó de mejor manera: ¿Te das cuenta? Es dócil, solo debes mantenerlo relajado y darle mucho cariño.
Tras saludar al buen muchacho, le di un beso a Caroline y aproveché en preguntar, ¿te conozco de algún lado? Es que al verla de cerca había notado familiaridad en su rostro, resulta que, recordaba haberla visto antes en alguna parte y fue entonces que terminó con mis dudas diciendo lo siguiente: Si, claro, vivo a unas cuadras de tu casa, Bryan.
Cuando alguien sabe mi nombre y yo me estoy presentando intentando un leve filtreo, me llego a sentir en desconfianza, suelo pensar, ¿Qué demonios sabe de mí? Pero llego a aprovechar esa oportunidad para demostrar lo bueno y borrar lo malo.
No me parece justo que sepas de mí y yo no de ti, le dije sonriendo y acariciándole la cabeza al perro.
Le gusta que hagas eso, ya te ganaste su confianza. Y bueno, acabo de mudarme hace un par de meses, suelo pasear a Carlitos en el parque al frente de tu casa.
Quise hacer memoria y al menos recordar la ubicación de su casa o algo que pudiera usar para asombrarla; pero era como si recién la hubiera conocido.
Te has adelantado. Me debes una salida para conocerte mejor y así estar empatados.
¿Podemos salir los tres? Dijo con seriedad.
Salgamos los tres si gustas, respondí de la misma manera.
Solo bromeo, añadió y sonrió.
¿Tienes planes para hoy? Quiso saber.
En ese preciso momento recibí la llamada de un amigo, que, curiosamente, también se llama Carlos e hice lo que debí hacer: Desviar la llamada.
No. ¿Salimos hoy?
Ya pues, genial. Dejo a Carlitos y nos encontramos aquí en veinte minutos.
En quince estoy aquí, le dije y la vi sonreír.
Froté las manos cuando se fue y caminé hacia mi casa con rapidez.
A la hora pactada estuve esperándola y ella, fiel a su palabra, apareció por la esquina luciendo un pantalón distinto y una cartera. Yo estaba con el mismo atuendo; pero con gotas de perfume en el cuello.
Hola de nuevo, le dije. Sonrió y respondió, ¿adónde vamos, vecino?
Sabía que no podía estar en lugares aledaños a mi casa, la gente me conoce por más que yo no tenga el honor de saludar a todos. Además, mis amigos andan en todos lados, no puedo prevenir sus movimientos, están donde hay licorerías.
Fuimos a un lugar llamado ‘El parque de la amistad’ que lo acababan de abrir hace algunos meses.
Cuando tengo una cita suelo ir lento, no planeo mucho, es decir; si se da el beso, fabuloso, de lo contrario, no tengo apremio. Esa noche, Caroline, me besó -y lo resumo de ese modo- porque literalmente, lo primero que hicimos fue sentarnos en una banca y darnos un beso. No hubo una charla amena entre risas y sonrisas, miradas fijas, conversaciones intimas, simplemente, giró el cuello, cerró los ojos y la oí decir, ‘ven para acá’ para luego sentir el sabor de sus labios.
Curiosamente, yo llevaba el cabello largo y suelto y ella lo tenía corto, cualquiera que nos hubiera visto tendría un simpático morbo al ver a dos chicas besándose; pero luego se llevaría una linda sorpresa.
No cometí la estupidez de preguntar, ¿Qué fue eso? Volví a besarla, esta vez, diciendo, ‘ven a mí, preciosa’.
Me gusta tener el control de la situación; pero me puse nervioso cuando al momento de levantarnos para ir a caminar cogió mi mano sin dejarme escapatoria.
¿Adónde vamos? Pregunté. Su respuesta me condujo a un evento de hace muchos años, cuando una dama cogió mi mano y me condujo a una habitación detrás de una cortina en donde hizo realidad mis deseos más impuros según mi religiosa vecina.
A un lugar donde estaremos a solas.
Fuimos a un hotel cerca a la Avenida Tinoco, entramos y pagué los respectivos dejando mi documento. Ella se adelantó, parecía conocer bien sus intenciones, al seguirla la vi recostada en el umbral de la puerta y nos besamos con deseos de que tuviera una consecuencia carnal lo más pronto posible.
Abrí la puerta con velocidad al punto que por poco arruino la noche si rompía la llave; pero entramos -como en las películas- besándonos y cayéndonos en la cama. Yo estaba como en el infierno, debo confesarlo, llevaba tres semana sin tener relaciones sexuales, el desviste fue tremendo, como si nuestras prendas fueran cadenas.
Le besé hasta la sombra como dicta Arjona y ella hizo en mí todo lo que le indiqué.
No voy a dar detalle explícito sobre lo acontecido, pues, no soy un escritor erótico, no gusto de provocar excitación en mis lectores.
Solo voy a decir que había un mueble, de esos particulares, buena silueta dispuesta para el kamasutra y dos personas muy creativas.
A la mañana siguiente abrí los ojos y vi a la vecina Caroline desnuda a mi lado, le di una nalgada de buenos días, sonrió y me dio un beso en la barquilla para seguir durmiendo. Hice lo mismo al cubrirnos con el edredón, toda una escena romántica sacada de una película para San Valentín.
Pasamos toda la tarde en la habitación, entre durmiendo y repitiendo el acto de la noche, hablamos poco, casi nada, no hubo negativa para los actos ni reclamos con las exageraciones, todo fue muy divertido y sí, muy extraño.
Por la noche salimos y tuve que pagar otra tarifa, pagaría millones si pudiera. Fuimos a tomar un jugo de fresa en un lugar llamado ‘Alejandros’ y uno de mis amigos me vio, se encontraba en otra mesa, intercambiamos mirada y risas y nos hicimos los tontos.
Salimos del lugar, caminamos un rato -sí, cogidos de la mano- y luego la acompañé a su casa, que, de hecho, quedaba cerca a la mía, tan cerca que me sentí un idiota al no darme cuenta de su existencia.
Nos dimos un beso de despedida y me fui para mi casa.
Esa noche bebí con mis amigos, quienes quisieron saber acerca de mi faena nocturna porque Fernando les había contado sobre el encuentro que tuvo conmigo y una linda mujer. Entonces, imaginaron el resto; pero yo no soy un hombre que anda divulgando sus peripecias, por eso no les dije nada.
Por la mañana desperté con resaca, recogí el celular y vi un mensaje de Caroline.
‘Bryan, nos divertimos mucho el fin de semana; pero lo mejor será dejarlo aquí. No quiero involucrarme en una relación. Kisses’.
No volví a saber de ella.
Me contaron que se mudó.
No le escribí. Me pareció chistoso el modo de darle fin a tres días de libertinaje y entendí que a veces es así, algunas situaciones duran poco y resultan gratificantes.

Fin

sábado, 19 de agosto de 2017

Ella lo hizo

- Eres hermosa y brillante, cualquier individuo voltearía a observarte o intentaría cortejarte y te vienes a enamorar de este hombre que no se encuentra herido ni exhausto, solo sin órbita. 
Nadie nunca me hizo sentir bella sin llenarme de adjetivos. 
Tú viste mi alma a través de tus ojos sin intentar conquistarme. Estremeciste mi piel haciendo que lea tus escritos, no vi mi nombre ni una caracterización familiar; pero los sentí míos. 
Era como si contaras mis sucesos, los que nadie se entera, los que guardas. Todos ven mi rostro y cuerpo, nadie mi alma, tú la viste con una facilidad impresionante.
Yo solo escribo lo que el corazón manda. No existe un destinatario en los textos, va para quien se vea reflejado.
Mi intención nunca fue enamorar con mis escritos, lo que disfruto es crear una conexión, el lector identificado con lo del escritor.
¿No has pensando que podrías salirte de la línea? De enamorar a alguien, cerca a ti, que te lee, que piensa que un día podrías escribir por ella, hacerla sentir lo que tus palabras dicen, ¿nunca te diste cuenta que puedes cautivar con palabras?
De ser así, me considero un irresponsable.
Díselo al corazón que arde por ti.
Te has enamorado de las palabras del escritor.
No.
¿Entonces?
Del corazón del autor.
Hizo que sonriera.




Fin

jueves, 17 de agosto de 2017

0 en Tecnología

- ¿He dicho que soy malísimo para los números? Bueno, también lo soy para la tecnología. 
Mi celular empezó a estresarme cuando el almacenamiento se encontraba lleno, pues, a pesar de descargar en mi PC videos y fotos muy personales, seguía copado. Entonces, resolví comprar una memoria extra. Me encontraba en un centro comercial exclusivo para esas cositas y quise aprovechar la oportunidad de añadir a la primera compra un par de cases, audífonos -que según dijo la chica, te evitan el cableado- y de regalo me dieron un palo de selfie, ¿me habrá visto cara de posero? O tal vez, pensó, ‘este es fotogénico’ (jajaja, no pensó eso, solo bromeo).
Lo curioso de todo esto es que la chica tuvo que explicarme siete veces como diablos funcionaba todo. Dios, qué vergüenza, hasta le dije, ¿me puedes colocar el case? Me sentí como un parroquiano intentando colocarse un preservativo.
Ella, muy amable y sonriente, hizo todo de manera asombrosa, incluso, se lució mencionando nuevos equipos y yo, que tenía treinta minutos de tiempo extra, pues, la persona a quien iba a dejarle un libro tardaría, la oí con la paciencia que me caracteriza y recordando ‘a las chicas les gusta que las escuchen’.
Al final no compré el equipo porque aparte de superar mi salario mensual, estaba demás. Me dio una tarjeta ‘extrañamente’ diciendo: Me llamas cualquier cosita.
Y pensar que solo fui para comprar una memoria externa. En fin, ahora puedo poner todas las canciones de Maluma, Daddy Yankee y Wilson y Yandol que tanto me gustan. Además, oír todo el tiempo ‘Despacito’ (crucifíquenme si un día hago eso). Lo que es cierto es que ya no voy a tener que eliminar mi colección de fotos de JLaw y Wonder Woman.
Esa fue mi aventura por la mañana. Luego me vi envuelvo en una maldita huelga; pero esa, es otra historia.



Fin