- Extraño esa inocente pregunta después del primer beso.
¿Qué somos? Y curiosamente me devuelve la interrogante: ¿Qué quieres que seamos?, entonces le sujeto la mano y después de sonreír pregunto mirándola a los ojos, ¿Quieres ser mi enamorada? Acepta gustosa y retomamos el beso.
Lo tierno irradia en que desde ese instante empezamos a caminar cogidos de la mano.
Y ese es un lindo inicio.
-Pueden comprar el libro en Zeta Bookstore de Miraflores - Av. Comandante Espinar 219. Espero que les guste y lo recomienden-.
Mi nuevo libro

Puedes pedirlo al WhatsApp +51 987774365
martes, 30 de junio de 2015
domingo, 28 de junio de 2015
A realizar los sueños
- Me cuesta creer que exista gente que abandona sus sueños. Yo no podría vivir realizando algo que no me gusta. No soy un gran escritor y eso me alegra porque trabajo por ser mejor, por incrementar mi conocimiento y relatar buenos cuentos, poder crear una excelente obra, no me tiro al abandono y me dedico a otros quehaceres.
Amo lo que hago y me hace feliz hacerlo diariamente, de repente no tengo un Best Sellers (aunque lo imagino todas las noches antes de dormir) y no me lleno de dinero vendiendo el libro ni hacen películas de mi obra o me otorgan galardones, condecoraciones, que se yo; pero disfruto de esto, es un camino jodido, pero es el camino que he elegido. Amo lo que hago porque me satisface a nivel personal, me expreso escribiendo y disfruto contar historias. Es lo que amo y reitero siempre que pienso realizarlo el resto de mi vida porque adoro vivir haciendo lo que me gusta.
Estoy seguro que voy a escribir bastantes libros y seguiré trabajando por ser mejor soñando que en algún momento todos mis sueños se van a ir completando a base de esfuerzo y pasión por esto que amo.
Amo lo que hago y me hace feliz hacerlo diariamente, de repente no tengo un Best Sellers (aunque lo imagino todas las noches antes de dormir) y no me lleno de dinero vendiendo el libro ni hacen películas de mi obra o me otorgan galardones, condecoraciones, que se yo; pero disfruto de esto, es un camino jodido, pero es el camino que he elegido. Amo lo que hago porque me satisface a nivel personal, me expreso escribiendo y disfruto contar historias. Es lo que amo y reitero siempre que pienso realizarlo el resto de mi vida porque adoro vivir haciendo lo que me gusta.
Estoy seguro que voy a escribir bastantes libros y seguiré trabajando por ser mejor soñando que en algún momento todos mis sueños se van a ir completando a base de esfuerzo y pasión por esto que amo.
sábado, 27 de junio de 2015
Mujeres al natural
- Me gustan las mujeres al natural.
Frente al espejo cepillándose los dientes, vestida con pantaloneta y bivirí, con el cabello sujetado y dejando caer la cola por uno de sus hombros. Me ve estático apoyado en el marco, anonadado por su belleza, se detiene manteniendo el cepillo dentro y los labios espumados con un aire humorístico que me roba una sonrisa y abre los brazos en señal de ¿Qué pasa? Eres hermosa, se lo hago saber y me alejo para esperarla sobre la cama.
Frente al espejo cepillándose los dientes, vestida con pantaloneta y bivirí, con el cabello sujetado y dejando caer la cola por uno de sus hombros. Me ve estático apoyado en el marco, anonadado por su belleza, se detiene manteniendo el cepillo dentro y los labios espumados con un aire humorístico que me roba una sonrisa y abre los brazos en señal de ¿Qué pasa? Eres hermosa, se lo hago saber y me alejo para esperarla sobre la cama.
miércoles, 24 de junio de 2015
Maratón
- Recorría el quinto de primaria en un colegio cerca a mi casa. Como todos los años escolares esperaba ansioso el medio año porque iniciaban las olimpiadas.
El profesor de E. Física y a la vez tutor del salón informó que realizarían una maratón, aparte de los típicos campeonatos de fulbito, básquet y demás.
Junto a mis amigos nos animamos a participar, no era obligatorio; aunque si corrías te ganabas un 20 en la libreta. Se anotaron todos, incluyendo a un amigo, quien pesaba más de cien kilos; pero anhelaba su 20 dibujado en la libreta.
Un grupo de seis nos anotamos también en fulbito y el resto en lo demás. Nunca me interesó participar en algo que no fuera fútbol; aunque respetaba los gustos de otros.
La maratón se desarrollaría el sábado, fue lunes cuando el profesor nos comentó sobre la competición y tuvimos que entrenar el resto de la semana, lo cual me pareció estupendo porque obviamos algunos cursos tediosos. La razón por la cual entrenamos era que competiríamos contra otros colegios y el director junto al tutor no querían pasar vergüenza; poco me importaba ese hecho, gustoso me perdía las clases por trotar y hacer ejercicios en la cancha.
El profesor de E. Física nos motivó durante la semana e hicimos distintos tipos de entrenamiento, inclusive, recorrimos el lugar por donde deberíamos correr, lo hicimos todos juntos y a la par; pero luego simulamos una maratón y yo fui el vencedor.
En ese entonces era veloz, mi juego se basada en la velocidad y el tiro fuerte; aunque nunca corrí una maratón podía correr bastante rápido sin cansarme ni detenerme, era el arma clave del salón y del colegio, no me lo dijo; pero sentía que depositaba su confía en mí.
Cuando nosotros terminábamos el entrenamiento previo a la maratón los otros salones también salían al pateo a practicar e imaginaba que los participantes de los distintos colegios realizarían la misma acción, claro que en su propia pista atlética. Además, seguramente estarían informados de cómo sería el recorrido.
El sábado al llegar al colegio encontré a un mar de personas aglomerarse en las afueras, era la primera vez que iba al colegio contento y encima, sábado por la mañana. Me pareció gracioso ver a mis amigos mostrar su mejor sonrisa, vestidos de corto y calentando. Me uní y seguimos con el estiramiento. El profesor se nos acercó rato después para recordarnos la ruta; pero ya teníamos un afiche que indicaba la misma. Entonces, resolvió motivarnos y aseverar que estaría contento si llegásemos en los primeros puestos.
Cuando se marchó vi entrar a varios alumnos de distintos colegios, lo noté por los buzos e imaginé que serían buenos competidores porque llevaban accesorios, tales como tomatodo, rodilleras y hasta una toalla colgando del hombro, parecían especialistas en carreras, inclusive, sus zapatillas no eran como las mías -que generalmente usaba para jugar pelota, gruesas y con cocos- sino que lucían brillosas y ligeras. Admito que nos sentimos intimidados, más cuando empezaron a prepararse y sus piques eran veloces.
Por otro lado, el director cogió el micrófono y desde el estrado se dirigió al público: Señores, vamos a dar inicio a la maratón.
Las madres de familia fueron quienes más gritaron, nosotros estábamos callados, tal vez, preocupados, mientras que el resto de alumnos, las chicas más que todo, gritaban eufóricas porque iniciara la carrera, se morían de ganas por alentar al colegio, al punto de corear algunas rimas. Se me hizo muy gracioso escucharlas.
Desde el estrado nuevamente se escuchó: Invito a los participantes a acercarse a la línea de partida y junto a mis compañeros caminamos hacia allá. Enseguida, lo hicieron los corredores de otros colegios.
A simple vista habré calculado a unas cuarenta o cincuenta personas dispuestas a dejarlo todo en la pista.
De nuevo el director se explayó: La regla es simple, quien llega primero gana. Rápidamente todos empezamos a reír, más que todo para relajarnos, no tanto por el estúpido chiste.
Habrá premio para el primer, segundo y tercer puesto, puntualizó al final.
Solicito a los padres de familia, profesores y curiosos que se alejen porque va a iniciar la maratón, dijo y empezamos a prepararnos.
Una vez listos oí decir por última vez: En sus marcas, listos, ¡Fuera! e inmediatamente salimos disparados.
Iba primero y no dejaba de correr, miraba ha atrás por segundos y los notaba lejanos, me llenaba de satisfacción y continuaba corriendo a toda velocidad.
Las primeras cinco cuadras eran todo de frente, sabía que al chocar pared debía voltear a la izquierda y al hacerlo sentía que poco a poco me iban alcanzando, de repente porque tardé en girar o me abrí mucho; sin embargo, seguía adelante, aunque ya no volteaba a mirar.
Corría sin detenerme y comenzaba a escuchar a mi corazón palpitar con rapidez. Mantenía equilibrada la respiración; pero por más que quería aumentar la intensidad e intentar hasta volar no podía. Poco a poco iba disminuyendo la velocidad y por más que no lo notaba, que no me daba cuenta, atrás me iban alcanzando y no se trataba de mis compañeros.
Doblé a la izquierda en la siguiente esquina y dije una maldición para mis adentros cuando de reojo noté a uno de esos sujetos de otro colegio asomarse, ya me estaba rozando cuando terminé por girar y elevé la velocidad para dejarlo; pero el tipo era rápido y lo tenía cada vez más cerca.
Volví a doblar a la izquierda como mandaba el rumbo y el segundo lugar giró a la derecha -ante mi completa sorpresa- y me pregunté, ¿Adónde rayos va? y en ese momento, el tercero, que era uno de mis compañeros, me dijo: Han cambiado la ruta, ahora es por aquí. Todo fue tan rápido que recordé no mirar con detenimiento el afiche y tampoco oír con atención al profesor, estaba complemente seguro que tenía la rumba en mente; pero en ese instante me cuestioné: ¿Por qué darían afiches si todos sabían la ruta? Tuve que sacar fuerzas de mis entrañas e incrementar la velocidad. Me hallaba tercero y quedaban algunas cuadras para la meta, las mismas que eran de forma horizontal. Corrí tan rápido como pude y sobrepasé a mi amigo; pero el otro se hallaba más adelante y por instantes creía que no lo lograría.
No tuve tiempo para seguir pensando en mi error, corrí y corrí tan rápido como pude y mientras lo hacía sentía que mis piernas pesaban, que el sudor que caía por mi frente irritaba el ojo y que el sol se volvía insoportable; mas no quise parar, continué y logré estar a un cuerpo de distancia. El chico trotaba, también se hallaba agotado y se creía confiado; pero cuando me vio quiso acelerar y yo también hice lo mismo y estuvimos a la par durante gran parte de ese último tramo y faltando pocos metros aceleré con entusiasmo y pude por fin sobrepasarlo sintiéndome satisfecho por cuestión de segundos porque el fulano avanzó y sorpresivamente se me cruzó, llegando a la meta antes que yo.
No todo quedó ahí. Por más cansado que me hallaba le reclamé, no se vale cruzar de ese modo en una competición de carrera.
No quiso responder y comencé a tildarlo de picón, entonces se calentó todavía más y llegamos hasta pecharnos; pero luego llegaron los demás y nos separaron.
El profesor de E. Física se acercó rato después y le pidió explicaciones al profesor del mismo curso del otro colegio, quien le aceptó que había hecho trampa; pero a la vez se excusó diciendo que era su último recurso. Para entonces no quería saber nada, había dado mi mayor esfuerzo para quedar segundo de esa manera.
Mis amigos me alentaron, también lo tildaron de picón e incluso, el profesor de E. Física, en un magnifico acto, me dijo que yo había sido el justo campeón. Me pareció genial que me dijera eso, a mis once años me sentí muy contento.
Después se aparecieron mis viejos y me dijeron prácticamente el mismo argumento; aunque mi Papá añadió que hubiera hecho lo mismo; pero le dije que no me la esperaba, que no creía que pudiera cruzarme de esa manera. Acotó que lo olvidara y de igual manera había logrado un buen puesto.
Lo curioso fue que el día de la premiación, el supuesto ganador no llegó y al momento de recibir mi premio me aplaudieron con entusiasmo. Fue emocionante; aunque admito que el premio (un vale por cincuenta soles de compras en un centro comercial) no era lo que esperaba, no para un niño de once años que únicamente anda pensando en jugar a la pelota.
Terminé dándoselo a mi vieja y me quedé con el recuerdo de los aplausos y la experiencia de mi primera maratón.
El profesor de E. Física y a la vez tutor del salón informó que realizarían una maratón, aparte de los típicos campeonatos de fulbito, básquet y demás.
Junto a mis amigos nos animamos a participar, no era obligatorio; aunque si corrías te ganabas un 20 en la libreta. Se anotaron todos, incluyendo a un amigo, quien pesaba más de cien kilos; pero anhelaba su 20 dibujado en la libreta.
Un grupo de seis nos anotamos también en fulbito y el resto en lo demás. Nunca me interesó participar en algo que no fuera fútbol; aunque respetaba los gustos de otros.
La maratón se desarrollaría el sábado, fue lunes cuando el profesor nos comentó sobre la competición y tuvimos que entrenar el resto de la semana, lo cual me pareció estupendo porque obviamos algunos cursos tediosos. La razón por la cual entrenamos era que competiríamos contra otros colegios y el director junto al tutor no querían pasar vergüenza; poco me importaba ese hecho, gustoso me perdía las clases por trotar y hacer ejercicios en la cancha.
El profesor de E. Física nos motivó durante la semana e hicimos distintos tipos de entrenamiento, inclusive, recorrimos el lugar por donde deberíamos correr, lo hicimos todos juntos y a la par; pero luego simulamos una maratón y yo fui el vencedor.
En ese entonces era veloz, mi juego se basada en la velocidad y el tiro fuerte; aunque nunca corrí una maratón podía correr bastante rápido sin cansarme ni detenerme, era el arma clave del salón y del colegio, no me lo dijo; pero sentía que depositaba su confía en mí.
Cuando nosotros terminábamos el entrenamiento previo a la maratón los otros salones también salían al pateo a practicar e imaginaba que los participantes de los distintos colegios realizarían la misma acción, claro que en su propia pista atlética. Además, seguramente estarían informados de cómo sería el recorrido.
El sábado al llegar al colegio encontré a un mar de personas aglomerarse en las afueras, era la primera vez que iba al colegio contento y encima, sábado por la mañana. Me pareció gracioso ver a mis amigos mostrar su mejor sonrisa, vestidos de corto y calentando. Me uní y seguimos con el estiramiento. El profesor se nos acercó rato después para recordarnos la ruta; pero ya teníamos un afiche que indicaba la misma. Entonces, resolvió motivarnos y aseverar que estaría contento si llegásemos en los primeros puestos.
Cuando se marchó vi entrar a varios alumnos de distintos colegios, lo noté por los buzos e imaginé que serían buenos competidores porque llevaban accesorios, tales como tomatodo, rodilleras y hasta una toalla colgando del hombro, parecían especialistas en carreras, inclusive, sus zapatillas no eran como las mías -que generalmente usaba para jugar pelota, gruesas y con cocos- sino que lucían brillosas y ligeras. Admito que nos sentimos intimidados, más cuando empezaron a prepararse y sus piques eran veloces.
Por otro lado, el director cogió el micrófono y desde el estrado se dirigió al público: Señores, vamos a dar inicio a la maratón.
Las madres de familia fueron quienes más gritaron, nosotros estábamos callados, tal vez, preocupados, mientras que el resto de alumnos, las chicas más que todo, gritaban eufóricas porque iniciara la carrera, se morían de ganas por alentar al colegio, al punto de corear algunas rimas. Se me hizo muy gracioso escucharlas.
Desde el estrado nuevamente se escuchó: Invito a los participantes a acercarse a la línea de partida y junto a mis compañeros caminamos hacia allá. Enseguida, lo hicieron los corredores de otros colegios.
A simple vista habré calculado a unas cuarenta o cincuenta personas dispuestas a dejarlo todo en la pista.
De nuevo el director se explayó: La regla es simple, quien llega primero gana. Rápidamente todos empezamos a reír, más que todo para relajarnos, no tanto por el estúpido chiste.
Habrá premio para el primer, segundo y tercer puesto, puntualizó al final.
Solicito a los padres de familia, profesores y curiosos que se alejen porque va a iniciar la maratón, dijo y empezamos a prepararnos.
Una vez listos oí decir por última vez: En sus marcas, listos, ¡Fuera! e inmediatamente salimos disparados.
Iba primero y no dejaba de correr, miraba ha atrás por segundos y los notaba lejanos, me llenaba de satisfacción y continuaba corriendo a toda velocidad.
Las primeras cinco cuadras eran todo de frente, sabía que al chocar pared debía voltear a la izquierda y al hacerlo sentía que poco a poco me iban alcanzando, de repente porque tardé en girar o me abrí mucho; sin embargo, seguía adelante, aunque ya no volteaba a mirar.
Corría sin detenerme y comenzaba a escuchar a mi corazón palpitar con rapidez. Mantenía equilibrada la respiración; pero por más que quería aumentar la intensidad e intentar hasta volar no podía. Poco a poco iba disminuyendo la velocidad y por más que no lo notaba, que no me daba cuenta, atrás me iban alcanzando y no se trataba de mis compañeros.
Doblé a la izquierda en la siguiente esquina y dije una maldición para mis adentros cuando de reojo noté a uno de esos sujetos de otro colegio asomarse, ya me estaba rozando cuando terminé por girar y elevé la velocidad para dejarlo; pero el tipo era rápido y lo tenía cada vez más cerca.
Volví a doblar a la izquierda como mandaba el rumbo y el segundo lugar giró a la derecha -ante mi completa sorpresa- y me pregunté, ¿Adónde rayos va? y en ese momento, el tercero, que era uno de mis compañeros, me dijo: Han cambiado la ruta, ahora es por aquí. Todo fue tan rápido que recordé no mirar con detenimiento el afiche y tampoco oír con atención al profesor, estaba complemente seguro que tenía la rumba en mente; pero en ese instante me cuestioné: ¿Por qué darían afiches si todos sabían la ruta? Tuve que sacar fuerzas de mis entrañas e incrementar la velocidad. Me hallaba tercero y quedaban algunas cuadras para la meta, las mismas que eran de forma horizontal. Corrí tan rápido como pude y sobrepasé a mi amigo; pero el otro se hallaba más adelante y por instantes creía que no lo lograría.
No tuve tiempo para seguir pensando en mi error, corrí y corrí tan rápido como pude y mientras lo hacía sentía que mis piernas pesaban, que el sudor que caía por mi frente irritaba el ojo y que el sol se volvía insoportable; mas no quise parar, continué y logré estar a un cuerpo de distancia. El chico trotaba, también se hallaba agotado y se creía confiado; pero cuando me vio quiso acelerar y yo también hice lo mismo y estuvimos a la par durante gran parte de ese último tramo y faltando pocos metros aceleré con entusiasmo y pude por fin sobrepasarlo sintiéndome satisfecho por cuestión de segundos porque el fulano avanzó y sorpresivamente se me cruzó, llegando a la meta antes que yo.
No todo quedó ahí. Por más cansado que me hallaba le reclamé, no se vale cruzar de ese modo en una competición de carrera.
No quiso responder y comencé a tildarlo de picón, entonces se calentó todavía más y llegamos hasta pecharnos; pero luego llegaron los demás y nos separaron.
El profesor de E. Física se acercó rato después y le pidió explicaciones al profesor del mismo curso del otro colegio, quien le aceptó que había hecho trampa; pero a la vez se excusó diciendo que era su último recurso. Para entonces no quería saber nada, había dado mi mayor esfuerzo para quedar segundo de esa manera.
Mis amigos me alentaron, también lo tildaron de picón e incluso, el profesor de E. Física, en un magnifico acto, me dijo que yo había sido el justo campeón. Me pareció genial que me dijera eso, a mis once años me sentí muy contento.
Después se aparecieron mis viejos y me dijeron prácticamente el mismo argumento; aunque mi Papá añadió que hubiera hecho lo mismo; pero le dije que no me la esperaba, que no creía que pudiera cruzarme de esa manera. Acotó que lo olvidara y de igual manera había logrado un buen puesto.
Lo curioso fue que el día de la premiación, el supuesto ganador no llegó y al momento de recibir mi premio me aplaudieron con entusiasmo. Fue emocionante; aunque admito que el premio (un vale por cincuenta soles de compras en un centro comercial) no era lo que esperaba, no para un niño de once años que únicamente anda pensando en jugar a la pelota.
Terminé dándoselo a mi vieja y me quedé con el recuerdo de los aplausos y la experiencia de mi primera maratón.
domingo, 21 de junio de 2015
Frase 15
- ¿Puedes amar a alguien que no te ame como tú y solo te quería por amistad? ¡Por supuesto! Y siempre estás ahí para todo lo que desee; pero nunca te verá cómo ve a su esposo. A veces ofrece dolor; pero con el tiempo -pienso- que ese amor deberá transformarse en un sentimiento netamente de amistad, porque a la larga no te enamoras de alguien más por amar a alguien que no te ama. No te desenamores, transforma ese amor en amistad y enamórate de otra persona que si te pueda amar.
-Espero que puedan comprar el libro "Una noche, una musa y un teclado" de venta en Zeta Bookstore de Miraflores - Av. Comandante Espinar 219 o la sucursal de Plaza San Miguel :) ...
-Espero que puedan comprar el libro "Una noche, una musa y un teclado" de venta en Zeta Bookstore de Miraflores - Av. Comandante Espinar 219 o la sucursal de Plaza San Miguel :) ...
Sábado de fútbol
- El momento en que te das cuenta que eres el más viejo -quería decir mayor; pero no iba a concordar bien- dentro del campo de juego y naturalmente diriges a los muchachos de tu equipo potenciándolos y celebras sus jugadas y anotaciones como si fueran tuyas.
Me sucede ahora que jugamos pelota los sábados por la tarde y tantas veces me encuentro sin mis compañeros de siempre (Carlos, Jeremy, Chemo, Idus) y debo acoplarme a cualquier equipo o elegir a algunos al azar; aunque he logrado consolidar un equipo -que por suerte raras veces fallan a la cita futbolera- y cuando lo hacen debo sacar del sombrero a algunos peloteros que encuentro por ahí para completar el team.
Sucedió ayer, esos peloteros con los que he reemplazado a Jeremy, Carlos, Chemo e Idus no asistieron al encuentro pelotero con absurdas excusas, una de ellas fue el resfriado y la otra una cita en el cine. Antes de continuar, se me vino un flashback y recuerdo que alguien me dijo una vez: El resfriado se cura jugando fútbol. Y otro tipo recontra pelotero me dijo: Nunca dejes el fútbol por una chica.
Cabe resaltar que ambas afirmaciones surgieron hace varios años cuando el practicar fútbol era la afición predilecta y lo que adorábamos realizar; entonces, era difícil dejarlo por más que saliera una cita con tal chica o estuvieras postrado en la cama con una terrible fiebre. Lamentablemente, ahora existen otras prioridades y el deporte de los sábados ha bajado varios escalones.
Volviendo al tema, no supe que hacer, el equipo contrario estaba completo y jamás jugaría al lado de ellos por eso tuve que idear la forma de hallar nuevos peloteros y la suerte apareció. Un par de tigrillos se hicieron presentes, recluté a mi hermano y me encargué de convencer a un portero, éramos un equipo débil, según dijeron al inicio; pero dimos pelea sacando a relucir un extraordinario cotejo futbolero.
Estuvimos a un gol de la victoria, quiero resaltar que me saqué la mierda dentro del campo, hice muy buenos goles, alenté y apoyé a mi equipo en todo momento y a pesar de la derrota no me sentí decepcionado, estuve feliz por el esfuerzo otorgado.
Quise escribir este breve relato sobre lo sucedido ayer por la noche porque me pareció tan apasionante que debió ser contado.
El fútbol de los sábados alguna vez va a caducar, los peloteros cada vez son menos; pero por suerte lleguen nuevos de vez en cuando; sin embargo, mi equipo de antaño no va a volver, están metidos en otras vivencias y los entiendo; pero tengo un equipo sólido que espero no vuelva a fallar; no obstante, si ocurre, voy a tener que sacar jugadores del sombrero.
Yo estoy seguro que seré de las últimas personas que se retire del fútbol de los sábados y me siento orgulloso de eso.
Me sucede ahora que jugamos pelota los sábados por la tarde y tantas veces me encuentro sin mis compañeros de siempre (Carlos, Jeremy, Chemo, Idus) y debo acoplarme a cualquier equipo o elegir a algunos al azar; aunque he logrado consolidar un equipo -que por suerte raras veces fallan a la cita futbolera- y cuando lo hacen debo sacar del sombrero a algunos peloteros que encuentro por ahí para completar el team.
Sucedió ayer, esos peloteros con los que he reemplazado a Jeremy, Carlos, Chemo e Idus no asistieron al encuentro pelotero con absurdas excusas, una de ellas fue el resfriado y la otra una cita en el cine. Antes de continuar, se me vino un flashback y recuerdo que alguien me dijo una vez: El resfriado se cura jugando fútbol. Y otro tipo recontra pelotero me dijo: Nunca dejes el fútbol por una chica.
Cabe resaltar que ambas afirmaciones surgieron hace varios años cuando el practicar fútbol era la afición predilecta y lo que adorábamos realizar; entonces, era difícil dejarlo por más que saliera una cita con tal chica o estuvieras postrado en la cama con una terrible fiebre. Lamentablemente, ahora existen otras prioridades y el deporte de los sábados ha bajado varios escalones.
Volviendo al tema, no supe que hacer, el equipo contrario estaba completo y jamás jugaría al lado de ellos por eso tuve que idear la forma de hallar nuevos peloteros y la suerte apareció. Un par de tigrillos se hicieron presentes, recluté a mi hermano y me encargué de convencer a un portero, éramos un equipo débil, según dijeron al inicio; pero dimos pelea sacando a relucir un extraordinario cotejo futbolero.
Estuvimos a un gol de la victoria, quiero resaltar que me saqué la mierda dentro del campo, hice muy buenos goles, alenté y apoyé a mi equipo en todo momento y a pesar de la derrota no me sentí decepcionado, estuve feliz por el esfuerzo otorgado.
Quise escribir este breve relato sobre lo sucedido ayer por la noche porque me pareció tan apasionante que debió ser contado.
El fútbol de los sábados alguna vez va a caducar, los peloteros cada vez son menos; pero por suerte lleguen nuevos de vez en cuando; sin embargo, mi equipo de antaño no va a volver, están metidos en otras vivencias y los entiendo; pero tengo un equipo sólido que espero no vuelva a fallar; no obstante, si ocurre, voy a tener que sacar jugadores del sombrero.
Yo estoy seguro que seré de las últimas personas que se retire del fútbol de los sábados y me siento orgulloso de eso.
Lo que me apena es que ambos no solo éramos un equipo, también amigos. Ahora juegas y te vas apresurado. Cosas de la vida; pero el fútbol sigue.
Fin.
viernes, 19 de junio de 2015
Venganza Macabra
- Lo vi donde siempre, en la misma esquina y esta vez sin su jauría. Fumaba un porro y miraba a los lados muy ansioso, por si una presa asomase por la esquina a estas horas de la noche.
Conozco su forma de actuar, te sigue y coge del cuello acercando un cuchillo a la garganta, difícil resistir; después te maldice y te deja ir. Sin embargo, si eres mujer y tienes menos de quince como los que tenía mi adorada sobrina, te secuestra saliendo de la escuela especial en el turno tarde y te viola sin compasión. Yo estaba en altamar y sus padres viven en el extranjero, la vecina iba a recogerla; pero se olvidó por enfocarse en la telenovela.
Luego de violarla, la degolló y escondió el cadáver en un terreno lejano, envuelto en mantas y lleno de sangre.
Un par de semanas después, encontraron el cuerpo mutilado, la escena fue desastrosa y todas las pruebas señalaban a El Buitre como el culpable.
Creí que se pudriría en la cárcel; pero un padrino de alto rango lo sacó a los catorce meses. Maldita rata burocrática que indulta al asesino de la pobre niña que sufría de síndrome de Down.
No se le vio por largo tiempo; pero ya hace unas semanas ha regresado al barrio y realizado fechorías.
Salgo de casa vestido de negro, pantalón jeans, botines y capucha. Llevo conmigo un celular y al momento que paso por la acera contigua hago ademán de estar marcando un número. De reojo observo que se desplaza sigilosamente y se coloca detrás, a unos diez metros, arroja el porro y esconde las manos en el viejo jersey.
Atravieso un oscuro y ancho pasaje, existe un poste pero nunca alumbra. No lleva a nada, sirve para orinar y arrojar la basura en enormes baldes. El tipo seguro piensa que estoy jodido y escucho el acelero de su andar por el sonido de sus zapatos.
En ese instante me doy la vuelta y lo apunto con una Mágnum calibre 38 que compré desde que lo vi de nuevo por aquí y comencé a trabajar en mi plan.
El miserable se asombra, su pinta de achorado se desvanece y eleva los brazos cuando se lo ordeno.
Deja caer el cuchillo y continúa brazos arriba. Da la vuelta porque se lo pido. Está callado; pero no parece angustiado.
Lo empujo y le exijo que camine hacia el fondo.
Hace caso sin pronunciar palabra alguna.
Cuando tocamos pared le grito que se arrodille y coloque las manos sobre la nuca. El cabrón pregunta, ¿Quién eres? y ¿Qué quieres?
Lo derribo de un cachazo en la nuca.
Todo es desolado, nadie transita y tampoco observan. La calle esta dura y la gente suele dormir temprano, solo drogadictos y criminales suelen andar a esas horas. A veces algún que otro ingenuo o tal vez, trabajadores que llegan tarde.
Sabía que en algún momento lo vería solo y pondría mi empresa en marcha. Este fue el instante. Si la ley no lo hace, alguien debe hacerlo y si es venganza el motivo con más ganas todavía.
Regreso a casa y vuelvo conduciendo. Entro al angosto pasaje, bajo del auto y meto al pobre diablo en el maletero; su flácido cuerpo es sencillo de cargar. Tiene escaso cabello y la nariz horrible. Cierro y entro al carro.
Conduzco varios kilómetros y llego al arenal donde abusó de la niña.
Cuando abre los ojos me contempla al frente, está amarrado y amordazado, sentado sobre una silla y dentro de un pequeño cuarto que anteriormente el guardián utilizaba. Ya nadie cuida y a nadie le importa pasar por aquí.
A veces pienso ¿Por qué el guardián no estuvo allí cuando eso sucedió? Ahora interesa poco, yo lo he traído de vuelta.
Suda mientras intenta zafar. Está sentado y yo al frente sobre otra silla. Tengo el arma a un lado y su cuchillo en mi mano. Sigue moviéndose; pero es inútil, años de experiencia como pescador me han hecho un experto en nudos.
Se detiene, la baba le cae por el maxilar, me resulta asqueroso, sigue sudando y mantiene los ojos abiertos y el cabello sudoso, intenta decirme algo con su mirada y resuelvo quitarle le mordaza.
Maldice, grita y hasta suplica, todo en un instante. Me levanto y me acerco a la mesa, al lado del arma hay un diario, se lo muestro con furia.
— ¿Ves? ¿Ahora me recuerdas en el jurado?, le digo mientras hago que lea el titular—.
Asesinan a niña en un terrenal, dicta el periódico. El tipo recuerda y se acuerda de mí; pero no pronuncia palabra alguna.
De inmediato, vuelve a maldecir y exigir auxilio.
—Nadie te va a ayudar, cabrón, le repito—. —No debiste haber matado a esta pobre niña inocente, cobarde de mierda— agrego furioso.
Le acerco el cuchillo y se lo paso por el cuello. —¿Es eso lo que sienten tus victimas? Rechina los dientes, el sudor incrementa e intenta moverse; pero es estéril el intento.
—Lo siento, perdóname, dice de repente—. Suelto una risotada y me acerco inmediatamente para decirle: ¿Lo sientes?, ¿Pides perdón? Si Dios existiera, te hubiera perdonado; pero yo no pienso hacerlo.
Lo degollo sin piedad, siento el filo cortar la carne, la sangre salir y mojar el piso. El Buitre agoniza, sus pupilas se dilatan y de una patada en el pecho lo hago caer para atrás. Se le acaba la respiración, la sangre sale a montones, arrojo el cuchillo y me acerco a la mesa para regresar con un galón de gasolina, el mismo que expando por su inmune cuerpo. Enciendo un habano y le digo antes de arrojar el fósforo:
Conozco su forma de actuar, te sigue y coge del cuello acercando un cuchillo a la garganta, difícil resistir; después te maldice y te deja ir. Sin embargo, si eres mujer y tienes menos de quince como los que tenía mi adorada sobrina, te secuestra saliendo de la escuela especial en el turno tarde y te viola sin compasión. Yo estaba en altamar y sus padres viven en el extranjero, la vecina iba a recogerla; pero se olvidó por enfocarse en la telenovela.
Luego de violarla, la degolló y escondió el cadáver en un terreno lejano, envuelto en mantas y lleno de sangre.
Un par de semanas después, encontraron el cuerpo mutilado, la escena fue desastrosa y todas las pruebas señalaban a El Buitre como el culpable.
Creí que se pudriría en la cárcel; pero un padrino de alto rango lo sacó a los catorce meses. Maldita rata burocrática que indulta al asesino de la pobre niña que sufría de síndrome de Down.
No se le vio por largo tiempo; pero ya hace unas semanas ha regresado al barrio y realizado fechorías.
Salgo de casa vestido de negro, pantalón jeans, botines y capucha. Llevo conmigo un celular y al momento que paso por la acera contigua hago ademán de estar marcando un número. De reojo observo que se desplaza sigilosamente y se coloca detrás, a unos diez metros, arroja el porro y esconde las manos en el viejo jersey.
Atravieso un oscuro y ancho pasaje, existe un poste pero nunca alumbra. No lleva a nada, sirve para orinar y arrojar la basura en enormes baldes. El tipo seguro piensa que estoy jodido y escucho el acelero de su andar por el sonido de sus zapatos.
En ese instante me doy la vuelta y lo apunto con una Mágnum calibre 38 que compré desde que lo vi de nuevo por aquí y comencé a trabajar en mi plan.
El miserable se asombra, su pinta de achorado se desvanece y eleva los brazos cuando se lo ordeno.
Deja caer el cuchillo y continúa brazos arriba. Da la vuelta porque se lo pido. Está callado; pero no parece angustiado.
Lo empujo y le exijo que camine hacia el fondo.
Hace caso sin pronunciar palabra alguna.
Cuando tocamos pared le grito que se arrodille y coloque las manos sobre la nuca. El cabrón pregunta, ¿Quién eres? y ¿Qué quieres?
Lo derribo de un cachazo en la nuca.
Todo es desolado, nadie transita y tampoco observan. La calle esta dura y la gente suele dormir temprano, solo drogadictos y criminales suelen andar a esas horas. A veces algún que otro ingenuo o tal vez, trabajadores que llegan tarde.
Sabía que en algún momento lo vería solo y pondría mi empresa en marcha. Este fue el instante. Si la ley no lo hace, alguien debe hacerlo y si es venganza el motivo con más ganas todavía.
Regreso a casa y vuelvo conduciendo. Entro al angosto pasaje, bajo del auto y meto al pobre diablo en el maletero; su flácido cuerpo es sencillo de cargar. Tiene escaso cabello y la nariz horrible. Cierro y entro al carro.
Conduzco varios kilómetros y llego al arenal donde abusó de la niña.
Cuando abre los ojos me contempla al frente, está amarrado y amordazado, sentado sobre una silla y dentro de un pequeño cuarto que anteriormente el guardián utilizaba. Ya nadie cuida y a nadie le importa pasar por aquí.
A veces pienso ¿Por qué el guardián no estuvo allí cuando eso sucedió? Ahora interesa poco, yo lo he traído de vuelta.
Suda mientras intenta zafar. Está sentado y yo al frente sobre otra silla. Tengo el arma a un lado y su cuchillo en mi mano. Sigue moviéndose; pero es inútil, años de experiencia como pescador me han hecho un experto en nudos.
Se detiene, la baba le cae por el maxilar, me resulta asqueroso, sigue sudando y mantiene los ojos abiertos y el cabello sudoso, intenta decirme algo con su mirada y resuelvo quitarle le mordaza.
Maldice, grita y hasta suplica, todo en un instante. Me levanto y me acerco a la mesa, al lado del arma hay un diario, se lo muestro con furia.
— ¿Ves? ¿Ahora me recuerdas en el jurado?, le digo mientras hago que lea el titular—.
Asesinan a niña en un terrenal, dicta el periódico. El tipo recuerda y se acuerda de mí; pero no pronuncia palabra alguna.
De inmediato, vuelve a maldecir y exigir auxilio.
—Nadie te va a ayudar, cabrón, le repito—. —No debiste haber matado a esta pobre niña inocente, cobarde de mierda— agrego furioso.
Le acerco el cuchillo y se lo paso por el cuello. —¿Es eso lo que sienten tus victimas? Rechina los dientes, el sudor incrementa e intenta moverse; pero es estéril el intento.
—Lo siento, perdóname, dice de repente—. Suelto una risotada y me acerco inmediatamente para decirle: ¿Lo sientes?, ¿Pides perdón? Si Dios existiera, te hubiera perdonado; pero yo no pienso hacerlo.
Lo degollo sin piedad, siento el filo cortar la carne, la sangre salir y mojar el piso. El Buitre agoniza, sus pupilas se dilatan y de una patada en el pecho lo hago caer para atrás. Se le acaba la respiración, la sangre sale a montones, arrojo el cuchillo y me acerco a la mesa para regresar con un galón de gasolina, el mismo que expando por su inmune cuerpo. Enciendo un habano y le digo antes de arrojar el fósforo:
—¿Sabes que es lo malo de matarte? Es que solo puedo hacerlo una vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)