Mi nuevo libro

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sábado, 7 de diciembre de 2019

Cosas que comparto


- Me gusta la soledad, siempre necesaria para escribir y buscar respuestas.
Cuando tengo relaciones amorosas aprecio que mi pareja comprenda las veces en las que me envuelvo con la soledad en un martirio ingenioso y voluntario que traslada a diversas situaciones y momentos de antaño o porvenir que ayudan plenamente a la escritura. Y otras veces, porque adoro estar regado en mi sillón leyendo un libro extraordinario sin la presencia cercana de nadie, ni siquiera fantasmas, de esos que habitan en mi casa.
Si mi novia lo comprende, es un gran paso para firmar un compromiso duradero.
Soy un tipo solitario, prefiero ir de compras solo, pasear un rato dando largas caminatas, pensar muchísimo en diversas situaciones astrales, terrenales, espirituales y demás, plantear preguntas sin respuesta y no tener más que dudas al final. Todo el tiempo ando buscando un hilo conector entre historias y semillas para empezar a escribir algunas.
Obviamente, también adoro los momentos de pareja, los instantes regados sobre el mueble viendo series o documentales, programas graciosos o películas, charlando de todo un poco, cocinando, planeando, riendo, comiendo y teniendo relaciones sexuales. Adoro hacer el amor, es un arte poético que se realiza con la piel y el alma, con la persona correcta resulta perfecto.
A veces leyendo libros regados en el sillón, yo leyendo y ella sobre mis piernas, escucha la poesía que dicto o los relatos que cuento, aunque a veces, simplemente todo lo que invento.
El mundo de pareja es maravilloso, pero nunca me han gustado las peleas. Yo no discuto, yo no celo, yo no ando jodiendo, simplemente, hago alguna que otra broma por ser buena onda, pero me gusta el respeto, el asunto de ser un mundo de dos, nosotros y nosotros con nuestros planetas, pasándola bien y siendo felices, ¿de eso se trata, no? De pasarla genial.

Cosas que comparto.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Preguntas en el desayuno


- Las veces que la princesa se queda conmigo desayunamos sobre la cama o cuando nos sentimos educados en el comedor como los mortales. Durante la comida que está conformada por cereal, leche, tostadas, mermelada, frutas y demás, solemos conversar abiertamente sobre toda clase de tema; aunque nuestros títulos favoritos siempre son historia y astronomía.
La noche anterior poco antes de dormir estuvimos viendo algunos documentales buenísimos en Netflix, cuando le ganaba el sueño se fue a descansar y yo me aventuré en mi labor literaria. Al amanecer nos reencontramos con sonrisas motivo de haber dormido rico, alistamos los pendientes y nos acomodamos en la mesa.
—Pa… ¿crees que exista vida en otros planetas? Dice al tiempo que corto el pan para llenarlo con mermelada de fresa.
Es una pregunta compleja. Su inquietud natural e insaciable es voraz igual que sus cuestiones. Eso me gusta, pues la crio con pensamiento crítico, abierto y sumamente creativo. Capaz de no cegarse y estar dispuesta a saber y hablar de todo sin restricciones.
—Estoy seguro que sí. De hecho, hay más planetas que estrellas en el universo, puede que en alguna exista vida extraterrestre; aunque de lo no que estoy seguro es que sean como nosotros. Digo, físicamente. Pues los imagino monstruosos, grises, tal vez con cabezas grandes y manos pequeñas. De repente sumamente inteligentes o inofensivos.
—Yo creo que existen; pero no quiere ser descubiertos. Es decir, si nos visitan, ¿Por qué no aparecen? De madrugada pensé en eso. ¿Qué tal si somos su creación?
Otra pregunta compleja.
—Puede ser, preciosa. El inicio de la vida es un misterio. Dicen que vino desde un asteroide, otros que fue repentino, aunque ahora último estuve investigando que los científicos afirman que la vida fue inevitable.
—Inevitable, me gusta esa palabra, pa. Porque da pie a que tengamos un objetivo.
La miré asombrado por su capacidad de amoldar ideas.
Yo a su edad jugaba con mis muñecos creyendo que tenían vida.
—Pero, ¿Cuál es el objetivo? — añade.
—Cada uno tiene uno, preciosa. Yo, por ejemplo, soy escritor y tú con el tiempo te darás cuenta del tuyo. El punto, mi amor, como te suelo decir es hacer lo que amas y ser feliz.
— ¡Sin hincharle las pelotas a nadie! —Adjunta con énfasis.
—Sí, pero eso último no lo menciones con tu madre— dije con una sonrisa.
Reímos juntos.
—Entonces, si hay vida en otros planetas…. Se queda pensando dejando el cereal intacto y comenta: Si hubiera. ¿Tendrían otras religiones? ¿Otras costumbres? ¿Otros dioses? Imagina, pa, una civilización con otros sistemas de vivencia. ¿Cuál o quien sería su Dios? Capaz ni siquiera tienen uno y viven miles de años a diferencia de los humanos o son ampliamente inteligentes y por eso no nos dejan verlos y solo quieren ver como crecemos.
Hay tantas ideas que se me ocurren.
—Pero mientras, desayuna por favor.
Sonríe.  
Come y sigue hablando: El universo es tan grande como para sentirnos solos.
—Infinito, preciosa.
Asiente con la cabeza.
— ¿Y si son buena onda? Y tan solo son tímidos. ¡Ya sé! Inteligentes y sabios pero débiles porque los humanos son destructivos y no quieren juntarse con nosotros.
—Esa es una buena resolución— le dije y me puse a pensar en su comentario.
Vuelve a comer el cereal masticando también sus ideas.
—De cualquiera manera, pa… La tierra es solo el comedor del universo.
—Ni siquiera eso, preciosa.
—El baño entonces— dice y reímos.
—Somos menos que nada ante el espacio— le digo.
Y se emociona.
—Y hay tanto por conocer— dice y sonríe como fascinada con la idea que a cualquiera le podría ocasionar terror.
Tocan el claxon, es la movilidad escolar.
—Dale preciosa, apuremos—.
—Ay pa, que aburrido es el colegio, allá nadie habla de estos temas y hoy toca religión— dice hastiada.
—Te entiendo, pero tienes que ir o tu madre me mata. Y procura no contradecir al maestro de religión, vive cegado — le digo.
Lo siguiente que ocurre es hacer todo a la velocidad de la luz y dejarla a tiempo para que aborde y se marche a estudiar.


Fin

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Un correo raro


- Siempre reviso mi correo al primer momento de levantarme, chequeo los mensajes minuciosamente por si allí se encuentra alguno de una editorial americana.
Hoy encontré un mensaje curioso, era un tal Jeff Smith Hardy de Irlanda, un supuesto millonario europeo a punto de estirar la pata y en su completa bondad y misericordia -mencionando a Jesús, Dios, los reyes magos y demás- (detalle que no me pareció agradable porque respeto mucho las otras creencias como para andar burlándose de ese modo tan salvaje) me dijo lo siguiente: Bryan, brother, te dejo como herencia mi fortuna de 300, 000 millones de dólares. Por un momento pensé que la cifra hablaba acerca de la velocidad de la luz, es que ando obsesionado con la astronomía. Sin embargo, el señor, pues en su foto aparecía un viejo de bigote blanco como su melena, aseguró nuevamente metiendo al Cristo de los cristianos, de esta manera. Voy a copiar y pegar: Bendito seas, Bryan Barreto, te escribo desde Dublín, en mi ahora lecho de muerte para decirte que te he elegido como merecedor y acreedor de mi grandiosa fortuna por ser un buen tipo. Dios y yo te hemos elegido.
Pocas personas me llaman buen tipo. Mi esposa, mi madre, mi abogado (no, ese no), mi mascota y mi amigo de la tienda.
La jugosa cantidad de dinero, según sus siguientes palabras, iría directamente a mi cuenta bancaria BCP de ahorros aquí en la linda y asquerosa ciudad de Lima donde hacen tuberías y crean todo un desastre del carajo que me irrita y molesta y no puedo sacar a relucir mi auto Bolocho del 72 porque todo está jodidamente obstaculizado. Sí, sé que van a decir que en sus países es igual, pero realmente Lima está desastrosa. Por eso requiero unas lindas vacaciones en mi bello Gualeguay.
El Sr. Smith añadió: Por favor, hijo mío (no tiene ni un puto parecido a mí, pues yo no tengo bigote, tampoco pelos en el cuerpo;  es mi suerte, que horrible tener que comer y reservar residuos en la barba)… Cuida ese dinero para la prosperidad, no te los gastes en cojudeces ni inviertas en campañas de políticos. Solo guárdalo en tu caja fuerte.
El mensaje estaba tan bien redactado, elegante, bonito y hasta firmado por Sr. Smith y su abogado, un tal Fletcher.
Por un momento, en mi total inocencia (a quien engaño) pues, en mi completo estado de sonambulismo, pensé: ¿Y si esta mierda fuera cierta? Dejaría mi trabajo, me casaría, tendría una colección de hijos, guardaría todo en las Islas Caimán y me fumaría un puro en un sitio por Cuba.
Sin embargo, obviamente todo ese asunto era una completa trafa estrafalaria de un boludo atrás de la pantalla que piensa que habrá huevones capaces de caer, pues lo siguiente que ocurrió fue: Lo único que os pido, querido hijo mío, es que deposites 3 mil dólares a una cuenta para que el abogado de mierda haga unos trámites a tu nombre y te deposite el dinero.
Esto me recordó a que una vez un tipo me dijo que había un negocio llamado ‘Zia o Zio’ no me acuerdo bien, el punto era que debía de comprar unas bebidas, tipo el negocio de los perfumes y tener que venderlas tras hacer un aporte, era una de esas cagadas piramidales, yo me reí en su cara porque se estaba burlando de mi intelecto. Puede que no haya estudiado Contabilidad o Administración, pero no soy gil.
También me hizo acordar a esos bobos con planchas de hojas que habitan por centros comerciales haciéndote firmar para una maldita ONG más falsa que los bigotes de mi supuesto padre en el correo.
Me estresa la gente que se cree viva y creen que puede jugar con las emociones de los otros. ¡Se irán al infierno!
Tras leer el correo, hice la transacción de los 3 mil dólares, recibí la fortuna del viejo decrépito y a partir de ahora soy jodidamente rico.
¿Qué lindo final, no?
Pues, no fue así.
Simplemente leí el puto correo, lo borré, pensé en escribir este texto y lo estoy haciendo en mi laptop de 2 mil solsitos, un cafecito peruano en taza grande que compré en Casa&Ideas de oferta 3 x 2, un par de huevos duros y una tostada Bimbo viendo el amanecer desde mi departamento en el quinceavo piso.
Pobre, pero feliz.
Es broma, estoy en el baño. Me ha caído mal esa papa rellena del mercado.

Moraleja: Hay que tener cuidado con estos huevones, de inmediato se borra todo. Bueno, ustedes son inteligentes.


Saludos.


martes, 3 de diciembre de 2019

Frase 101

- A veces te miro y pienso en lo perfecta que eres, entonces me doy cuenta que mi poesía al fin tiene sentido. Uno basado en tu encanto natural.

Tiempo de relax

- Hay gente que cambia de pareja como de ropa interior.
Yo no podría por estas razones honestas: Amo mi espacio, me da pereza iniciar otra relación y porque no me enamoro con rapidez.
Me gustan esos duelos post noviazgo donde uno reflexiona y está libre para vivir otras actividades.
No se trata de andar desesperado por hallar una otra mitad o buscar locamente con quien calmar la soledad, uno mismo debe hallar la paz para generar equilibrio en otras relaciones, de lo contrario todo se vuelve un desastre continuo.
Acabas, piensas, vives y quizá luego empiezas. Lo haces sano, curado, estable, sólido, rico en experiencia y ganas renovadas. Y sobre todo sin un pasado cercano.
Hay que tener estabilidad emocional.

Cerebrito

- Muy temprano, durante el desayuno la pequeña me preguntó: ¿Cuándo se acabará el mundo?
No tuve una sola respuesta, sino varias teorías olvidando que ella tenía un argumento para definir todo en otra pregunta: ¿Y si los humanos llegamos a ser capaces de mudarnos de planeta?
Me deja pensando su compleja capacidad analítica y creativa.
Futura científica.

Amanecí extrañando


Amanecí extrañando. ¿No te ha pasado? Abrir los ojos y mirar al lado izquierdo de la cama añorando que el sueño se haya emancipado en la realidad. ¡Y así pudieras tenerla cerca de ti!
Dicen que lo peor de soñar bonito es toparte de golpe con la verdad.
El corazón quiso estallar, pero esta vez no de un frenesí que destella brillo solar, sino en un afán angustioso y penoso que muchas veces se reserva y que otras veces, como esta, deja rienda suelta para la escritura.
Allí estaba abriendo los brazos para la imagen perpetua salida de un flash que recogen sus suaves manos, miraba un santiamén la fotografía para aseverar que estaría en redes al rato siguiente, no perdía el tiempo en mirar imágenes, solo quería seguir teniendo su piel cercana, la calidez de unas manos suaves que convergen con las mías y nos adentramos en un paraíso terrenal a unas horas de mi capital en donde gozamos y vivimos un incansable sueño virtuoso cada mañana.
Aunque este amanecer haya sido como un golpazo frío de boxeador profesional y me haya derribado a una lona profunda donde todavía siento que caigo, esos retazos de recuerdo lejano a pesar del corto tiempo en espera me han detenido y he hecho reflexionar sobre los sucesos más lindos de esta época.
Amanecí extrañando.  La suavidad de los cabellos, el despliegue de los mismos a los compas del tiempo mientras se acerca a la refrigeradora en busca de un calmante para la sed, las manos suaves que rozan mis arrugas causadas por las noches de literatura, los besos dóciles y repentinos en función de expresar amor sobre un sofá largo y estéticamente adecuado para ambos, los abrazos en todas las esquinas como ideándose para la despedida, como sabiendo que tendremos que escaparnos de nosotros mismos, pero sabiendo, tal vez a medias o no creyendo pensar, que volveremos a vernos en un futuro lejano para los sentidos pero cercano para las otras mentes que rondan o acompañan la vida. Pues decir que la vuelta es en meses a cualquiera le resulta fresca y sólida; pero para entes enamorados la vuelta en días se hace un martirio exitoso de la naturaleza y el destino.
Uno del que por suerte sabemos manejar.
Amanecí extrañando. Quise verte en las esquinas de mi habitación, escondida detrás de la cortina, usando una de mis camisas y riendo, preciosa y divina, exacta para mis abrazos, preciosa desde todos los puntos de vista, incluyendo mi favorito, por supuesto, sobre mi cuerpo y rozando mi pecho.
Tan divina y estupenda con esa naturalidad para preparar el desayuno, las facturas y el té gaucho, decir los versos y dar los besos acorde a su naturaleza maravillosa y brincar sobre mi cama tras un asedio repentino de amor hacia su novio que se acaba de levantar y abre los brazos en espera de su llegada.
Sonriente brota del suelo como una súper heroína y eleva las piernas cayendo en mi cuerpo como un golpazo de rica agua tibia de la mar o del río en donde añoramos entrar, de cualquiera manera o forma, se encuentra cerca de mí para abrazarme y llenarme de ese amor tan puro y honesto que solo ella sabe sentir en toda esa dimensión virginal, honesta, preciosa, sincera, loable y admirable que únicamente a su tiempo y entrañas sabe sentir y decir.
Hoy amanecí extrañando nuestros cuerpos sobre la cama, las palabras y los actos, los versos y los besos sin fronteras, el palabreo indicado y los sueños de cama y futuro, los besos apasionados y profundos y las caricias que no conocen de limitaciones. El hecho de converger para siempre fusionando las almas y los cuerpos, hacer el amor como fieras e inocentes, como amantes enamorados de la vida y el mundo, como agentes de un amor loable y exquisito, como dos humanos en una habitación de un lugar precioso y no tan lejano del que supe enamorarme.
Extraño las pieles y los sucesos, los besos y las palabras, el viento y el aroma de tu cabello, los hechos y los actos sobre el edredón. Extraño tu cuerpo y tu alma.
Hoy amanecí extrañando y aunque hubo un abismo de melancolía, miles de emociones disparando contra mí y una angustia terrible en el pecho, me di cuenta que el amor vence todas las adversidades y depende de dos que por siempre exista. Eso me mantiene sonriendo.

¿Y tú, amaneces extrañando? Pues, recuerda y sonríe.



Fin