Mi nuevo libro

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miércoles, 3 de febrero de 2016

El amor 2

- El amor es complementarse, es el hecho de intercambiar sentimientos preciosos y sinceros que únicamente sienten el uno por el otro. Es el placer cotidiano, asiduo, discontinuo o espontaneo de estar juntos y demostrarse recíprocamente lo que llevan dentro de sí y fue creado por la actitud, por el comportamiento, por la personalidad que cada una de las partes fue mostrando a lo largo del tiempo, mientras iban disfrutando de los momentos, al ritmo de esos ratos maravillosos que van volviéndose recuerdos, los mismos que se liberan por la noche como imágenes luminosas que se proyectan antes de dormir. Es la admiración constante de ambas mitades, el respaldo mutuo, una coraza de confianza que fue volviéndose fuerte con el tiempo, es honestidad en todo momento y ganas enérgicas, deliberadas, imperiosas y a veces con dosis de locura de querer estar juntos. Es el conjunto de convicciones para vencer a las dificultades rutinarias, es dejar de ser yo para ser tú. Son dos mundos que convergen, se fusionan; pero siguen siendo dos mundos. El anhelo perpetuo de querer gozar de lo mismo siempre y es hacerlo realidad la siguiente cita. El amor existe, el amor es más que versos, más que poesía, más que historias sacadas de libros, es realidad. Es lo que inspira, motiva y entusiasma y será por siempre lo que te producirá alegrías eternas.





martes, 2 de febrero de 2016

Un anhelo

- Imagino que alguna vez mis hijos tocarán la puerta del estudio preguntando si cenaré junto a ellos. Dejaré el capítulo del libro a un lado e iré a compartir con la familia. Maravilloso, ¿No? Es un anhelo fascinante.


Frase de mi mascota

- Cuando Jesús dijo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, solo los perros escucharon.


De: Pinina 





lunes, 1 de febrero de 2016

Un día muy aburrido

- Conocí a Lili (estoy cambiando el nombre con intención) en una reunión a la que asistí junto a mis amigos y coincidió el hecho de vivir cerca. 
Días posteriores entablamos conversaciones vía MSN y luego acordamos una salida. 
Existió un breve acercamiento entre ambos en dicho encuentro realizado en un parque cercano; aunque no hubo besos ni roces de manos, sabíamos que de alguna manera nos atraíamos. 
Por mi parte, salía de una prolongada relación y por su parte, andaba sola hace bastante tiempo. 
En dicha ocasión la pasamos chévere, charlamos de todo poco conociéndonos más y acordamos, antes de despedirnos, en tener otro encuentro; pero, por azares de la vida, no ocurrió. 
Tiempo después, propuso salir a pasear, quería ir a patinar junto a una amiga y me sugirió que llevara a un amigo. Acepté y acordamos el día y la hora.
Faltando poco para la cita mi amigo me envió un mensaje diciendo que su entonces ex novia lo acababa de visitar de sorpresa. 
Maldije varias veces y se lo hice saber vía mensajes de texto; pero no respondió a ninguno. Luego entendí la situación e intenté recluir a algún otro; pero ninguno se hallaba disponible. Pensé en desistir de la idea y dejar que vayan solas; aunque, a la vez, llevaba tiempo sin verla y seguramente, creía muy dentro de mí, que no le gustaría la idea de cancelar la cita, de repente porque tendría ganas de verme y quizá, de una vez, relacionarse conmigo.
Recuerdo haberlo pensado un par de veces, ¿Voy o no voy? Y de repente, cuando la hora apremiaba, resolví ir al encuentro.
Obviamente se sorprendió negativamente al verme solo, su amiga se encontraba seria y defraudada, tenía ganas de conocer a un galán, no de hacerla de violinista.
Yo también me hallaba desconcertado, no creí que este amigo acabaría volviendo con su ex un día posterior a su frase: ¡No vuelvo con ella jamás! Pero son situaciones que ocurren.
Ambas llevaban patines, por un momento pensé que realizarían ese ejercicio por el parque; pero quisieron asistir a un lugar específicamente para ello, el mismo que quedaba a una hora de distancia en bus desde donde me hallaba y para colmo de males, Lili se encontraba seria y distante de mí; pero junto y naturalmente respaldando a su amiga. En ese momento sabía que no tendría opciones a un acercamiento físico, no habría besos ni abrazos, estaría soñando si imaginaba que en algún momento podríamos darnos un beso. Maldije a mi amigo y a pesar de no estar del todo seguro arribé junto al par de chicas a dicho centro de esparcimiento.
En el bus de ida ellas charlaban entre sí de diferentes temas, de chicos, de cursos, de chismes, de sus amigas, de sus enemigas, entre otras cosas, mientras que yo, que por mala fortuna, no había llevado audífonos, trataba de enfocarme en un objeto para hacer menos tedioso el trayecto. No me dirigían la palabra y cuando lo hicieron dijeron a la par, supongo que como todo buen caballero, vas a pagar los pasajes.
Se me hizo completamente graciosa esa sugerencia; aunque, para impresionar o por buen tipo, sonreí y añadí, obviamente.
No llevaba mucho dinero, juraría que no nos moveríamos tanto; pero, por suerte, algunas monedas tenía y alcanzaría para el viaje y una botella de agua.
Quiero decir que el bus avanzó a velocidad y pude concentrarme en el objeto obviando las estupideces que hablaban sin detenerse; pero no fue así. Fui testigo del chisme a más no poder, de los rajes, de la imaginación de dos chicas que no se callaban nada; además de pagar el pasaje, por poco me hacen comprar helados. Suerte que me hice el distraído cuando una de ellas dijo, me provoca un heladito. 
El viaje de una hora y pico se hizo interminable, no quería pensar que todavía quedaba el regreso y para colmo de males el sol empezaba a salir. Maldecía a mi ausente amigo y a mi odiosa fortuna.
Llegamos a dicho lugar, era enorme y repleto de gente, además el sol se hallaba candente y yo deseaba encontrarme en la playa, descansando y relajado.
Ellas se alistaron y comenzaron a patinar mientras que yo me acomodaba a un lado para, simplemente, dedicarme a observar el ambiente.
En dicho entonces las redes sociales no andaban tan de moda como ahora ni los celulares llevaban tantas aplicaciones. De hecho, tenía uno que únicamente servía para recibir llamadas, enviar mensajes y escuchar música.
Mi onda nunca fueron los deportes extremos, en el lugar se encontraban chicos montando skate, patinando, saltando rampas con bicicletas, entre otros deportes. A mí siempre me gustó el fútbol y nada más que el fútbol por eso no entraba en el lugar; pero ellas se perdían en la multitud, por momentos no las veía y si las hallaba con la mirada no dejaban de reír y sonreír, a diferencia de mí, que estaba completamente serio y totalmente aburrido.
Sorpresivamente, Lili se acercó dejando a su amiga a un lado, en ese momento creí que todo podría mejorar, que de repente se quedaría a mi lado, conversaríamos, diría lo que siente y quizá, nos besaríamos. Podría motivarme y mantener la compostura si aquello sucedía.
¿Qué haces solito? ¿Estás aburrido? Preguntó con aires de inocencia. La respuesta era obvia y sentía que no era su culpa, sino mía por haber aceptado ir.
Todo está bien, le dije con una sonrisa sumamente fingida. Devolvió la sonrisa y se fue junto a su amiga. Volví a sentirme aburrido y además, dejaba de gustarme. Obviamente, me desinteresa alguien que no muestra interés.
Pasó el tiempo y se fue haciendo de noche, por ello, las personas se fueron retirando.
Creí que ellas también lo harían, nos iríamos y podría regresar a casa para echarme sobre la cama luego de darme una ducha y poder relajarme viendo televisión; pero no, no quisieron partir.
Vamos a comer algo, no me caerían mal unas hamburguesas, dijo Lili junto a su amiga. Yo sabía que querrían que pagara porque seguramente pensaba que mis intenciones iban mas allá de un beso; pero para dicho instante ya me había hartado de su presencia y actitud y no quería saber nada.
Yo no tengo hambre, además, estoy cansado, dije con seriedad.
Ellas se miraron y cambiaron de parecer. Pues, entonces, vamos a la casa.
Sentí bastante alivio; aunque, obviamente, el regreso fue lo más tedioso que pudo existir, no solo porque tuve que aguantar su palabrería basada en chisme y raje, sino que estuve parado.
Aguanté dos interminables horas aplastado y parado; pero llegué a casa y lo primero que hice fue ducharme.
Estoy obviando el hecho de haberlas acompañado a su casa, dejado en la puerta y despedido porque me resulta innecesario. A pesar del mal día que pasee debía de comportarme como caballero y dejarlas en casa.
Me decepcioné de Lili por la forma como hablaba de las otras personas y tener ese pésimo día redondeó una pésima jarana.
Días después le conté lo sucedido a mi amigo y este entre risas preguntó, ¿Cómo pudiste aguantar todo eso? Y la verdad es que no pude hallar una respuesta contundente.
No volvimos a vernos; aunque, habremos mantenido más de una charla vía MSN.


Fin

sábado, 30 de enero de 2016

El amor

- Si el amor se basa en momentos de euforia, abrazos que detienen el tiempo, besos interminables, miradas que ausentan palabras, sonrisas y acontecimientos grandiosos. Si se trata de estar de la mano a pesar de todo lo que pueda ocurrir, si nos abrazamos y nos repetimos te amo a cada instante. Si estaremos cuando requerimos o cuando no estemos, si caminamos juntos el mismo sendero y miramos la misma dirección. Si el amor es respetarnos y confiar, si nosotros, por alguna obvia razón o de repente, fantástica, hemos llegado a este punto de partida y seguimos juntos el tiempo que queramos, si permitimos que ello suceda. Si el amor es eso, dos personas que se conocen desde los ojos hasta el alma e igual se aman con frenesí, honestidad y pasión, entonces quiero gozarlo toda mi existencia, de preferencia a tu lado.




viernes, 29 de enero de 2016

Frase 54

- Cuando creen que estar un mes con alguien es poco tiempo, yo pienso que realmente no es corto el tiempo. De hecho, se puede hacer bastante y sentir otro montón en un mes. Ahora, imagínate un año, luego cinco, digamos diez. Es toda una vida, una persona te llega a conocer de los pies a la cabeza, desde el alma hasta el físico. 
Ahora realízate esta pregunta, ¿Y qué sucede cuando termina? Hay un vacío, naturalmente; pero, claro, siempre se vuelve a empezar. De repente es eso lo genial, que existen otras oportunidades para seguir amando y compartiendo.

jueves, 28 de enero de 2016

Día de playa

- Sandra me escribió por el MSN preguntando si iríamos a la playa al día siguiente (sábado) y le respondí que sí; pero que acompañados de mis hermanos y amigos. Aceptó de inmediato y propuso una hora. A las once y media te espero, respondí antes de despedirme, era de madrugada y debíamos de levantarnos temprano. ¡Sí, temprano! (Generalmente la hora de despertarse superaba el medio día).
Intercambiamos emoticonos de besos en señal de despedida y acordamos por última vez que estaría en la puerta de mi casa a la hora pactada. Además, añadió que debería de estar listo o se enojaría.
Solía molestarse con facilidad, por eso era mejor mantener el ambiente estable.
Resolví sintonizar el despertador en el celular (era una de sus principales funciones) y luego prepararme para dormir plácidamente.
Temprano, alrededor de las diez, me alisté. Bermuda playera, polo, lentes y sombrero. El bloqueador y bronceador lo llevaría ella.
Al no tener otra función incursioné en el MSN para chatear un rato mientras la esperaba. Por otro lado, mis hermanos se iban comunicando con el resto de amigos que irían.
Alrededor de las once y media Sandra apareció detrás mí, no sé que quien le había abierto la puerta; pero, pues, ella tenía confianza con todos en casa, seguramente cualquiera pudo haber sido. Me hizo la jugada que le enseñé, esa que trata acerca de hincar el hombro izquierdo y aparecer por el otro lado. Caí redondito.
Se veía espectacular, su figura, en dicho entonces, era muy sensual. Además, esa falda larga y el top le hacían ver hermosa; pero no se lo dije, no porque no haya querido, sino porque no estábamos y dicha salida sería como amigos. De repente por eso aceptó el ir también con amigos.
Di la vuelta y la saludé con entusiasmo; aunque anteriormente había practicado un saludo frío y cordial. Yo llevaba el cabello largo, ella se veía idéntica.
Antes de cualquier intercambio de palabras, aparte del saludo, apareció mi vieja, quien siempre la quiso como nuera y se abrazaron con mucha euforia.
Charlaron un par de cosas al tiempo que cerraba el MSN y pretendía apagar la computadora; pero Sandra dijo que no lo hiciera añadiendo al instante que sintonizara algo de música. Enseguida, siguió charlando con mi madre.
Al rato se aparecieron los demás, querían saludarla, tiempo que no la veían, digamos, algunos meses.
Sintonicé un latin de Dany Ubeda, muy conocido en ese entonces y el resto empezaron a tararear alistándose para el día playero.
En ese momento bajó Bruno, quien dijo que también iría mi viejo, la idea nos pareció fabulosa por el asunto que tendríamos quien nos lleve y lógicamente, regrese, porque es tedioso tener que ir en bus.
Mi vieja dijo que antes de partir debíamos de desayunar, por ello, rápidamente descendimos a la sala.
Diego junto a un amigo tocaron la puerta mientras devorábamos los panes con tamal, entraron y se acoplaron al agasajo. Para ese entonces mi viejo se andaba vistiendo, se encontraba entusiasmado con ir a la playa, de hecho, hace mucho que no la hacía por falta de tiempo.
Lo esperamos en los muebles de la sala conversando acerca de anécdotas pasadas.
Aquí me detengo para aclarar una curiosidad: Conversábamos sobre anécdotas pasadas. Escribo este texto como una vivencia antigua y pienso, ¿Qué habrán sido esas anécdotas pasadas? Vaya, como pasa el tiempo.
Cuando mi viejo bajó con la llave del auto y vestido de un modo muy simpático nos animamos todavía más.
Diego llevaba un cooler repleto de cervezas, a Sandra le emocionaba esa idea; aunque, según decía, no tomaba desde hace semanas.
Abrimos algunas latas dentro del auto mientras arribamos hacia una de esas playas del sur, en lo personal, no tengo preferencia por alguna; pero el resto se debatía por cual elegir.
Recuerdo que Sandra se encontraba a mi lado, por alguna razón o por causa y motivo de los otros, ella se hallaba en la ventana y yo a su derecha. Naturalmente conversábamos sobre alguna que otra cosa, situación pasada o vivencia presente del ambiente, no más.
Tomamos dos cervezas por cabeza hasta llegar a la playa El Silencio, la mayoría ganó la elección.
Lo primero que hicieron al llegar fue correr descalzos buscando la orilla. Se hizo gracioso verlos caer, quemarse y levantarse o el hecho de huir a velocidad hasta el agua por el simple hecho de no haber llevado sandalias.
Sandra resolvió echarse sobre la toalla, pidió que le colocara bronceador, lo hice gustoso y luego le dije que hiciera lo mismo conmigo; pero con el bloqueador. En ese momento se apareció mi viejo, quien llegaba tranquilo y sereno luego de comprar una botella de agua.
Nos obvió al vernos de esa manera y se acomodó a un lado para gozar del buen clima.
Ella se echó de nuevo sobre la toalla para dorar su piel mientras que fui a darme un chapuzón.
Al volver la vi echada con los lentes puestos y el sol haciendo que su piel brille, mi padre, al verme volver, resolvió meterse al mar.
No estaba seguro si andaba durmiendo o mirándome; pero no quise averiguarlo, por ello, simplemente me senté a un lado y cogí otra lata de cerveza.
Nadie salía del mar, lo disfrutaban, los veía saltar, reír, nadar y hacer cierta chacota. Quise acompañarlos de nuevo; pero me detuvo su mano atrapándome la muñeca.
Me puse nervioso, lo admito. Meses que no sentía el tacto de su mano, debo decir que me gustó; pero cuando preguntó, ¿Me pasas una cerveza? Se fue el pensamiento optimista que tuve.
Rápidamente se la di, nuevamente preguntó, ¿La abres? Y pues, tuve que hacerlo.
Todavía no me acostumbraba a no ser atento con ella, tal vez porque todavía la quería.
El tiempo fue pasando y fui entendiendo que ella nunca se metería al agua porque únicamente se mantendría en estado de relajación sobre la arena y bajo el sol. Yo no iba a mantenerme de ese modo, por ello, volví al mar y justo cuando lo hice todos retomaron. Poco importaba, siempre tuve personalidad, por eso, estuve solo contra las olas. A pesar de no andar acompañado me divertí, necesitaba mojarme, tanto sol me estaba horneando.
Lo hice por largo tiempo. Las olas y la brisa me encantaron, además, algunas muchachas me estuvieron mirando; pero, de seguro, si volviera con Sandra, ellas ya no serían mis amigas.
Ella siempre fue muy celosa; aunque, de repente faltó hablarlo mejor y actuar en un sentido maduro. ¿Qué podríamos hacer que no fuera inmaduro? Sandrita tenía dieciocho años y yo me acercaba a los veinte. A esa edad no piensas tanto en cómo actuar, solo vives y aprendes.
Rato después volví adonde se encontraban todos acoplándome a la charla. Sandra se hallaba dormida, de lo contrario, hubiera acotado algunas sugerencias. Pues, al cabo de unos minutos, vi que movió la cabeza como quien se limpia la arena y de repente, muy fiel a su carácter, dijo con autoridad: ¿Por qué me tiras arena? Sonreí y respondí con humor, yo no te he tirado nada, loca. Todos empezaron a reír, a excepción de mi padre que leía el periódico.
Sandra se levantó para encararme, pues, no le gusta que se burlen de ella y yo, cobijado en el humor, retrocedí y añadí, ya, tranquila, no te achores que nadie te ha tirado nada. Volvió a su lugar y se sentó.
Siempre fue resentida, la conocía de pies a cabeza, sabía que tenía el rostro de niña resentida que espera que se acerquen y acaricien, actuar de un modo despectivo a pesar de querer y anhelar los besos y abrazos; pero, no lo hice y atiné a seguir hablando con los otros.
Imaginé que en su mente existía la idea que ya no nos encontrábamos juntos como pareja y que por ello yo actuaba de un modo distante; pero a la vez, estaba seguro que deseaba que fuéramos a abrazarnos y besarnos. Estaba seguro que todavía me quería.
El hecho de ir a la playa salió de repente, habíamos hablado y acordado semanas antes en ir; pero no logramos concretar y luego, acordamos esa vez y el repetirlo hizo que sentenciáramos la salida. Claro, ambos sabíamos que saldríamos como amigos o como bien lo dijimos, como patas.
Más tarde, cuando se terminaron las cervezas y disfrutamos del mar, almorzamos y volvimos a meternos al agua, resolvimos regresar, eran alrededor de las seis de la tarde y todos nos hallábamos exhaustos.
Subimos al auto de la misma forma; pero ya nadie conversaba, a lo mucho, se oían bostezos.
Sandra estaba muy cansada, cerraba los ojos y los abría; de pronto, no pudo contener ese ejercicio y al cerrar los ojos se apoyó en mi hombro. No quise moverme para que se quedara ahí. Me gustaba tenerla cerca.
También cerré los ojos porque el sueño ganaba; pero cuando los abría la miraba de reojo, dormida y oliendo a agua de mar. Llevaba la piel tostada y la pulsera que le di en su muñeca izquierda. Detalle que me sorprendió para bien, incluso, ocasionando mi sonrisa.
Instantes después y quizá, por instinto, coloqué mi mano sobre la suya temiendo que despertara y se asustara o zafara; pero no lo hizo, siguió dormida.
Hubo un momento de silencio en el que todos se hallaron dormidos, incluso, mi viejo resolvió bajar el volumen de la música. Sandra y yo nos mantuvimos del mismo modo, cualquiera creería que aún seguimos juntos; pero no era así desde hace un par de meses.
Abrió los ojos de pronto, en ese instante, hice lo mismo; pero no nos miramos fijamente porque nos enfocamos en nuestras manos juntas. De hecho, soltamos una breve risa y enseguida, como arte de magia, nos besamos.
Retomamos la relación en ese momento, claro que no lo sabíamos hasta conversarlo horas después y pues, como vuelcos de la vida, otra vez fuimos el uno para el otro.


Fin