—No
es que no puedas, Ana, es que no quieres; y yo te entiendo, a pesar que me
resulte, lamento el termino, un asunto irrisorio— le dije con la mirada en la
suya.
—Es
una reunión importante…
—Si
lo fuera, me habrías avisado desde antes.
Mantuvimos
las miradas pegadas.
—
¿En serio no te gustaría acompañarme? Podría presentarte a mi gente— alegó un
ideal.
—Yo
podría ir; mañana tengo libre, pero el tema irradia en que es nuestro día, ¿si
puedes entenderlo, verdad? — Lejos de ser irónico, quise ser explicativo.
—Sí,
pero, esta reunión es importante— siguió con el mismo argumento.
—
¿En qué sentido?, ¿es el cumpleaños de alguien? — Quise conocer.
—No
específicamente; pero irán todos mis amigos—.
Mi
mirada se puso fría.
—Anda,
Ana. Yo no te lo impido, solo te comento que no nos vemos durante la semana y
tenemos este día como uno especial— le dije mi verdad.
—Pero,
es porque tú no puedes—.
—Trabajo
y estudio, Ana— dije sereno.
Ella
mantuvo su vista en mí.
—Alguien
debe pagar las cuentas, el internet, las tarjetas, etc. No tengo un arbolito de
dinero en el jardín de mi casa— fui explicito por el pulso en su mirada observándome
en silencio.
—Entiendo,
entiendo; pero yo, los fines de semana, suelo salir con mis amistades— dijo su
verdad.
Me
puse la mano en el pecho y respondí: Y yo nunca te he dicho que no lo hagas;
sencillamente, hoy, en esta ocasión, siendo la celebración del mes seis, te
pido para hacer algo entre los dos.
Aunque…
Ella
siguió mirándome.
Ya
no tengo las mismas ganas que antes.
—Es
que no quieres ir a la fiesta— refutó.
—No
es eso, Ana; es como te digo, no nos vemos seguido, y esta es una ocasión especial.
O, lo era, quizá— me fui desanimando.
—Vamos
a la fiesta y te prometo que la pasaremos estupendo— sonrió.
—No
se trata de lo que quieras, Ana, sino de estar juntos en la intimidad—.
—Luego
podemos ir a un sitio a acostarnos un rato— mantuvo la sonrisa.
—
¿Es eso lo que entiendes? Yo me refiero a la conexión. Las miradas. La charla
profunda. El momento de sentirnos en unión— sentí que fue innecesario
explicarme tanto.
—Ah…
pero podemos estar viéndonos y cogidos de la mano en la fiesta; y también
bailar, y tomar, creo que lo necesitas— mantuvo la sonrisa.
Sonreí,
efectivamente.
—Creo
que estamos en diferente sintonía. Para ser honesto, Ana, no me interesa ir a
una fiesta con gente desconocida y tener que someterme a un ambiente donde no
estoy cómodo cuando puedo tener un rato con mi pareja en un día especial, que,
me doy cuenta, es solo especial para mí— me apené.
—No
exageres. Actúas de una manera que intentas manipularme— acuñó.
—No.
Y me doy cuenta que, en definitiva, no estamos para compenetrarnos— fui
sincero.
—
¿Qué pretendes decir? — Quiso saber.
—Que…
es mejor darnos un tiempo, porque yo todavía tengo muchas cosas que hacer, y tú
vas en una dirección contraria, que entiendo, obvio; pero no puedo con tu
estilo de vida—.
—O
sea, ¿Por qué estudias y trabajas ya pretendes ser mejor que yo? — Se enfadó de
repente.
Sonreí.
—No,
Ana, no soy esa clase de tontos. Simplemente, hago mi vida de una manera
coherente y hoy, sábado, que puedo estar contigo, me dices que irás a una
fiesta, y no es la primera vez— dije otra verdad.
—Es
que tú no puedes el martes, tampoco el jueves…
—Porque
estoy haciendo cosas productivas. No ando fumando hierba o tambaleándome de
borracho los días de semana— solté una noción realista.
—Por
eso mismo, mereces un relajo. Distraerte en una fiesta, bailar un poco…
—Claro,
lo entiendo— dije con la mano en el pecho. Pero… ¿acaso no habrán mas fiestas? Tengo
veinte y cinco años, voy a tener mil fiestas; pero por ahora quiero enfocarme
en lo importante—.
—
¿Qué me quieres decir?, ¿Qué me dedico solo a pasar el rato y no tengo planes a
futuro? — Se ofendió.
—No,
Ana, no soy tu padre ni tu conciencia; cada quien hace lo que quiere; mi punto
es que hoy, que cumplimos meses, debemos estar juntos, en lugar de estar
rodeado de otras personas. Es todo—.
Además,
ya saliste el jueves, o el miércoles, ¿acaso te vas a morir porque no vas a una
fiesta?
Me
salió, tal vez, de más, ese último argumento.
—
¿No que no eras mi padre? —
—Te
lo digo de corazón—.
—Entonces,
¿Qué quieres hacer?, ¿Ir a esos aburridos museos o ver una de esas películas dramáticas
en el cultural de la universidad? —
Achiné
mi mirada.
Y
sonreí.
Hubo
una pausa.
Ella
tenía los brazos entrelazados y una rara actitud de enojo.
—Lo
mejor será que terminemos—.
—Ah,
eso quieres, seguro te aventuras con otra—.
—
¿Ah? —
—Claro,
¿acaso crees que soy tonta? —
—Nunca
lo he creído; es solo que no actúas acorde a tu potencial…
—No,
no, no; no eres mi psicólogo—.
Me
juzgas porque voy a fiestas, fumo y bebo, y te crees el mejor porque vas a
museos, lees, estudias y trabajas. ¿Acaso eres mejor que mis amigos?
—Ana,
¿te estás escuchando? —
—Sí,
y lo digo en serio—.
—Pues,
deberías digerir lo que piensas antes de decirlo— sugerí.
—Iré
a esa fiesta, contigo o sin ti, y la voy a pasar bien— argumentó.
—Eres
libre, Ana— abrí los brazos tan extensos como pude.
Ella,
simplemente, me dio la espalda y se fue.
De
regreso a casa tras esa fallida salida por el aniversario comencé a reflexionar
sobre los hechos que podía rescatar, de los cuales, para la risa, pensé: Bueno,
al menos ahorré algunos soles.
Ella,
a la mañana siguiente de domingo, me escribió: ¿Podemos vernos?
Y
yo que había meditado los pros y contras de relación, más mí entonces situación
de vida, con un conato de problemas que nunca tenían solución, resolví ser
claro en una llamada: No, Ana. No podemos vernos y tampoco seguir juntos. Dejémoslos
aquí.
Ella,
-no sé si desesperada o ansiosa- respondió: Pero, ¿Por qué? Vamos a festejar
hoy los meses. Quiero verte, que te extraño…
No
era Ana, los meses o el salir a alguna parte en intimidad, era ser una
prioridad.
Fin